GlobalPorts | Energía y Logística

El gasoducto San Matías consiguió esta semana el crédito que necesitaba para dejar de ser un proyecto en papeles: un consorcio liderado por Citi, JP Morgan, Itaú y Santander cerró un préstamo sindicado de US$900 millones bajo la modalidad de project finance, con el que San Matías Pipeline financiará la construcción del primer gasoducto dedicado a la exportación de gas natural licuado (GNL) de la Argentina.

La obra arranca este mismo mes y activa, de un saque, el siguiente capítulo de una historia que en el puerto de San Antonio Este ya se venía anticipando desde hace semanas.

Porque hasta ahora, lo que se movía en San Antonio Este era espera. Los 3.487 caños que trajo el VIGOR OL desde India llevaban días acumulados en una playa de acopio acondicionada dentro del predio portuario, a la espera de que el proyecto tuviera la plata para empezar a tenderlos.

Con el cierre del crédito, esa espera termina: la traza entre Tratayén, en el corazón de Vaca Muerta, y la costa rionegrina —un trazado de más de 470 kilómetros hasta la zona de Fuerte Argentino, en el Golfo San Matías— pasa de proyecto financiado a obra en ejecución. Es el punto exacto en el que la logística portuaria deja de acumular material y empieza a distribuirlo.

Un préstamo a pulmón propio

Lo que distingue a este financiamiento no es tanto el monto sino la estructura. El esquema es project finance puro: el repago del préstamo depende de los ingresos que generará el propio gasoducto una vez en operación, no del balance de sus accionistas —Pan American Energy, YPF, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar LNG—, que además aportan de manera directa los US$400 millones que completan la inversión total de US$1.300 millones. Entre 10 y 12 entidades financieras participan del paquete sindicado, sin garantía soberana de por medio.

Para el sector portuario y logístico, ese detalle importa más de lo que parece: es la primera vez que un banco internacional le pone plata a una obra de infraestructura gasífera de exportación en el país sin pedir un respaldo estatal, apostando pura y exclusivamente a que el gas de Vaca Muerta va a llegar a destino y va a encontrar comprador afuera. Funciona, en los hechos, como el primer test de mercado real para el gas neuquino como activo exportador —y ese aval bancario es el que ahora se traduce en máquinas trabajando sobre la traza en Río Negro.

Lo que viene en el puerto

El gasoducto es la pieza que conecta la producción de Vaca Muerta con los dos buques licuefactores que Southern Energy (SESA) instalará frente a la costa rionegrina para transformar el gas en GNL exportable. El primero de ellos, el Hilli Episeyo, tiene previsto llegar al Golfo San Matías en el segundo semestre de 2027, ya reacondicionado en un astillero de Singapur tras su partida desde Camerún.

Ese cronograma es el que la construcción del gasoducto tiene que sostener: sin la traza terminada, la capacidad de licuefacción que traen los buques no tiene cómo llenarse.

Eso pone a San Antonio Este en el centro de la obra durante los próximos meses. Los caños que ya llegaron son apenas el primer envío de una cadena logística que ahora tiene que acelerar al ritmo de la construcción, no al de la financiación: más arribos de material, más movimiento en la playa de acopio y, previsiblemente, más presión sobre la capacidad operativa de un puerto que hasta hace poco no manejaba cargas de este volumen para un proyecto energético de esta escala.

Con el crédito cerrado, la pregunta que va a definir los próximos meses ya no es si el San Matías Pipeline consigue el financiamiento, sino si la logística portuaria rionegrina puede sostener el ritmo que la obra necesita para llegar a tiempo a la cita de 2027.

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