La decisión del Estado panameño de asumir el control administrativo y operativo de las terminales de Balboa y Cristóbal marca un punto de inflexión en la gobernanza del hub del Canal de Panamá.

Por GlobalPorts

Tras el fallo de la Corte Suprema de Justicia de Panamá que declaró inconstitucional la Ley 5 de 1997 —base legal de la concesión—, la concesión de Panama Ports Company (PPC), vinculada a CK Hutchison Holdings Limited, quedó sin efecto a partir del 23 de febrero de 2026.

La medida no solo altera un contrato vigente desde 1997. Reabre el debate sobre seguridad jurídica, modelo concesional y continuidad operativa en infraestructuras logísticas estratégicas.


Magnitud operativa del hub del Canal

La relevancia del caso se entiende mejor al dimensionar la escala de las terminales involucradas.

En 2025, los puertos de Balboa y Cristóbal movilizaron en conjunto aproximadamente 3,9 millones de TEU. El Puerto de Balboa registró cerca de 2,7 millones de TEU, mientras que Cristóbal superó los 1,2 millones de TEU, representando una porción sustancial del tráfico total del sistema portuario panameño, que ronda los 10 millones de TEU anuales.

Si se considera un valor promedio de mercancía transportada por contenedor en rangos internacionales de entre US$ 90.000 y US$ 120.000 por TEU, el volumen movilizado por ambas terminales podría equivaler a un flujo comercial estimado de entre US$ 350.000 millones y US$ 470.000 millones anuales en valor de bienes en tránsito.

No se trata de facturación portuaria, sino del valor aproximado de la carga que transita por estos nodos, lo que dimensiona el impacto sistémico de cualquier transición operativa en el hub del Canal.

Fallo judicial y rediseño institucional

La sentencia de la Corte Suprema declaró inconstitucional la norma que dio sustento al contrato original firmado en 1997. Desde el Gobierno panameño se argumentó la necesidad de proteger el interés público y garantizar continuidad en la prestación del servicio.

Para CK Hutchison, en cambio, la medida constituye una decisión ilegal y la compañía anunció que evalúa acciones legales.

El episodio vuelve a colocar bajo análisis el equilibrio entre estabilidad contractual y potestad regulatoria estatal en concesiones de largo plazo.


La respuesta de Hutchison: arbitraje y disputa internacional

CK Hutchison y su filial Panama Ports Company rechazaron la medida, calificándola de “ilegal” y “confiscatoria”. La empresa sostuvo que no existió una transición coordinada ni una notificación adecuada previa a la toma de control de las terminales.

Según la compañía, autoridades panameñas ingresaron físicamente a las instalaciones y retiraron a su personal, advirtiendo incluso sobre posibles acciones penales si no se acataban las órdenes. Asimismo, la firma afirmó que la falta de claridad en el proceso podría generar riesgos operativos.

CK Hutchison anunció que evaluará todos los recursos legales disponibles, incluyendo la posibilidad de iniciar un arbitraje internacional ante la Cámara de Comercio Internacional (ICC) y acciones bajo tratados de protección de inversiones. También advirtió que podría emprender acciones legales contra terceros que asuman operaciones sin su consentimiento.

El Gobierno de Hong Kong expresó su oposición a la medida, mientras que el Ministerio de Relaciones Exteriores de China, a través de su portavoz Mao Ning, afirmó que Beijing protegerá los derechos e intereses legítimos de la compañía.


Transición operativa: estabilización y nuevo sistema

En el plano técnico, el foco inmediato es la continuidad del servicio en el hub del Canal. APM Terminals inició operaciones temporales en Balboa por un período de hasta 18 meses, con el objetivo de estabilizar la operación, desplegar un nuevo sistema operativo de terminal (TOS), auditar procesos y capacitar al personal. Medios sectoriales también mencionan la participación transitoria de Terminal Investment Limited en Cristóbal.

Desde una perspectiva logística, el principal riesgo de corto plazo no reside en la operación del Canal en sí —que continúa funcionando con normalidad— sino en la fricción propia de toda transición: migración de sistemas, ajustes en planificación de patio, integración tecnológica y reorganización operativa. La velocidad de estabilización será determinante para sostener la confiabilidad del hub.


Gobernanza portuaria y señal al mercado

El presidente de Panamá, José Raúl Mulino, señaló que el país no volvería a concentrar los contratos portuarios en un único operador, anticipando un rediseño competitivo.

El caso trasciende lo contractual. Interpela el modelo de gobernanza portuaria en infraestructuras críticas y envía una señal al mercado internacional sobre el equilibrio entre soberanía regulatoria, atracción de inversión y competencia global.


Dimensión internacional

La salida de CK Hutchison también incorpora una dimensión geopolítica. El Ministerio de Relaciones Exteriores de China, a través de su portavoz Mao Ning, afirmó que Beijing protegerá los derechos e intereses legítimos de la compañía.

Sin sobredimensionar el componente político, el episodio confirma que los puertos estratégicos forman parte del tablero global de competencia económica.


Un precedente para los modelos concesionales en la región

Más allá de la disputa puntual, el episodio instala una discusión de fondo sobre la estabilidad de los contratos de infraestructura estratégica en América Latina. Las concesiones portuarias de largo plazo han sido, durante décadas, el instrumento predominante para atraer inversión, transferir riesgo operativo al sector privado y modernizar terminales.

El caso panameño demuestra que incluso acuerdos con casi treinta años de vigencia pueden quedar sujetos a revisión institucional cuando se cuestiona su base jurídica o su adecuación al interés público. Para el mercado internacional, el desafío no es solo jurídico, sino reputacional: cómo garantizar que los cambios regulatorios se gestionen sin afectar la previsibilidad, la continuidad operativa y la confianza de los inversores.

En un contexto global donde los puertos se consolidan como activos estratégicos —no solo logísticos, sino también geoeconómicos—, la forma en que Panamá resuelva esta transición y rediseñe su esquema concesional será observada con atención en toda la región.


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