Domingo Contessi alertó sobre la crítica situación que atraviesa la industria pesquera y naval: caída de los precios internacionales, atraso cambiario, costos laborales desbordados, caída de la demanda y un Estado ausente.

Diego Bercholc, GlobalPorts

En una entrevista concedida a Maxi Montenegro en Ahora Play, Domingo Contessi, titular del Astillero Naval Federico Contessi, puso en palabras una de las descripciones más duras y claras del presente del sector pesquero y naval argentino. “Hoy tenemos un problema de competitividad y nos hemos quedado sin clientes”, sentenció, sintetizando en una frase la combinación explosiva de factores que, según advirtió, está llevando a la parálisis de algunas de las industrias más estratégicas del país.

Contessi describió el escenario del sector pesquero, donde el aumento de costos en dólares restó competitividad a la actividad y se sumó a la caída de los precios internacionales, generando un combo explisivo: “El dólar no acompañó la suba de costos. Y dentro de esos costos el más gravitante es el salarial: el sector tiene salarios muy por encima de la media”, explicó. Esto, aseguró, afecta de lleno la rentabilidad: “Si hoy decide salir un fresquero, factura 70 millones de pesos y tiene de costo 90 millones”. “Históricamente de un barquito mediano el 35% eran salarios, hoy 60%. Es una actividad de riesgo y nuestro sector tiene salarios muy elevados que hoy no se pueden pagar”, detalló.

En cuanto al contexto global, el empresario destacó que la Argentina sigue teniendo un caladero lleno de recursos naturales valiosos, como el langostino salvaje. Sin embargo, la sobreoferta derivada del crecimiento de la acuicultura, especialmente en Ecuador, India y China, desplomó los precios internacionales: “El precio supo estar a USD 15 y ahora no podemos venderlo a USD 5,5”, lamentó. La falta de previsibilidad y competitividad frente a estos compeditores es, para Contessi, un obstáculo que requiere respuestas estructurales urgentes.

La combinación de salarios desfasados, aumento de costos en dólares de insumos como el combustible, el cartón, el polietileno o el hielo, y una presión fiscal inadecuada para un sector netamente exportador está generando un efecto dominó, en el cual hasta incluso la industria langostinera, que debería ser la más rentable, también está parada.

En efecto, la situación es tan crítica que, según relató, la temporada de la flota tangonera congeladora debía haber comenzado hace dos semanas y está totalmente paralizada. Mientras tanto, el resto del sector, merlucero y costero, trabaja a pérdida: “Todos los días alguien entra en quiebra o procedimiento preventivo de crisis”, señaló. Hecho que también impacta directamente en astilleros proveedores de la pesca y en la cadena de la industria naval: “Todo lo que era renovación de la flota pesquera desapareció, ninguno puede pagar”.

Para Contessi, no obstante, de esta situación no se sale mediante una nueva devaluación del tipo de cambio: “En los años 90 había atraso cambiario pero la pesca sobrevivió porque había reembolsos, reintegros, no había impuestos distorsivos como el impuesto al cheque. Hoy es ridículo estar pagando retenciones y mayores derechos únicos de extracción para exportar con este tipo de cambio. Eso es parte del desconocimiento de los funcionarios pero también es culpa nuestra como sector por no haber explicado estas cosas”, sostuvo.

El impacto económico de la crisis de la pesca trasciende a las empresas: el sector emplea de forma directa a 46 mil personas y es el corazón productivo de ciudades como Mar del Plata ―que concentra el 50% de las descargas del país―, Puerto Deseado, Comodoro Rivadavia, Puerto Madryn y Rawson. Por su parte, la industria naval, más pequeña en términos de empleo directo (unos 6 mil puestos), tiene, según Contessi,un poder de multiplicación económica muy grande”, por lo que se la suele llamar “madre de industrias”. Ese motor hoy está detenido: “Toda la cadena de valor de la naval está parada. Yo tenía una lista de 15 clientes y hoy está todo parado. Cuando termine estos 4 barcos no sé qué voy a hacer con el astillero”, afirmó el empresario.

En resumen, los principales planteos de Domingo Contessi se centraron en:

  • Pérdida de competitividad por atraso cambiario y aumento de costos en dólares, especialmente el salarial.
  • Crisis de demanda: flotas paradas, proyectos cancelados, astilleros sin encargos.
  • Impuestos distorsivos: retenciones, derechos de extracción e impuestos locales que asfixian a un sector exportador.
  • Competencia internacional desigual por la expansión de la acuicultura en ciertos países, que presionan sobre el precio internacional.
  • Impacto regional: riesgo para decenas de miles de empleos directos e indirectos en la Patagonia y Mar del Plata.

La advertencia de Contessi no es sólo un reclamo sectorial. Es, en el fondo, una alarma sobre la sostenibilidad de una actividad productiva exportadora y de las que debería ser competitiva, además de que resulta clave para el país, tanto en términos económicos como sociales. La falta de medidas urgentes que alivien al sector conlleva el riesgo de agravar la situación de cierre de empresas y pérdida de empleo, así como el riesgo de desarticular una cadena de valor histórica y estratégica para el país, que genera valor agregado, innovación, desarrollo regional y empleo para miles de familias argentinas.

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