GlobalPorts | Opinión – El nuevo informe de DNV, Ammonia in Shipping: Tracing the Emergence of a New Fuel, confirma que el amoníaco ha pasado de ser un concepto teórico en 2020 a convertirse en una alternativa concreta dentro de la transición energética marítima. 

Los números hablan por sí solos: casi 40 buques ya están en cartera de pedidos y los primeros motores dual fuel aptos para amoníaco comienzan a llegar al mercado.

Sin embargo, más allá de los avances tecnológicos y regulatorios, los armadores mantienen una mirada pragmática, anclada en la realidad operativa de sus flotas y en la incertidumbre sobre cuál será el combustible ganador a largo plazo.

Un camino en dos fases

El informe describe una adopción en dos etapas. Una primera, pionera, con una flota limitada, tripulaciones especializadas y bunkering disponible en algunos puertos estratégicos. Y una segunda, de escalamiento, que requerirá infraestructura global, producción de amoníaco verde a gran escala y un marco regulatorio consolidado por parte de la OMI.


Hoy, el sector se encuentra a medio camino: con guías provisorias y reglas de clase más claras que hace cinco años, pero todavía con dudas respecto a la seguridad, la logística y los costos.

Los armadores consultados coinciden en una preocupación central: un error en la elección del combustible podría afectar los ingresos futuros y depreciar sus activos.

Apostar por un vector energético equivocado implica quedar atrapado en inversiones millonarias que, de no encontrar respaldo normativo o de mercado, se transforman en un lastre financiero.

En ese contexto, el amoníaco se observa con interés, pero no sin reservas. La toxicidad, el control de emisiones secundarias (N₂O y NOₓ) y la falta de infraestructura de bunkering segura en gran escala siguen siendo puntos críticos.

Entre la innovación y la operación diaria

Mientras los astilleros avanzan y las casas de clasificación ajustan sus normas, la mirada de los armadores se mantiene en la operación diaria y en la necesidad de garantizar competitividad. El informe de DNV lo resume con claridad: “El interés de los armadores radica en la operación comercial de sus naves, y una preocupación clave es la incertidumbre restante relacionada con la elección de un combustible bajo en GEI para cumplir con las normativas”.

En otras palabras, la transición energética no se juega solo en los laboratorios ni en las salas de conferencias internacionales: se juega en la rentabilidad y en el valor de mercado de cada buque.

El avance del amoníaco refleja la velocidad con la que la industria naval está experimentando con alternativas, desde el metanol hasta el GNL, los biocombustibles y el hidrógeno. Pero el mensaje que deja el informe es claro: aún no hay certezas absolutas, solo tendencias en construcción.

Para los puertos, operadores logísticos y proveedores de servicios, la lección es doble: acompañar la innovación y al mismo tiempo sostener la infraestructura necesaria para un escenario multipropósito, donde convivirán varios combustibles durante la próxima década.

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