El puerto rionegrino no solo recibe barcos: construyó una zona de almacenamiento propia para sostener nueve embarques más hasta abril. La infraestructura permanente empieza a acompañar el ritmo del proyecto.

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El Turbo S atracó el jueves en el Puerto de San Antonio Este proveniente de India, con 3.340 caños de 36 pulgadas de diámetro a bordo. Las tareas de descarga, que demandan unos seis días, ya están en marcha, y una vez terminadas los tubos no quedarán apilados a la intemperie ni ocupando un sector de emergencia: van directo a la playa de acopio que el puerto construyó específicamente para este proyecto.

Es el segundo de los 12 buques que van a traer caños para el San Matías Pipeline, el gasoducto que conectará la producción de gas de Vaca Muerta con la costa rionegrina. El primero, el VIGOR OL, había llegado semanas atrás y estrenado el muelle ampliado de la terminal. Con el Turbo S, el cronograma deja de ser una promesa y empieza a mostrar su verdadera cara: arribos progresivos, sin pausas largas, hasta abril.

Una playa de acopio no se construye para un solo buque

Ahí está el dato que cambia la lectura de esta segunda escala. San Antonio Este no reaccionó al primer embarque con un parche logístico: preparó un sector de almacenamiento pensado para diez embarques más. Es la diferencia entre un puerto que recibe una carga excepcional y un puerto que se reorganiza para sostener un flujo que llegó para quedarse, al menos durante los próximos siete meses.

La secuencia importa tanto como cada buque en sí. Cada arribo deja tubos en tierra, pero también deja una terminal que aprende a mover volúmenes que antes no manejaba: camiones entrando y saliendo, maquinaria de acopio trabajando a un ritmo sostenido, y un cronograma que no da margen para demoras entre un buque y el siguiente. El gobernador Alberto Weretilneck, presente en la descarga, resumió el clima con una frase corta: «el movimiento en el puerto es impresionante».

Doce buques, un solo gasoducto

El San Matías Pipeline tendrá 472 kilómetros de extensión y 36 pulgadas de diámetro, con capacidad para transportar hasta 27 millones de metros cúbicos de gas por día desde la cuenca de Vaca Muerta hasta la costa atlántica. No es un proyecto aislado: su función es abastecer las unidades flotantes de licuefacción que se instalarán en el Golfo San Matías para el proyecto de exportación de Gas Natural Licuado de Southern Energy —la misma cadena que empieza a completarse con el traslado del FLNG Hilli Episeyo hacia esa zona.

Los caños son la parte menos visible de esa cadena, pero la más concreta: sin gasoducto no hay gas que licuefactar, y sin gas no hay buque de exportación que tenga sentido. Cada uno de los 12 embarques que llegan a San Antonio Este es, en los hechos, un tramo menos de caño por tender.

El puerto que se prueba a sí mismo

Lo que está en juego para San Antonio Este no es solo completar esta descarga sin contratiempos. Es demostrar, buque tras buque, que la infraestructura que construyó —muelle ampliado, playa de acopio nueva, logística de acopio y traslado terrestre— puede sostener el ritmo sin improvisar en cada arribo. El primer buque probó que el muelle aguanta. El segundo empieza a probar que el sistema completo, no solo el punto de descarga, está a la altura de lo que viene.

Quedan diez buques más antes de abril. Cada uno va a repetir la misma secuencia —arribo, descarga, acopio, traslado— y cada uno va a ser, en los hechos, una nueva medición de si Río Negro logró construir algo más que un muelle: un nodo logístico capaz de sostener, sin pausas, el tramo argentino de una de las cadenas de exportación de GNL más ambiciosas de la región.

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