El comercio internacional enfrenta restricciones geopolíticas que transforman su funcionamiento. Hoy es, a la vez, víctima de los conflictos globales y arma en manos de los Estados. Esa fue la tesis central de la Dra. Julieta Zelicovich en el Reporte Geopolítico de GlobalPorts Canal. La especialista en relaciones internacionales de la UNR dialogó con Juan Carlos Venesia, director del Instituto de Desarrollo Regional, y el Dr. Esteban Actis, doctor en RRII e investigador de la UNR.
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La emisión del martes 9 de junio abordó dos ejes centrales. Primero, el impacto de las tensiones geopolíticas sobre los flujos comerciales. Segundo, el resurgimiento de la política industrial como herramienta de seguridad nacional. El análisis se respaldó en datos de la OMC, el FMI y reportes recientes de organismos internacionales.
Comercio como arma y como víctima: una doble lectura
Zelicovich explicó que el concepto surgió de su investigación académica durante el conflicto entre Rusia y Ucrania. Hoy cobra mayor vigencia que nunca. La primera dimensión indica que el comercio se contrae en contextos de conflicto. Suben los precios de los fletes y se encarecen los commodities vinculados a los países beligerantes. Crece además la aversión al riesgo entre quienes evalúan nuevas operaciones.
La segunda dimensión es el uso deliberado del comercio como mecanismo de coerción. Se trata de obligar a un adversario a actuar de un modo que de otra forma no haría. El instrumento es la ruptura de los flujos comerciales internacionales. Esta dinámica se aceleró en los últimos cuatro años. Se intensificó especialmente desde el inicio de la segunda administración de Donald Trump.
Los datos respaldan el diagnóstico. Las tensiones geopolíticas de 2025 explican una caída de 0,2 puntos en las proyecciones del PBI global. También generan un incremento de 0,3 puntos en la inflación mundial. La OMC estima que el conflicto puede mover hasta un punto porcentual el crecimiento del comercio internacional. Hoy, uno de cada cinco contenedores circula afectado por algún tipo de restricción.
El arancel reposicionado: cuatro usos en el nuevo orden global
Zelicovich distinguió cuatro funciones actuales del arancel. La primera es la protección de industrias estratégicas en el marco del reshoring y nearshoring.
La segunda es la coerción directa sobre otros Estados para modificar sus políticas internas. La tercera es la atracción de cadenas de valor hacia territorios nacionales o aliados. La cuarta es la reestructuración sistémica del orden global. Esta última función fue definida por el propio USTR como un mecanismo para reformar la Organización Mundial del Comercio.
¿Desglobalización o reconfiguración?
Zelicovich rechazó la narrativa de la desglobalización con datos concretos. «Los niveles de interdependencia están hoy en valores más altos que en 1990, en 2005 o en 2015″, afirmó. Su tesis es que no hay menos comercio, sino comercio con nuevas reglas. No es el fin de la globalización: es su reconfiguración.
Actis reforzó ese punto con un dato revelador. En 2025, Argentina registró el mayor crecimiento porcentual de comercio con China. Esto ocurrió pese a mantener uno de los alineamientos geopolíticos más cercanos a Washington en Naciones Unidas. «El buque que llega a Zárate con autos eléctricos BYD muestra justamente esa situación«, graficó.
La fragmentación por bloques rígidos tampoco se sostiene en los números. El comercio al interior de esferas de influencia afines crece apenas un 0,4% más que el comercio entre bloques adversarios. Una diferencia que no alcanza para hablar de compartimentos estancos, coincidieron los analistas.
Minerales críticos: la excepción a la regla
El sector donde la geopolítica sí impone restricciones reales es el de los minerales críticos. Zelicovich describió acuerdos que garantizan suministro a grandes potencias a cambio de inversiones y transferencia de tecnología. Pero esos convenios congelan la capacidad de los países productores de procesar sus recursos en territorio. «Todos asumen un rol de exportadores de materias primas en estado crudo«, advirtió. La posibilidad de agregar valor o desarrollar cadenas tecnológicas locales es baja o nula.
El Super RIGI y la apuesta geopolítica argentina
Actis analizó el posicionamiento de Argentina en este tablero global. Describió el RIGI como un instrumento para potenciar ventajas comparativas existentes, como minería e hidrocarburos. El Super RIGI, en cambio, apunta a crear ventajas que Argentina hoy no tiene. Se trata de infraestructura de datos, semiconductores y tecnología habilitante para inteligencia artificial.
«Es una apuesta para nada liberal. Es una intervención clara del Estado para generar ventajas competitivas», dijo Actis. Señaló que los 18 proyectos aprobados bajo el RIGI superan los 22.000 millones de dólares en anuncios de inversión. Ninguno tiene capital chino como titular. La nota publicada por el presidente Milei y el ministro Federico Sturzenegger —titular de Desregulación y Transformación del Estado— en el Financial Times fue, en ese marco, un mensaje directo a las grandes corporaciones tecnológicas occidentales.
La paradoja, sin embargo, persiste. Varios proyectos con capitales occidentales importan insumos desde China por razones de costo. «La globalización se fragmenta, pero subterráneamente sigue teniendo canales hiperglobalizados muy marcados», concluyó Actis.
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