La presión de la carga brasileña y la oportunidad de reposicionar al país como plataforma regional reactivan una discusión estratégica.
GlobalPorts | Puerto y Logística
El debate volvió a encenderse en Montevideo. En una sala del Parlamento, durante un encuentro organizado por la Academia de Geopolítica y Estrategia, el presidente de la Administración Nacional de Puertos (ANP), Pablo Genta, expuso con contundencia que Uruguay debe evaluar, y hacerlo pronto, la posibilidad de construir un puerto de aguas profundas en Rocha. Su intervención dejó en claro que el país ya no discute una idea sin anclaje, sino un desafío empujado por los movimientos de la industria.
Genta argumentó que la carga existe hoy, no en un escenario hipotético: los flujos crecientes de mineral de hierro provenientes de Corumbá y Ladário (Brasil), sumados al movimiento de granos del sur brasileño, están generando una presión creciente sobre la infraestructura uruguaya. Este año, detalló, Punta de Arenal transfirió 1,5 millones de toneladas de mineral de hierro, mientras que Corporación Navíos, en alianza con empresas brasileñas, movilizó otras cuatro millones de toneladas.
“Si Uruguay quiere ser el punto de salida de graneles o de mineral de hierro en el Atlántico, debemos comenzar a discutirlo ahora”, planteó Genta.
En su lectura, esa cifra consolida una oportunidad concreta: los operadores brasileños, dijo, ya buscan realizar transbordos dentro de aguas jurisdiccionales uruguayas, especialmente cuando las condiciones climáticas dejan fuera de servicio a las zonas de transferencia actuales.
El titular de la ANP también subrayó la dimensión técnica del desafío. Señaló la falta de batimetrías actuales, la necesidad de mareógrafos, lanchas de apoyo y una definición institucional sobre qué parte del futuro canal de acceso podría ejecutarse con dragas propias. Pero acaso lo más importante fue su ubicación temporal: Genta aclaró que la discusión no corresponde a este período de gobierno, ni probablemente al próximo, sino a una proyección de país que trasciende ciclos políticos.
Con ese encuadre comenzó la ronda de reacciones.
Voces a favor: la oportunidad logística y geopolítica
Entre quienes ven con buenos ojos el planteo de Genta se destaca una línea argumental que se ha vuelto más visible en los últimos meses dentro del sector logístico y portuario uruguayo. No se trata de discursos grandilocuentes sino de un razonamiento pragmático: el crecimiento del flujo brasileño es real, y con él un conjunto de operadores que buscan estabilidad operativa en el Atlántico Sur.
En ámbitos académicos y técnicos vinculados a la geopolítica marítima —varios de ellos presentes en la actividad donde habló Genta— predomina la idea de que Uruguay enfrenta un punto de inflexión regional.
La expansión productiva de Mato Grosso do Sul, la salida de mineral de hierro por la Hidrovía y la operación cada vez más frecuente de flotas brasileñas en aguas uruguayas son interpretadas como señales de que el país podría posicionarse como plataforma oceánica para cargas que superan ampliamente la escala de su propia economía.
En estas voces aparece un concepto recurrente: ventana de oportunidad. No se trata de un llamado a ejecutar la obra mañana, sino de evitar que Brasil defina su propia infraestructura oceánica sin contemplar a Uruguay como alternativa. Quienes sostienen esta postura entienden que un puerto profundo en Rocha reforzaría la inserción atlántica del país y ampliaría su rol dentro del sistema logístico sudamericano.
Voces en disidencia, con énfasis en prioridades, viabilidad y foco institucional
Del otro lado del debate, las objeciones surgieron con la misma rapidez, y en un tono firme. Entre las críticas más claras se encuentra la de quienes sostienen que el sistema portuario uruguayo ya tiene una prioridad ineludible: ejecutar el dragado del canal de acceso a 14 metros en Montevideo, obra acordada con Argentina y considerada esencial para que el principal puerto del país gane competitividad.
En este grupo se ubican dirigentes políticos y representantes del sector que alertan sobre el riesgo de dispersar esfuerzos y recursos. A su juicio, hablar de un puerto oceánico sin haber concretado el aumento de calado en Montevideo equivale a abrir un segundo frente cuando aún no se consolidó el primero. Temen, además, que la discusión desplace la atención de los desafíos cotidianos del sistema logístico, como la relación con las navieras, la eficiencia operativa y la captación de carga regional.
A esa mirada se suma otra preocupación: la escala real de la demanda. Algunos actores sostienen que, si bien el flujo brasileño es importnte, aún no está claro que exista una base suficiente para justificar una inversión de largo plazo en Rocha. Según esta lectura, Uruguay debe primero profundizar su puerto principal, asegurar su competitividad y solo luego evaluar si la carga disponible sostiene un desarrollo oceánico adicional.
En síntesis, las voces críticas no descartan la idea de Rocha de forma categórica; lo que plantean es que el país debe ordenar sus prioridades, ejecutar las obras pendientes y sostener el crecimiento de Montevideo antes de abrir un proyecto de impacto estructural.
Una discusión que regresa
Los que defienden esta iniciativa propuesta por Genta argumentan que esto no es una reedición del viejo sueño del puerto oceánico, sino un nuevo escenario logístico marcado por la reconfiguración de cargas en el centro de Sudamérica.
Sin embargo, Uruguay vuelve a enfrentarse a una pregunta estratégica: ¿debe anticiparse y pensar en un puerto profundo en Rocha, o concentrarse en completar la modernización de Montevideo?
Las respuestas no están cerradas. Lo que sí parece claro es que el país vuelve a mirar hacia el Atlántico con un conjunto de argumentos más tangibles que en el pasado, impulsado por un movimiento regional que ya está generando impactos concretos en sus puertos.






