El Golfo San Matías se prepara para convertirse en el mayor polo de licuefacción flotante del hemisferio sur. Con dos de sus tres unidades FLNG comprometidas en aguas patagónicas, la noruega Golar LNG apuesta una fracción inédita de su flota a Argentina. Es el único proveedor independiente de esta tecnología en el mundo.
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Desde Oslo, el CEO de Golar LNG, Karl Fredrik Staubo, concedió una entrevista a Forbes Argentina la semana pasada. Dejó una frase que el sector portuario debería leer con atención: «Creemos que Argentina debería tener más plantas flotantes de GNL. Haremos nuestra parte con barcos adicionales. Tenemos interés de hacer más«.
No es retórica corporativa. Es la síntesis de una apuesta que ya tiene contratos firmados, infraestructura en construcción y un cuarto barco FLNG en definición comercial.
La flota más exclusiva del mundo, y mitad en Argentina
Golar LNG opera hoy tres unidades de licuefacción flotante (FLNG): la Hilli Episeyo, la Gimi y la MK II. Esta última está en construcción en el astillero chino CIMC Raffles, en Yantai.
Dos de las tres tienen destino confirmado en Argentina: el Golfo San Matías, provincia de Río Negro. Allí operarán bajo contratos de 20 años para Southern Energy S.A. (SESA). El consorcio está integrado por PAE (30%), YPF (25%), Pampa Energía (20%), Harbour Energy (15%) y la propia Golar (10%).
La Hilli Episeyo tiene capacidad de 2,45 millones de toneladas anuales de GNL. Está prevista para iniciar operaciones a fines de 2027. La MK II, con 3,5 millones de toneladas, lo hará en 2028. Combinadas, las dos plantas FLNG alcanzarán casi 6 millones de toneladas anuales. Actualmente, la Hilli completa un contrato en África. Su ingreso al astillero de Seatrium, en Singapur, para las modificaciones que exige el proyecto argentino está previsto para el tercer trimestre de 2026.
Lo que hace singular esta concentración es la naturaleza del activo. Golar es, según sus reportes ante la SEC y la caracterización de la industria, el único proveedor independiente de FLNG-as-a-service a escala global. No hay otra empresa con este historial operativo, capacidad de financiamiento y flota disponible. Eso convierte a la costa rionegrina en el principal hub de licuefacción flotante fuera de Asia.
Una cadena logística construida desde cero
El proyecto no es solo los barcos. Detrás de las dos plantas FLNG hay una cadena de infraestructura que toma forma en paralelo.
El eslabón central es el Gasoducto San Matías, aprobado por el Comité RIGI el 4 de junio con una inversión de USD 1.300 millones. El ducto tiene 472 kilómetros de extensión y 36 pulgadas de diámetro. Conectará Tratayén, en Neuquén, con San Antonio Oeste, en Río Negro. Su capacidad es de 27 millones de metros cúbicos diarios de gas de Vaca Muerta.
Está 100% dedicado a la exportación. Lo operará San Matías Pipeline S.A., con la misma composición accionaria que SESA. La obra fue adjudicada a la unión transitoria de Víctor Contreras (Argentina) y Sicim (Italia), con caños de Welspun (India). Las obras arrancan en el segundo semestre de 2026.
Desde el gasoducto, el gas llegará a las plantas flotantes por dos ductos submarinos de seis kilómetros cada uno. Los primeros insumos ya se mueven: en diciembre pasado, el MV Billion Star llegó al Puerto de San Antonio Este. Trajo 10.000 toneladas de caños de acero desde Shanghái.
El primer comprador tiene nombre y dirección en Berlín
La cadena logística tiene un extremo final igualmente concreto. En marzo de 2026, Southern Energy y SEFE firmaron en Berlín el mayor contrato de GNL de la historia argentina. SEFE Securing Energy for Europe es la energética estatal alemana. El acuerdo establece la venta de 2 millones de toneladas anuales durante ocho años.
Las entregas son FOB y comenzarán a fines de 2027, cuando el Hilli Episeyo entre en operación. El volumen comprometido representa más del 80% de la capacidad del primer barco. También equivale a más del 30% de la capacidad combinada de ambas unidades. Las exportaciones proyectadas entre 2027 y 2035 superan los USD 20.000 millones.
Para SEFE, el acuerdo tiene una dimensión estratégica propia. La empresa se convierte en la primera compañía alemana en recibir GNL argentino. También es el primer cliente de largo plazo del país en este segmento. Para Argentina, el primer destino de su gas licuado en escala industrial será Europa. El contexto no es menor: la reconfiguración energética global se aceleró tras las tensiones en el Estrecho de Ormuz.
El cuarto barco y lo que viene
La pregunta que recorre el sector es si Argentina podría sumar un tercer FLNG. Staubo no lo descartó ante Forbes. Los reportes de Golar ante la SEC del primer trimestre de 2026 van más lejos. En mayo, la compañía reservó componentes de largo plazo para una cuarta unidad FLNG. Su pipeline comercial, afirma la empresa, está «avanzando y acelerando» tras los eventos en Medio Oriente.
Si esa cuarta unidad termina en Argentina, el Golfo San Matías concentraría tres de cuatro FLNGs de la única empresa que domina este mercado. Golar ya tiene el 10% de SESA y el propio CEO destacó el marco regulatorio argentino como factor decisivo para invertir.
Por ahora, el proyecto suma dos barcos, un gasoducto aprobado y un contrato europeo firmado. Para un país que hasta hace pocos años era importador estacional de GNL, no es un detalle menor.








