¿Por qué vuelve a crecer el almacenamiento flotante de petróleo en 2026?

Por Violeta García, GlobalPorts

El repunte del almacenamiento flotante de petróleo en marzo de 2026 —impulsado por el exceso de oferta global y las tensiones en el Estrecho de Ormuz— reconfigura los fletes, el uso de VLCC y el equilibrio del comercio energético mundial.

 

El almacenamiento flotante de petróleo vuelve al centro del mercado energético

El almacenamiento flotante de petróleo —floating storage— vuelve a crecer con fuerza en marzo de 2026 y se consolida como uno de los indicadores más sensibles del mercado energético global.

Según datos de la consultora Vortexa, al 1° de marzo el volumen total de crudo almacenado en buques tanque alcanza aproximadamente 105,48 millones de barriles, lo que representa un incremento cercano al 20% en apenas una semana. 

La magnitud del salto no es menor: cuando el petróleo comienza a acumularse en el mar, el mercado suele estar enviando una señal adelantada de desequilibrio.

De acuerdo con los datos difundidos por la misma firma, Asia concentra 56,66 millones de barriles, seguida por la Costa del Golfo de Estados Unidos con 17,19 millones, África Occidental con 6,44 millones y Medio Oriente con 6,12 millones.

El dato no es meramente estadístico. El almacenamiento flotante suele activarse cuando confluyen tres factores: exceso de oferta, tensiones geopolíticas o estrategias financieras asociadas al mercado de futuros.

Ormuz: riesgo geopolítico y distorsión logística

La escalada militar en el Estrecho de Ormuz a fines de febrero introdujo un elemento adicional de incertidumbre. No se trata de un cierre formal del paso marítimo, sino de un bloqueo de facto derivado del aumento del riesgo operativo y de las primas de seguros marítimos.

Según estimaciones de la firma de inteligencia marítima Kpler, el petróleo iraní “on water” —incluyendo tránsito y almacenamiento— asciende actualmente a unos 191 millones de barriles, el nivel más alto desde 2018. La misma fuente señala que alrededor de 20 superpetroleros VLCC permanecen anclados al sudeste del estrecho esperando carga, lo que implica aproximadamente 40 millones de barriles inmovilizados.

Este fenómeno reduce la disponibilidad de tonelaje, tensiona los fletes y altera rutas comerciales. El almacenamiento flotante, en este contexto, no solo refleja exceso de crudo: refleja riesgo geopolítico incorporado al sistema marítimo.

Exceso de oferta y contango: la dimensión financiera

El componente estructural del fenómeno está vinculado al superávit global. En su último Oil Market Report de febrero, la Agencia Internacional de Energía (AIE) proyectó que en 2026 la oferta mundial superará la demanda en alrededor de 3,7 millones de barriles diarios.

Ese excedente presiona los inventarios y empuja parte del crudo hacia el almacenamiento en el mar. Cuando el mercado comienza a pagar más por el petróleo a futuro que por el disponible hoy —una estructura de precios conocida como contango— almacenar petróleo puede convertirse en una estrategia financiera rentable.

Datos citados por Lloyd’s List, sobre base de Vortexa, indican que alrededor de 58 millones de barriles corresponden a almacenamiento de corto plazo y 27 millones a posiciones de mayor duración, lo que sugiere que no todo responde a disrupciones inmediatas, sino también a posicionamiento estratégico. En ese escenario, el buque deja de ser solo transporte y se convierte en infraestructura financiera flotante.

La “dark fleet” y la opacidad estructural

Otro factor que amplifica el almacenamiento flotante es la expansión de la denominada “dark fleet”. Diversos reportes de inteligencia marítima estiman que cerca de 290 millones de barriles de crudo ruso e iraní se encuentran actualmente en almacenamiento flotante vinculado a buques que operan bajo esquemas de opacidad, transferencias ship-to-ship y cambios frecuentes de bandera.

Ese volumen sería aproximadamente 50% superior al del año pasado, en un contexto de sanciones y restricciones comerciales.

La flota en la sombra introduce riesgos adicionales para la seguridad marítima, la trazabilidad comercial y los estándares ambientales, al tiempo que distorsiona el mercado global de fletes.

FPSO: la otra cara del almacenamiento flotante

En paralelo, el segmento de unidades FPSO (Floating Production Storage and Offloading) muestra una dinámica distinta. Según estimaciones difundidas por la consultora Research and Markets, actualmente operan alrededor de 212 unidades FPSO activas en el mundo, y el mercado proyecta un crecimiento cercano al 8% en 2026, alcanzando unos USD 24.520 millones.

En este caso, el almacenamiento flotante no responde a excedentes coyunturales sino a la expansión de la producción offshore, especialmente en regiones como Brasil y África Occidental.

¿Por qué importa esto para Argentina y Sudamérica?

El repunte del almacenamiento flotante no es un fenómeno lejano.Si se reduce la disponibilidad de VLCC por acumulación de inventarios o por bloqueos operativos, el mercado global de fletes se tensiona. Esa presión puede trasladarse indirectamente a otras categorías de buques y afectar estructuras de costos logísticos.

Para países con ambición exportadora energética —como Argentina con Vaca Muerta— o con creciente integración a cadenas globales, estos movimientos son señales tempranas. También lo son para Brasil, cuyo desarrollo offshore depende de flujos marítimos eficientes y previsibles.

El almacenamiento flotante, en definitiva, no es un simple dato de inventario. Es un termómetro adelantado del comercio energético global.

El mar como indicador adelantado

Cuando el petróleo comienza a acumularse en el mar, el sistema energético mundial está enviando una señal. En marzo de 2026 esa señal combina tres vectores: exceso de oferta, tensiones geopolíticas en Ormuz y expansión de flotas opacas. El resultado es más crudo sobre el agua y mayor volatilidad potencial en fletes y seguros marítimos.

Para los actores logísticos y energéticos de Sudamérica, el fenómeno merece seguimiento. Porque, como muestra la historia reciente, las tensiones globales no tardan en trasladarse a los costos y a las decisiones estratégicas regionales.

Con datos de: Vortexa/ Kpler / Agencia Internacional de Energía (AIE) / Lloyd’s List /Research and Markets 

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