La reciente misión oficial de Uruguay a China dejó en evidencia un tema de fondo: los costos logísticos en Uruguay, las tasas portuarias y el atraso cambiario comienzan a preocupar al sector productivo, que advierte sobre el impacto directo en la competitividad exportadora y en la inserción internacional del país.
Por Violeta García
GlobalPorts
Cuando la competitividad se mide en infraestructura y eficiencia
Más que los acuerdos comerciales firmados durante la misión oficial a China, lo que comenzó a emerger con fuerza en Uruguay fue una preocupación estructural: el peso creciente de los costos logísticos en Uruguay y su impacto en la competitividad exportadora.
El presidente de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), Rafael Ferber, en declaraciones a la prensa local, realizó un balance prudente del viaje y destacó que se cumplieron los objetivos previstos en materia de habilitaciones comerciales, con avances en el ingreso de productos avícolas, genética animal y exportación de caballos deportivos. Sin embargo, más allá de los resultados puntuales, el contacto directo con la realidad china dejó una impresión más profunda.
Ferber subrayó el nivel de organización, planificación e infraestructura del país asiático, destacando el desarrollo urbano, ferroviario y portuario observado durante la recorrida por Beijing y Shanghái. En particular, mencionó el impacto generado por el grado de automatización y eficiencia operativa del Puerto de Shanghái, uno de los principales nodos logísticos del comercio global.
Esa comparación, implícita pero inevitable, dejó en evidencia la magnitud de la brecha estructural entre los grandes centros logísticos del mundo y las economías exportadoras del Cono Sur.

Cuando el agro empieza a hablar de logística
Uno de los aspectos más significativos del balance realizado por la dirigencia rural uruguaya fue el creciente énfasis en factores que exceden la producción primaria. Más allá de los mercados y los precios internacionales, el foco comenzó a desplazarse hacia los costos internos que afectan el proceso exportador.
En ese contexto, Ferber señaló la necesidad de revisar tasas portuarias, simplificar registros y reducir trámites administrativos que encarecen la actividad productiva. Según expresó, existen numerosas “micro decisiones” que, sumadas, configuran un Estado pesado e ineficiente que termina impactando en la estructura de costos del sector exportador.
Esta mirada resulta particularmente relevante porque revela un cambio de diagnóstico: la competitividad ya no se discute únicamente en términos productivos, sino también logísticos y administrativos.
Costos logísticos en Uruguay y atraso cambiario: una ecuación cada vez más exigente
El dirigente rural puso especial énfasis en el deterioro de la competitividad derivado del atraso cambiario. A modo de ejemplo, explicó que una empresa que en enero de 2025 necesitaba cambiar 10.000 dólares para cubrir salarios y tarifas obtenía cerca de 430.000 pesos. Un año después, con un dólar más bajo y costos internos más altos, el mismo nivel de gastos requiere aproximadamente 12.000 dólares.
Este fenómeno se replica en distintos sectores productivos. Desde la compra de maquinaria hasta los servicios logísticos asociados a la exportación, los costos en dólares han aumentado de forma sostenida, afectando la rentabilidad y la capacidad de competir en mercados internacionales.
El impacto no es homogéneo. Mientras la ganadería de carne atraviesa un momento favorable por los precios internacionales, otras actividades como la agricultura enfrentan márgenes cada vez más ajustados, con valores internacionales moderados y mayores exigencias de rendimiento.
Tasas portuarias, trámites y costos del Estado: el nuevo debate sobre competitividad
La preocupación por los costos logísticos en Uruguay no se limita al tipo de cambio. Desde el sector agroexportador comienzan a identificarse con mayor claridad los efectos de las tasas portuarias, la carga administrativa y los costos estructurales del Estado sobre la competitividad exportadora.
Ferber planteó que la acumulación de regulaciones, registros y procesos administrativos termina generando sobrecostos que impactan directamente en la capacidad de colocar productos en el exterior. En su visión, el problema es estructural y se vincula con un modelo de gasto público que presiona sobre el tipo de cambio y los costos internos.
