El Astillero Tandanor cumple hoy 146 años de vida. Más de un siglo y medio de historia que lo consolidan como símbolo de la industria naval argentina, ejemplo de resiliencia y motor de desarrollo tecnológico nacional.

Redacción GlobalPorts

Con una infraestructura que abarca 34 hectáreas en la Dársena Sur de Buenos Aires, posee muelles de 1.400 metros, gradas de trabajo de hasta 220 metros de largo y un Syncrolift con capacidad de elevación de 15.000 toneladas, una de las mayores de Sudamérica.

Cada año, decenas de buques nacionales y extranjeros ingresan a sus instalaciones para trabajos de reparación, reconversión y construcción, consolidando un entramado industrial que articula con pymes metalmecánicas, proveedores logísticos y el sector naval público y privado.

En los últimos años, el astillero asumió un papel protagónico en proyectos vinculados a la defensa, la investigación científica y el desarrollo energético, aportando soluciones de ingeniería y tecnología naval para buques de apoyo antártico, unidades hidrográficas, remolcadores y plataformas offshore.

Un legado que se forja desde 1879

La historia de Tandanor se inicia el 10 de noviembre de 1879, cuando el gobierno de Nicolás Avellaneda creó, por decreto, los Talleres Navales de Marina. Las operaciones comenzaron a la vera del Río Luján, marcando el nacimiento de una estructura técnica destinada a asegurar el mantenimiento y reparación de los buques de la Armada Argentina.

Desde aquellos primeros años, el taller naval acompañó la evolución del país. Su crecimiento fue paralelo al desarrollo de la industria y del comercio marítimo: modernizó flotas, incorporó nuevas tecnologías —como la soldadura eléctrica en la década de 1920— y participó activamente en el mantenimiento de la flota mercante estatal, convirtiéndose en un actor clave del sistema portuario nacional.

En 1970, tras casi un siglo de funcionamiento, la institución adoptó el nombre con el que se la conoce hasta hoy: Talleres Navales Dársena Norte (Tandanor). Ese cambio coincidió con el traslado de sus operaciones a la Planta 1, ubicada junto al Apostadero Naval de Buenos Aires, lo que marcó el inicio de una nueva etapa de expansión tecnológica e industrial.

Durante esa década, el astillero sumó infraestructura estratégica, entre ellas el elevador Syncrolift, que amplió notablemente su capacidad operativa y lo posicionó entre los astilleros más grandes y modernos de América Latina.

Las décadas siguientes estuvieron atravesadas por los desafíos propios del contexto nacional: la privatización de 1991, los años de crisis y vaciamiento, y finalmente la reestatización de 2007. Cabe destacar que la participación del 10% del paquete accionario para los trabajadores había sido dispuesta previamente, en el marco de la Ley de Reforma del Estado de 1989, estableciendo un modelo de corresponsabilidad y compromiso con el futuro de la organización.

Un motor del desarrollo nacional

Hoy, Tandanor es uno de los mayores astilleros de reparación naval del continente y un emblema del trabajo argentino. Su aporte se mide no solo en la cantidad de buques atendidos o en la magnitud de su infraestructura, sino en su rol como generador de conocimiento, empleo e innovación.

Cada proyecto que zarpa de sus gradas lleva consigo el trabajo de ingenieros, técnicos y operarios especializados que mantienen viva una tradición de excelencia industrial.

La dirección del astillero sostiene que “cada peso invertido en la industria naval se multiplica”, una afirmación que resume el espíritu de su trayectoria: fortalecer la economía nacional desde el mar, con tecnología y trabajo 

Al celebrar sus 146 años, Tandanor no se detiene en la nostalgia. Su mirada está puesta en el futuro: desarrollar nuevos buques, consolidar su presencia internacional y fortalecer la cooperación con universidades, empresas y organismos de defensa.


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