Por GlobalPorts

El BID señala que el crecimiento regional estuvo impulsado por mayores volúmenes exportados, un dato que vuelve a colocar a la logística en el centro de la competitividad. Para la Argentina, el desafío es transformar el contexto favorable en oportunidades sostenidas.

El crecimiento del comercio exterior de América Latina y el Caribe en 2025 dejó una señal que para la Argentina es clave: el repunte se explica, en buena parte, por el mayor dinamismo de los volúmenes exportados, un detalle que vuelve a colocar a la logística en el centro de la competitividad.

Cuando el comercio se expande por carga física —y no sólo por precios— aumentan las exigencias sobre infraestructura, tiempos, programación operativa, costos de transporte y eficiencia portuaria.

En ese marco, la Argentina enfrenta un escenario donde las oportunidades externas pueden ampliarse, pero también donde se vuelven más visibles los límites internos. Con mercados que demandan confiabilidad, costos predecibles y fluidez operativa, cualquier fricción logística tiende a tener un impacto directo sobre la capacidad de sostener o ampliar participación exportadora.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advierte, además, que el contexto global continúa atravesado por incertidumbre: tensiones comerciales y geopolíticas, riesgos de proteccionismo y señales de fragmentación económica. Para economías como la argentina, esto implica que el desempeño exportador no dependerá únicamente de la demanda externa, sino también de la capacidad de operar con previsibilidad en un entorno global más exigente.

A esto se suma otro componente relevante: el BID señala que podría observarse un comportamiento menos favorable en los precios internacionales de algunos productos básicos, con excepciones puntuales. Para una matriz exportadora con peso de commodities, esa tendencia vuelve más sensible la relación entre márgenes y costos logísticos. Cuando los precios acompañan, el sistema absorbe ineficiencias; cuando se vuelven menos favorables, la competitividad logística queda expuesta.

Por último, el informe incorpora al cambio climático como un factor creciente de vulnerabilidad para la oferta exportable. La resiliencia operativa pasa a ser una condición estructural: eventos extremos o disrupciones pueden afectar producción, transporte, navegación y programación, con impacto inmediato en la continuidad exportadora y en la planificación logística.

En este contexto, la lectura del BID converge en un punto que para la Argentina funciona como eje: sostener el comercio exterior como motor de crecimiento exige remover obstáculos, ganar previsibilidad y promover inversiones que fortalezcan productividad y competitividad sistémica. Allí, logística e infraestructura dejan de ser “soportes” y pasan a ser variables centrales del desempeño exportador.


El marco regional: exportaciones +6,4% en 2025 y una recuperación con desafíos estructurales

Con ese trasfondo, el BID estima que el valor de las exportaciones de bienes de América Latina y el Caribe registró en 2025 una expansión de 6,4%, acelerando respecto del 4,7% de 2024. El organismo remarcó que la mejora fue generalizada a nivel subregional y respondió principalmente al mayor dinamismo de los volúmenes exportados, en un escenario externo relativamente más favorable que en períodos anteriores.

Otro dato destacado es que las exportaciones regionales se aceleraron durante la segunda mitad de 2025, en sintonía con la recuperación del comercio mundial, aunque con persistencia de incertidumbre vinculada a políticas comerciales globales y tensiones geopolíticas.

En el desagregado por subregiones, el BID estima que las exportaciones de Sudamérica aumentaron 5,1% en 2025, tras haber crecido 4,4% en 2024, con impulso desde Asia, la Unión Europea y la propia subregión sudamericana. En términos logísticos, la dirección de esos flujos refuerza la importancia de operar con eficiencia tanto en rutas de larga distancia como en los corredores regionales.

El informe también incorpora una lectura sobre integración: las importaciones intrarregionales de América Latina y el Caribe revirtieron la caída de 2024 y crecieron 3,6% en 2025.

Sin embargo, como las importaciones totales se aceleraron con mayor fuerza (de 3,2% en 2024 a 6,1% en 2025), la participación del comercio intrarregional en el total descendió de 13,7% a 13,2%. La región compra más, pero el intercambio dentro de América Latina no gana, proporcionalmente, el protagonismo que podría esperarse.

Hacia adelante, el BID sostiene que, aunque la región muestra señales de recuperación, el comercio internacional seguirá exigiendo condiciones más sólidas. En esa línea, plantea la necesidad de reformas estructurales e inversiones que fortalezcan la productividad, remuevan obstáculos y promuevan exportaciones e inversión para que el comercio continúe siendo un motor del crecimiento.

[rev_slider alias="web-product-light-hero-3d1"][/rev_slider]