Este diagnóstico conecta con una discusión más amplia en la región: en un escenario global cada vez más competitivo, la eficiencia logística y la previsibilidad operativa comienzan a ser tan determinantes como la capacidad productiva.
China seguirá demandando alimentos, pero el desafío es llegar con competitividad
Más allá de las tensiones geopolíticas y del delicado equilibrio que implica mantener vínculos comerciales con China y otras potencias, desde la ARU consideran que el gigante asiático seguirá siendo un mercado clave para los alimentos uruguayos.
“Podemos esperar que China nos compre todo lo que tenemos. Después el precio será otra cosa, pero claramente lo que Uruguay produce, China lo precisa”, sostuvo Ferber, al referirse a la demanda sostenida de carne, granos y otros productos agroindustriales.
Sin embargo, el verdadero desafío no radica únicamente en producir, sino en sostener condiciones competitivas para exportar. La evolución de los costos logísticos en Uruguay, las tasas portuarias y el peso de la estructura estatal comienzan a ocupar un lugar central en ese debate.
Una delegación amplia que expone la centralidad del comercio exterior
La misión oficial encabezada por el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, tuvo un marcado perfil económico y productivo. Junto a las autoridades viajó una nutrida delegación de empresarios, cámaras y organizaciones vinculadas a los sectores agroindustrial, logístico, tecnológico, comercial e institucional, con el objetivo de ampliar la presencia uruguaya en el mercado asiático y consolidar el vínculo con su principal socio comercial.
El núcleo más fuerte estuvo vinculado a la cadena cárnica, con la participación de frigoríficos exportadores, cámaras sectoriales y organismos de promoción como el Instituto Nacional de Carnes (INAC), junto a las principales gremiales del agro, entre ellas la Asociación Rural del Uruguay y la Federación Rural. También formaron parte actores relevantes de la lechería, la industria alimentaria, la lana y la biotecnología aplicada a la producción.
En paralelo, la misión contó con una presencia destacada del sector logístico y portuario, con operadores vinculados al transporte, la infraestructura y los servicios asociados al comercio exterior. Este componente refleja el peso creciente de la logística como factor estratégico para sostener el posicionamiento exportador del país, especialmente en su relación con Asia.
A su vez, participaron empresas tecnológicas, firmas de comercio exterior, cámaras empresariales e instituciones vinculadas a la innovación y la economía digital, lo que evidenció la intención de ampliar el alcance del vínculo bilateral más allá de los sectores tradicionales.
En ese contexto, desde la Cámara de la Economía Digital del Uruguay señalaron que, si bien la misión fue relevante para fortalecer la relación con China, todavía persiste un desafío estructural: la economía digital, el comercio electrónico, los pagos digitales y la logística digital no ocupan aún un lugar central dentro de la agenda bilateral, pese a su creciente impacto en la competitividad global.
La observación introduce un elemento adicional en el debate sobre el futuro de la inserción internacional uruguaya. A la tradicional fortaleza en alimentos y recursos naturales se suma ahora la necesidad de integrar capacidades tecnológicas y logísticas avanzadas, que permitan sostener la competitividad en un comercio global cada vez más digitalizado y exigente en términos de eficiencia.
Una señal que trasciende al agro
El planteo del sector rural refleja una tendencia más amplia: la competitividad exportadora se define cada vez más en el terreno logístico, administrativo y macroeconómico.
La comparación con el modelo chino, basada en infraestructura moderna, planificación de largo plazo y eficiencia operativa, funciona como un punto de referencia que pone en evidencia las limitaciones estructurales de las economías del Cono Sur.
En ese contexto, el mensaje que deja la misión oficial es claro: la demanda internacional existe y seguirá creciendo, pero la capacidad de los países para aprovecharla dependerá de su eficiencia logística, de la reducción de costos internos y de la modernización de sus sistemas portuarios y administrativos.
China seguirá comprando alimentos. La verdadera discusión, hacia adelante, será qué países podrán exportarlos con costos competitivos, procesos ágiles y estructuras logísticas capaces de sostener esa inserción en el largo plazo.








