La eventual implementación de un sistema de cuotificación para la pesquería de langostino fue uno de los ejes más sensibles del Foro PescAR 2026, realizado el 5 de marzo en Puerto Madryn, en un panel que puso en tensión —sin eufemismos— los tres pilares del negocio: biología, economía y legalidad.

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Bajo el título “Cuotificación: bases de un modelo pesquero innovador y sostenible”, el intercambio reunió a Otto Wöhler (director nacional del INIDEP), Arturo Idoyaga Molina (funcionario del área nacional de pesca y fiscalización) y Damián Santos (representante de CAPIP y CEO del Grupo San Isidro).

El punto de partida fue claro: la cuotificación no aparece como una idea nueva en el horizonte, sino como un mecanismo previsto por el marco normativo pesquero, cuyo debate —en el caso del langostino— abre preguntas técnicas y políticas sobre cómo diseñarlo, a quién incluir y con qué resguardos.


“No es una opción”: el argumento legal que aceleró la discusión

Idoyaga Molina llevó la discusión al terreno institucional y sostuvo que el debate no se presenta como una alternativa voluntaria, sino como un mandato legal que el sistema pesquero debe abordar. En esa línea, afirmó: Lo primero que hay que poner sobre la mesa es que la cuotificación no es una opción, es un mandato legal”, y agregó que el esquema actual estaría en falta respecto de lo que fija la Ley Federal de Pesca.

El funcionario explicó que el proceso se encuentra en una etapa de análisis técnico, apoyado en información de largo plazo: historial de capturas, monitoreo de la actividad y registros de pesca legal. Según lo expuesto en el panel, se está trabajando con bases de datos de alrededor de treinta años para construir una primera “foto” del estado actual de la pesquería y delimitar el universo de embarcaciones con condiciones legales para participar. Luego, se abriría una instancia de consulta para escuchar a los distintos sectores y avanzar hacia consensos que, finalmente, deberán resolverse en el Consejo Federal Pesquero.


El diagnóstico empresario: más poder de pesca, más presión y señales de agotamiento

Desde la perspectiva empresarial, Damián Santos reconoció que el sistema actual permitió un crecimiento significativo de la pesquería de langostino, pero advirtió que el modelo comienza a mostrar señales de agotamiento. El argumento central fue el aumento del poder de pesca: con los mismos días y en las mismas zonas, hoy se captura más, lo que incrementa el esfuerzo total sobre el recurso. Esa dinámica, señaló, puede elevar la mortalidad y empieza a repercutir en el plano económico y comercial.

En ese contexto, Santos planteó que el objetivo de la cuotificación sería equilibrar variables biológicas y económicas para ordenar la actividad y priorizar calidad y valor por encima del volumen. La lógica propuesta: pasar de “pescar más” a “pescar mejor”, aunque sin prometer atajos. Según su visión, se trata de un proceso que exige estudio, reglas claras y tiempos de implementación realistas.


La mirada científica del INIDEP: mejores herramientas y biomasa estable

Otto Wöhler aportó el componente técnico y recordó que los sistemas de cuotas ya se aplican en Argentina a un número limitado de pesquerías, y que su extensión al langostino implicaría un desafío relevante para la gestión. Sin embargo, sostuvo que hoy existen mejores herramientas que en años anteriores para estimar capturas y proyectar escenarios, debido a avances en los modelos de evaluación biológica.

El director nacional del INIDEP destacó, además, que en los últimos años se registró una estabilidad notable en la biomasa del langostino, asociada a medidas de manejo que habrían reducido presiones sobre juveniles y reproductores y favorecido el reclutamiento en aguas nacionales. En esa lectura, la discusión sobre cuotas aparece habilitada por un punto clave: mayor capacidad de predicción y análisis para diseñar un esquema con base técnica.


El problema de fondo: “pesca olímpica” y eficiencia creciente de la flota

Uno de los conceptos que atravesó el panel fue el riesgo de una dinámica tipo “pesca olímpica”: una carrera por capturar antes que el resto, impulsada por incentivos de corto plazo, por la incertidumbre y por el avance tecnológico. Wöhler describió un fenómeno que tensiona el modelo vigente: la creciente eficiencia permite que buques que antes no llegaban a determinadas zonas hoy sí lo hagan, lo que incrementa el esfuerzo pesquero total y complejiza el control.

Un sistema de cuotas, en cambio, permitiría —según los expositores— una mayor organización: planificar cuánto capturar, cuándo hacerlo y cómo posicionar la producción en el mercado. Esa previsibilidad tendría impacto directo sobre la cadena industrial: logística, procesamiento, calidad, valor y estrategia comercial.


Los “candados” del sistema: concentración, descarte y controles

Hacia el cierre, el panel marcó un punto crítico: un régimen de cuotas no es automáticamente virtuoso si no se diseñan mecanismos de control y de resguardo. Entre los riesgos mencionados estuvieron la concentración excesiva de cuotas, la incorporación de nuevos actores por “reformulaciones” si el sistema no queda cerrado, y la necesidad de controles rigurosos para evitar descarte y subdeclaración.

Santos, por su parte, insistió en que si el objetivo es ordenar, el sistema debe reducir incentivos para la informalidad y diferenciar con claridad entre quienes cumplieron reglas y quienes ingresaron por vías cuestionables. En esa lógica, la cuotificación aparece no solo como un instrumento de manejo biológico, sino como una discusión sobre equidad, legalidad y previsibilidad.


Un debate que recién empieza, con el Consejo Federal Pesquero como arena decisoria

El consenso explícito del panel fue que la discusión recién comienza. La eventual cuotificación del langostino requerirá estudios técnicos finos, definiciones legales operativas y, sobre todo, un proceso político-institucional que termine de resolverse en el Consejo Federal Pesquero.

Para la industria, el debate no es menor: toca el corazón del negocio, define reglas de acceso, reorganiza incentivos y condiciona el modo en que se planifica la temporada. Para el Estado y el sistema científico, el desafío será traducir datos y modelos en una arquitectura de administración que sostenga al recurso y, a la vez, no fracture a la cadena productiva.

En Puerto Madryn, el Foro PescAR 2026 volvió a instalar la pregunta central: si el langostino es el motor, ¿qué sistema lo sostiene en el tiempo?

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