Estados Unidos aplica desde el 24 de julio un arancel del 10% a la pesca argentina sin ninguna de las exenciones que sí alcanzaron al resto de la oferta exportable del país.
GlobalPorts | Pesca y Comercio Exterior
La medida, dictada bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, dejó fuera del listado de excepciones al Capítulo 03 del nomenclador estadounidense —pescados, crustáceos, moluscos y otros invertebrados acuáticos— y también al Capítulo 16, donde se agrupan las conservas y elaborados.
Una tasa baja, con una excepción sectorial
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) ubicó a la Argentina entre los países con la alícuota más favorable del nuevo esquema: 10%, frente al 12,5% que deberán afrontar la Unión Europea, Japón, Corea del Sur, Taiwán y Suiza. La distinción se apoya en los avances que el país realizó en materia de controles sobre el trabajo forzoso, eje central de la investigación que sustenta la medida.
Sin embargo, ese trato preferencial no se trasladó de manera uniforme a todos los sectores. El Gobierno estadounidense incorporó la sobretasa al Arancel Armonizado (HTSUS) bajo la subpartida 9903.05.22, con una amplia lista de posiciones exceptuadas.
La pesca no integra esa lista: cualquier producto de los capítulos 03 y 16 paga el 10% adicional sobre el derecho general que ya le corresponde. La única salvedad alcanza a las mercaderías embarcadas antes del 24 de julio que ingresaron a destino antes del 28 de julio.
El recargo se suma al arancel base que cada producto ya tenía, no lo reemplaza. En la pesca esa distinción pesa especialmente: gran parte de las posiciones, entre ellas el langostino y varios elaborados, ingresaban con arancel base cero antes de la medida. Para esos productos, el 10% no se acumula sobre un costo previo: pasa a ser directamente el costo íntegro de entrada al mercado estadounidense.
El costo por producto: langostino y merluza negra en la mira
Estados Unidos fue en 2025 el tercer destino de las exportaciones pesqueras argentinas, con compras por USD 158 millones, detrás de China (USD 486 millones) y España (USD 373 millones). Entre los tres concentraron más de la mitad del valor total exportado por el sector, que cerró el año con USD 2.010 millones y el segundo mejor registro de su historia.
El langostino es el producto con mayor exposición inmediata. El mercado estadounidense importó 5.261 toneladas por USD 58 millones durante 2025, a un precio medio de USD 10.993 por tonelada, uno de los más altos entre los principales destinos. El arancel del 10% equivale a un costo adicional cercano a los USD 1.099 por tonelada, que exportadores, importadores y distribuidores deberán absorber en proporciones que dependerán de cada contrato. La merluza negra, con envíos de menor volumen pero de alto valor unitario, enfrenta una exposición proporcionalmente similar.
Si el flujo comercial mantiene el nivel de 2025, la exposición teórica del sector pesquero argentino ante el nuevo arancel ronda los USD 15,8 millones anuales.
El ART, una vía de alivio que todavía no arrancó
En febrero, el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Pablo Quirno, y el representante comercial Jamieson Greer firmaron el Acuerdo sobre Comercio e Inversión Recíproco (ART), que prevé eliminar aranceles para 1.675 productos argentinos. El propio Gobierno estimó que esa apertura permitiría recuperar exportaciones por más de USD 1.000 millones.
El acuerdo, no obstante, aún no está operativo y su listado de posiciones beneficiadas no incorpora productos pesqueros. Mientras esa implementación siga pendiente, el sector no cuenta con una vía bilateral que compense el nuevo costo de ingreso al mercado estadounidense.
Competitividad frente a otros orígenes
La brecha entre el 10% argentino y el 12,5% aplicado a otros proveedores globales de pescados y mariscos podría matizar parte del impacto en términos comparativos. Pero para un sector que compite además con orígenes exceptuados o con acuerdos de libre comercio vigentes con Estados Unidos, la ausencia de exenciones específicas deja al langostino, la merluza negra, el calamar y la centolla argentinos en una posición menos favorable que la del resto de la canasta exportadora nacional.
El resultado final dependerá de cuánto de ese costo adicional trasladen las cadenas comerciales al consumidor final y cuánto termine erosionando el margen de los exportadores, en un mercado que en 2025 pagó algunos de los mejores precios por el langostino argentino a nivel mundial.







