La pesca argentina, uno de los motores estratégicos de la economía nacional, enfrenta una crisis sin precedentes: 113 buques congeladores de langostino permanecen amarrados en los puertos del país, sin salir a pescar, sin generar divisas y poniendo en riesgo miles de puestos de trabajo.
Redacción GlobalPorts//
El diputado bonaerense Gustavo Pulti alertó públicamente sobre la gravedad de la situación, señalando que se trata de una crisis industrial y laboral evitable. “Hoy la rentabilidad del sector es negativa. El país podría perder 600 millones de dólares por año. Esto es comparable con el colapso productivo que generó ‘la tablita’ de Martínez de Hoz”, advirtió.
Pulti, explicó que los factores que llevaron a este escenario son múltiples: la caída del precio internacional del langostino, el aumento de los costos internos (combustibles, energía, frío, logística, fletes), los altos impuestos y retenciones, y un tipo de cambio subvaluado que golpea especialmente a una actividad netamente exportadora.
Pero para el diputado, lo más grave es que esta crisis no es inevitable, sino resultado de decisiones políticas. “El gobierno nacional debe actuar ya. Hay que eliminar las retenciones a la exportación, reducir impuestos nacionales a materias primas e insumos productivos, y establecer condiciones que hagan viable la actividad, como lo hacen países que nos compran, pero también nos compiten”, reclamó.
La paralización de la flota comenzó en marzo, ante la falta de acuerdo entre las cámaras empresarias y los gremios marítimos para revisar un convenio colectivo vigente desde 2005. Mientras los empresarios argumentan que la actividad se volvió inviable y piden una reducción del 30% en los pagos por producción, los gremios rechazan cualquier rebaja salarial en medio de la crisis inflacionaria.
El impacto económico y social es enorme: la pesca de langostino representa más del 50% de las exportaciones pesqueras argentinas y sostiene una cadena de valor que abarca a localidades como Mar del Plata, Puerto Deseado y Puerto Madryn.
“El Estado debe garantizar que la pesca sea sustentable, rentable y que defienda el trabajo argentino. No hay desarrollo sin industria, no hay industria sin condiciones, y no hay condiciones si no hay política económica al servicio de la producción”, concluyó Pulti.
La industria pesquera espera señales claras del gobierno para evitar que este parate se transforme en una crisis estructural que deje cicatrices profundas en la economía nacional.






