La clasificación de sus buques construidos en China generó un inesperado conflicto regulatorio

Redacción GlobalPorts

Atlantic Container Line (ACL), integrante del grupo italiano Grimaldi, enfrenta una factura potencial de 34 millones de dólares anuales impuesta por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), tras la reclasificación de cinco de sus buques tipo ConRo —de transporte combinado de contenedores y carga rodante— construidos en China.

Los barcos, con una capacidad de 3.807 TEU, fueron entregados entre 2015 y 2017 por el astillero Hudong Zhonghua Shipyard. Operan actualmente en un servicio semanal con escalas en Hamburgo, Amberes, Liverpool, Halifax, Newark, Baltimore y Norfolk, entre otros puertos del Atlántico Norte.

El conflicto surge a raíz de una decisión administrativa de la USTR, que los clasificó como transportadores de vehículos (Ro-Ro) en lugar de portacontenedores, lo que implica el cobro de tarifas basadas en su tonelaje neto y no en su capacidad de contenedores. Aunque los buques de menos de 4.000 TEU estaban originalmente exentos de las tarifas a embarcaciones construidas en China, la reclasificación los dejó fuera de la exención.

El programa de tarifas comenzó a aplicarse el 14 de octubre de 2025 y, en su primera escala en Estados Unidos, ACL debió pagar 1,4 millones de dólares. Dado que la compañía opera cinco buques similares que realizan hasta cinco escalas anuales cada uno, el costo acumulado podría alcanzar 34 millones de dólares por año.

“Una omisión burocrática”

El CEO de ACL, Andrew Abbott, cuestionó la interpretación aplicada por las autoridades norteamericanas y señaló que sus barcos transportan un 80 % de carga en contenedoresun 10 % de carga ro-ro y un 10 % de carga sobredimensionada para proyectos, de la cual solo el 1 % corresponde a automóviles de pasajeros.

“Estamos siendo afectados por una omisión burocrática. Nuestros buques deberían clasificarse según el tipo de carga que transportamos mayoritariamente: contenedores. Siempre hemos sido considerados una naviera portacontenedores”,declaró Abbott.

Sin embargo, la USTR sostiene que la Clasificación Internacional de Buques por Tipo (ICST) se basa en las características estructurales del buque, y no en el tipo de carga que transporta en un momento determinado. En este caso, las grandes cubiertas internas diseñadas para carga rodada fueron determinantes para su categorización como Ro-Ro.

Impacto operativo y comercial

El caso abre un debate mayor sobre la forma en que Estados Unidos aplica sus tarifas a embarcaciones construidas en China, en un contexto de crecientes tensiones comerciales y proteccionismo industrial.

Abbott advirtió que, si las tarifas se mantienen, ACL podría verse obligada a reubicar parte de sus operaciones fuera de los puertos estadounidenses, lo que afectaría directamente a los importadores y exportadores que dependen de sus servicios. “Sería el fin de una historia muy larga para una empresa que ofrece un servicio único en la ruta comercial del Atlántico”, señaló.

El impacto económico no solo alcanzaría a la compañía, sino también a los puertos estadounidenses que dependen del tráfico de contenedores mixtos y a los usuarios logísticos que podrían ver aumentos en los costos de flete o desvíos de servicios hacia otros puertos fuera de Estados Unidos.

Consecuencias para América Latina

Aunque la medida afecta directamente al tráfico transatlántico entre América del Norte y Europa, sus consecuencias pueden extenderse al comercio internacional de América Latina. Si ACL modifica sus itinerarios o reduce sus escalas en Estados Unidos, podrían verse alteradas las conexiones indirectas que enlazan Sudamérica con los puertos del norte atlántico, donde se concentran los principales nodos de transbordo.

Para los exportadores de la región, este tipo de medidas incrementa la incertidumbre y los costos en una cadena logística que ya enfrenta desafíos por la congestión portuaria, las regulaciones medioambientales y las tarifas impuestas a buques construidos en astilleros asiáticos.

Una señal de alerta

El caso de Atlantic Container Line se convierte en un símbolo de cómo una interpretación regulatoria puede alterar el equilibrio de una ruta marítima clave. En el contexto actual, donde los países refuerzan sus políticas de defensa industrial, las empresas navieras que operan flotas construidas en China deberán prepararse para una mayor exposición a este tipo de medidas tarifarias y clasificatorias.

Para la comunidad portuaria y logística argentina, el episodio refuerza la importancia de seguir de cerca la evolución de las políticas comerciales y aduaneras de las grandes potencias, ya que sus efectos pueden repercutir en los flujos globales de carga y en la competitividad del comercio exterior regional.

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