La congestión portuaria en China se agravó este fin de semana tras el paso del tifón Dolphin. La tormenta tocó tierra el domingo en la provincia de Zhejiang y obligó a suspender de forma escalonada las operaciones en Shanghái y Ningbo-Zhoushan, los dos complejos portuarios más importantes del país.
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Dolphin llegó a la costa con vientos de 151 km/h, lo que lo convierte en el ciclón más potente que golpeó China en lo que va de 2026. El cierre se suma a patios ya saturados y preocupa a los exportadores e importadores sudamericanos que dependen de esa ruta.
El segundo evento disruptivo en un mes
Dolphin no fue un hecho aislado. Fue la 13ª tormenta de la temporada 2026 y llegó semanas después del cierre de Shanghái por el tifón Bavi, entre el 11 y el 13 de julio. Es la segunda vez en menos de treinta días que el corredor portuario más importante de Asia detiene actividad por causas meteorológicas.
El tifón tocó tierra cerca de Yuhuan, en el este de Zhejiang, alrededor de las 17:30 hora local del domingo, según las autoridades meteorológicas chinas.
Algunos reportes registraron incluso un segundo contacto con tierra en la zona de Wenzhou, poco después. Más de un millón de personas fueron evacuadas de zonas de riesgo y se cancelaron más de mil vuelos en el este del país.
Las operaciones se habían detenido preventivamente en Zhoushan, puerto clave de reabastecimiento, y también en Ningbo y Changjiangkou. El puerto de Yangshan, en Shanghái, quedó despejado de embarcaciones antes de la llegada de la tormenta. Algunos servicios ferroviarios del delta del Yangtsé se suspendieron desde el fin de semana.
Tras el landfall, se espera que Dolphin se desplace hacia el oeste y pierda fuerza sobre el centro y sudoeste de China. Ese proceso podría prolongar las lluvias intensas y elevar el riesgo de inundaciones y deslizamientos, en particular en zonas montañosas y a lo largo de ríos menores.
Patios saturados antes de la llegada de la tormenta
La congestión no comenzó con el tifón. Antes del cierre, las principales terminales de Shanghái ya registraban demoras de entre 4,4 y 8 días. En Ningbo, la ocupación de los patios llegaba a rangos de entre 90% y 98%, con dificultades para conseguir turnos de carga.
En los días previos al landfall se suspendió también el reabastecimiento de combustible para buques en las principales operaciones marítimas de China. Se frenaron numerosas rutas de ferry y se ordenó la evacuación de embarcaciones pesqueras, además de prohibirse el ingreso de buques al río Yangtsé.
El sector advierte que el problema es recurrente. Tras el tifón Bavi de julio, Shanghái había logrado retomar un ritmo de 172.000 TEU diarios, pero el retraso acumulado no se había absorbido por completo cuando llegó Dolphin.
Qué implica para el comercio exterior sudamericano
Para los exportadores sudamericanos de soja, mineral de hierro y cobre con destino a China, el impacto es concreto. Se traduce en menor disponibilidad de contenedores para el tramo de regreso y mayor presión sobre las tarifas de flete. También implica la reprogramación de itinerarios navieros en las próximas semanas.
Los operadores de la región ya monitorean estos desvíos como parte de la volatilidad habitual del comercio con Asia. Pero la seguidilla de dos cierres en un mes profundiza la incertidumbre sobre los cronogramas de entrega.
Los importadores sudamericanos de insumos chinos enfrentan un riesgo similar. Fertilizantes, maquinaria, autopartes y componentes electrónicos podrían llegar con retraso y sobrecostos de almacenaje.
El impacto no se limita a Shanghái y Ningbo. Fuentes del sector logístico identifican como efecto secundario a los principales puntos de transbordo de la región: Singapur, Busan y Manila. Esos nodos también canalizan buena parte del tráfico de contenedores entre Sudamérica y Asia. Una demora en el corredor chino puede trasladarse así a las conexiones que usan las cargas sudamericanas para llegar a destino.
Una vulnerabilidad estructural, no solo climática
Dos cierres en treinta días, en el mismo corredor, reabren un debate que excede lo meteorológico. La concentración del comercio marítimo mundial en un puñado de terminales de alto volumen deja poco margen ante eventos disruptivos, sean climáticos, sanitarios o de otro tipo.
Sudamérica discute en paralelo la diversificación de sus propias rutas y nodos logísticos. El episodio recuerda que la eficiencia de los grandes hubs asiáticos no está exenta de fricciones. Esas fricciones terminan repercutiendo miles de kilómetros más allá de su costa.
Fuentes consultadas: Bloomberg; Reuters (vía CBC News y NBC News); Al Jazeera; CNBC; The Maritime Executive; Asia Supply Chain Weather Center (SEKO Logistics).







