Luego de tres días de cierre forzado por decisión de la Dirección General de Aduanas, la Terminal Portuaria 4 del Puerto de Buenos Aires volvió a operar este sábado.
Por Violeta García, GlobalPorts
La reapertura fue autorizada tras verificarse el cumplimiento de una serie de compromisos operativos asumidos por la concesionaria, que hasta ahora había acumulado reclamos por demoras, caídas en los sistemas de turnos y costos extras en las operaciones de comercio exterior.
La noticia trae alivio a una cadena logística que en las últimas jornadas experimentó tensiones crecientes, pero también deja planteadas preguntas de fondo sobre la resiliencia del nodo portuario metropolitano.
La decisión de cerrar la terminal no fue un hecho menor. Afectó a importadores, exportadores, despachantes, transportistas y operadores logísticos en un momento clave del calendario comercial.
La interrupción tomó por sorpresa a muchos usuarios, pero no resultó inesperada para quienes venían advirtiendo desde hace meses una caída sostenida en la calidad operativa de la terminal, con turnos imposibles de conseguir, cuellos de botella en el ingreso y liberaciones de carga cada vez más costosas. El detonante fue el incumplimiento del acta compromiso firmada el 5 de junio entre las terminales y la DGA.
Repercusiones logísticas
El impacto real del cierre se vivió en las calles, los depósitos y los tiempos muertos. Transportistas que llegaron sin poder descargar, turnos cancelados sobre la marcha, mercadería perecedera en riesgo, y costos logísticos que se dispararon por cada día de inactividad.
Los operadores consultados coinciden en que esta situación visibilizó un eslabón débil del sistema: la falta de capacidad de respuesta inmediata frente a fallas de uno de los nodos clave del puerto. “No hay un plan de contingencia estructurado. Todo depende de si otra terminal tiene espacio y ganas de absorber carga ajena”, señaló un responsable de logística de una empresa alimenticia.
Además, se volvió evidente que el sistema de turnos —digital pero frágil— se ha transformado en un punto crítico. Si se cae o se administra con criterios poco claros, el resto de la operación se paraliza. Y cuando eso ocurre, los costos no los paga la terminal: los paga la cadena logística.
Qué se hizo para retomar la operativa
Según el Centro Despachantes de Aduana, la reapertura se dio tras verificar que la terminal implementó mejoras puntuales: restablecimiento del sistema de turnos, corrección de problemas técnicos, garantía de acceso a usuarios registrados y una mayor coordinación con las autoridades aduaneras. Además, se ofreció continuidad operativa sin cargos adicionales por las cargas afectadas por el cierre.
Si bien estas medidas lograron la reapertura, queda por verse si se mantendrán como estándar o fueron apenas reacciones de emergencia para evitar una sanción más dura.
¿Cambio estructural o paréntesis?
La pregunta clave es si este episodio marcará un antes y un después o quedará como una anécdota más en un sistema que se adapta por urgencia y no por planificación. La respuesta dependerá de varios factores: Que la DGA continúe con un monitoreo riguroso y sostenido del cumplimiento del acta; Que las terminales integren la lógica de servicio logístico, más allá de la infraestructura física; Que el sistema se prepare para contingencias, con esquemas de coordinación entre terminales, interoperabilidad de sistemas y trazabilidad de procesos.
Un mapa logístico que empieza a moverse
Mientras tanto, el episodio parece haber acelerado un movimiento incipiente: la revalorización de puertos alternativos. TecPlata (en el Puerto La Plata) y Exolgan (en Dock sud) demostraron capacidad para absorber parte de la operatoria interrumpida. Por ejemplo, desde TecPlata expresaron que están preparados para mover hasta 500.000 Teus por año, sin ningún problema.
Algunas empresas incluso empezaron a considerar redireccionar flujos de manera más estable para diversificar riesgos. La concentración logística en pocas terminales quedó en evidencia como una vulnerabilidad estratégica.
La reapertura de Terminal 4 es una noticia bienvenida, pero no alcanza para cerrar el capítulo. Es un punto de inflexión que expone la necesidad de pasar de los anuncios a los hechos: sin digitalización eficiente, sin sistemas interoperables, sin reglas claras para todos los operadores, la logística argentina seguirá expuesta a costos innecesarios e interrupciones que socavan su competitividad.
El desafío está planteado. Y la logística, que no espera ni perdona errores, será quien dicte el veredicto.







