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Rosario puso en marcha un operativo inédito para ordenar la navegación recreativa en el río Paraná. Con la temporada alta a la vista y un tránsito que crece año a año, la Municipalidad, la Prefectura Naval Argentina y los clubes náuticos de la región acordaron implementar controles sistemáticos de alcoholemia y narcolemia en muelles, guarderías y zonas de embarque, un esquema que los actores locales califican como “histórico” por su alcance y coordinación institucional.
El movimiento responde a un diagnóstico compartido: la circulación náutica en Rosario se multiplicó, especialmente durante fines de semana largos y jornadas festivas, generando puntos de congestión en la costa y en el corredor hacia las islas entrerrianas.
La Prefectura local tiene registradas más de 16.200 embarcaciones a motor solo en esta jurisdicción, una cifra que explica la necesidad de nuevas capas de control para reducir riesgos.
Un operativo en tierra para ordenar lo que ocurre en el agua
Los controles se realizarán en tierra, en los muelles de salida y llegada de clubes y guarderías. Allí actuarán equipos municipales con alcoholímetros y alómetros, junto a personal de la Prefectura Naval, Protección Civil y las instituciones náuticas. El municipio aporta la tecnología homologada; la Prefectura define los protocolos y aplica el régimen sancionatorio.
La decisión de concentrar la verificación en tierra no es casual: hoy Prefectura no dispone de alcoholímetros homologados para uso en embarcaciones, por lo que el esquema se apoya en la infraestructura local sin alterar la operatoria habitual del río. Las pruebas serán sorpresivas, rotativas y orientadas a los momentos de mayor flujo recreativo.
Seguridad náutica y brecha normativa
En tierra, Rosario aplica desde hace años la política de alcohol cero al volante. En el agua, en cambio, rigen los límites establecidos por Prefectura para la náutica deportiva: 0,5 g/l para embarcaciones a motor y 0,2 g/l para motos de agua y vehículos personales. La diferencia genera un debate creciente sobre la coherencia del sistema regulatorio, especialmente en un corredor donde conviven lanchas rápidas, kayaks, pescadores, botes de trabajo y bañistas.
También hay un punto clave: la negativa a realizar el test se presume consumo según la normativa vigente, por lo que la colaboración del conductor es obligatoria. Las sanciones incluyen multas que pueden superar los 4,4 millones de pesos, la retención de la embarcación y la inhabilitación temporal o definitiva de la licencia habilitante.
El caso que encendió las alarmas
La decisión de activar el operativo se aceleró tras un siniestro ocurrido en octubre, cuando dos embarcaciones colisionaron frente a la guardería Puerto del Sol. Un niño de 10 años sufrió lesiones graves y el conductor responsable registró 1,33 g/l de alcohol en sangre. El episodio derivó en imputaciones penales e inhabilitación, y dejó al descubierto la necesidad de controles preventivos más robustos en la navegación recreativa.
Para los actores del sistema náutico rosarino, el nuevo operativo no solo busca sancionar, sino ordenar un espacio que se volvió altamente dinámico y exigente, donde la profesionalización de los timoneles y la gestión del riesgo empiezan a ocupar un lugar central.
Una agenda que se proyecta más allá de Rosario
El esquema podría replicarse en otras localidades ribereñas del Paraná, desde Granadero Baigorria hasta puertos deportivos del sur santafesino y del norte bonaerense. Los clubes náuticos, que participaron activamente del diseño de la estrategia, esperan que el modelo se consolide para reducir siniestros y elevar los estándares de convivencia en el río.
Con este operativo, Rosario ensaya una nueva forma de gobernanza para la navegación recreativa: un trabajo conjunto entre autoridad marítima, gobierno local y sector náutico, que combina control, prevención y cuidado del ambiente. Una señal de época en uno de los corredores fluviales más transitados del país.






