Argentina avanza un paso decisivo en su estrategia de transformar los recursos gasíferos de Vaca Muerta en divisas y oportunidades de desarrollo.
Redacción GlobalPorts
Southern Energy confirmó la llegada del buque MKII, una unidad flotante de licuefacción de gas natural que operará en el Golfo San Matías, provincia de Río Negro, y que marcará un antes y un después en la capacidad exportadora del país.
El MKII no será un barco cualquiera: con 392 metros de eslora y 61 metros de manga, se convertirá en la estructura industrial de mayor escala que haya operado en aguas argentinas. Diseñado con dos trenes de licuefacción, podrá producir unas 3,5 millones de toneladas anuales de gas natural licuado (GNL), almacenarlas en tanques de 148.000 metros cúbicos y cargarlas en buques metaneros de hasta 180.000 metros cúbicos.
Su arribo está previsto para mediados de 2028, poco después de que comience a operar la primera unidad flotante del consorcio, el Hilli Episeyo.
El salto de escala en la cadena energética
Con la operación conjunta de ambos buques, Argentina superará los 5,9 millones de toneladas anuales de GNL, consolidándose como un jugador emergente en el mercado global. Este volumen permitirá diversificar exportaciones, reducir la estacionalidad de la producción gasífera y sumar valor agregado al gas de Vaca Muerta, que hasta ahora se destina principalmente al consumo interno y al transporte por gasoductos.
El impacto económico proyectado es contundente: se calcula que hasta 2035 podrían ingresarse alrededor de 20.000 millones de dólares en divisas. Además, la inversión asociada al proyecto, cercana a los 15.000 millones de dólares en un horizonte de dos décadas, dinamizará la economía regional y nacional. La creación de empleo directo e indirecto rondará los 1.900 puestos, especialmente en construcción, montaje, operación y servicios conexos.
El Golfo San Matías será la base de operaciones de esta transformación. Desde San Antonio Este y Las Grutas se articularán las instalaciones de apoyo en tierra y el punto de enlace con los gasoductos que abastecerán al MKII. La ubicación, a unos 4,5 kilómetros de la costa, busca minimizar el impacto visual y facilitar el fondeo seguro del buque.
La provincia de Río Negro se convertirá así en un nodo estratégico: no solo recibirá las inversiones y el empleo, sino que quedará posicionada como puerta de salida de la energía argentina hacia los principales mercados internacionales.
El proyecto plantea enormes oportunidades, pero también desafíos. La construcción de la infraestructura de conexión, la logística de provisión y el cumplimiento de estándares ambientales y de seguridad son condiciones clave para su éxito.
En las audiencias públicas realizadas, la mayoría de los participantes manifestó apoyo al proyecto, destacando el desarrollo económico y la proyección internacional que implica. Sin embargo, también se plantearon preocupaciones sobre posibles impactos en la fauna marina, las emisiones de metano y la preservación del ecosistema costero. Southern Energy deberá garantizar medidas de mitigación y monitoreo constante para consolidar la licencia social que le permita avanzar sin obstáculos.
Un proyecto de alcance internacional
El buque MKII, actualmente en construcción en China con fecha de entrega en diciembre de 2027, representa una apuesta de alcance global. No solo se trata de exportar gas, sino de instalar a Argentina en el mapa de proveedores confiables de GNL, en un contexto en el que la transición energética convive con la creciente demanda de gas como recurso puente hacia una matriz más limpia.
Mientras el mundo redefine sus estrategias de abastecimiento, la decisión de Argentina de avanzar con infraestructura de licuefacción flotante le otorga flexibilidad, rapidez de implementación y menor dependencia de obras costosas en tierra. Al mismo tiempo, abre la puerta a futuras expansiones y a consolidar la posición de Vaca Muerta como epicentro energético de Sudamérica.
El MKII simboliza un salto tecnológico, económico y geopolítico. Será la herramienta que permita al país transformar su abundancia de gas en divisas, empleo y proyección internacional. Si logra conjugar el desarrollo industrial con una gestión ambiental responsable, Argentina estará en condiciones de aprovechar una ventana histórica: convertirse en un actor clave de la seguridad energética global en la próxima década.






