Por Violeta García, GlobalPorts
América del Sur avanza en la promoción de corredores logísticos de conexión Atlántico–Pacífico, ambiciosos proyectos que buscan potenciar el comercio intercontinental, acortar distancias, integrar territorios y ofrecer alternativas más eficientes al comercio global. Sin embargo, su concreción enfrenta desafíos estructurales y una realidad logística que invita a una reflexión crítica.
En la mayoría de los casos, la lentitud en el avance de estos proyectos logísticos no sólo obedece a los costos —millonarios— o a los desafíos técnicos —monumentales—, sino también a la falta histórica de coordinación política regional.
El proyecto más avanzado es el Corredor Logístico Atlántico–Pacífico Vial que une Brasil, Paraguay, Argentina y Chile. Impulsado con fuerza por los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Gabriel Boric, quienes firmaron en abril de 2025 una serie de acuerdos bilaterales, contempla más de 2.400 kilómetros de rutas viales. Chile ha presentado un plan integral de infraestructura para modernizar carreteras y puertos como Antofagasta, Mejillones e Iquique.
Otra iniciativa en marcha es el Corredor Ferroviario Central, que conectaría el puerto brasileño de Santos con el megapuerto de Chancay, en Perú, vía Bolivia. Con respaldo de inversiones chinas —acordadas durante los encuentros entre Lula da Silva y Xi Jinping—, este corredor aspira a ser una vía estratégica hacia Asia, aunque todavía está en fase de planificación y búsqueda de financiamiento, con un costo estimado de 3.500 millones de dólares.

En paralelo, se encuentran proyectos como el Corredor Central por Agua Negra, que uniría San Juan (Argentina) y Coquimbo (Chile) mediante un túnel binacional, aunque su ejecución ha perdido impulso frente a alternativas más inmediatas como el corredor vial norte.
Finalmente, el proyecto ferroviario Brasil–Perú vía Ucayali busca integrar zonas de la Amazonía peruana con el puerto de Chancay, también con el objetivo de optimizar la conexión terrestre entre ambos océanos.
¿Más eficientes que el transporte marítimo?
Una cuestión central sobre estos corredores es si realmente ofrecerán más ventajas económicas en comparación con el tradicional transporte marítimo. Diversos estudios técnicos advierten que, en términos de costo por tonelada-kilómetro, el transporte marítimo sigue siendo mucho más económico que cualquier conexión terrestre.
Según un informe de la CEPAL, el transporte marítimo aprovecha de forma notable las economías de escala: mover cargas de gran volumen (de 100 a 10.000 toneladas) puede reducir los costos de transporte por tonelada en un 43% (CEPAL, 2022).
Además, duplicar la distancia en el transporte marítimo sólo incrementa los costos en un 16,5%, mientras que en el transporte terrestre el impacto es proporcionalmente mucho mayor.
En América Latina, los costos de transporte terrestre pueden ser muy elevados: por ejemplo, en Colombia se estiman en unos 500 pesos colombianos por tonelada-kilómetro (aproximadamente 115 pesos chilenos por tonelada-kilómetro) (SUBTRANS Chile, 2020).
Finalmente, los megabuques de última generación pueden transportar hasta 24.000 TEUs (unidades equivalentes a veinte pies), lo que permite reducir aún más los costos unitarios de transporte marítimo, y confirma que, para mercancías de gran volumen y bajo valor agregado, el comercio por vía marítima sigue siendo insustituible.
Entonces, ¿por qué se impulsan estos corredores logísticos?
En la promoción de éstos proyectos logísticos de conexión terrestre entre el oceáno Atlántico y Pacífico se mencionan que:
- Reducen tiempos de traslado en cargas sensibles (alimentos frescos, minerales estratégicos, manufacturas de alto valor).
- Conectan regiones interiores tradicionalmente relegadas de los grandes flujos internacionales.
- Ofrecen alternativas frente a riesgos de congestión, conflictos o cambios en los corredores marítimos tradicionales.
- Estimulan economías regionales al crear nuevos polos logísticos e industriales en zonas interiores de Sudamérica.
Aunque en costos puros el transporte terrestre es más caro, la reducción de tiempos y la apertura de nuevos mercados podrían justificar el desarrollo de estos corredores para ciertos tipos de mercancías y regiones.
Estos corredores logísticos de conexión Atlántico–Pacífico, pueden ser ejes de integración física y económica de diversas regiones de América del Sur. Aunque no reemplazan al comercio marítimo tradicional en términos de costos globales, tienen el potencial de complementarlo estratégicamente, diversificando rutas y abriendo nuevas oportunidades de desarrollo regional.
Hoy, con líderes como Lula da Silva, Gabriel Boric y el creciente interés chino, la región parece tener una ventana de oportunidad para transformar viejos sueños integracionistas en realidades concretas.
La pregunta que queda es si esta vez habrá suficiente perseverancia política y visión estratégica para recorrer el largo y difícil camino de construir las rutas terrestres necesarias para unir el Atlántico del Pacífico.






