Los recientes eventos del mercado muestran que las decisiones políticas relacionadas con el producto deben despegarse de la coyuntura e implementarse a largo plazo.

Por JAN KOK

Recientemente se propuso encapsular el Gas Natural Licuado (GNL) de forma tal que la producción, transporte y comercialización se despeguen totalmente del mercado interno

Partiendo de la base que Argentina vive en contra temporada de los grandes consumidores del norte se corre con la ventaja de los precios correspondientes. Cuando sobra en Argentina los precios en el norte son superiores a la media y cuando falta se produce lo contrario.

Los recientes eventos del mercado dan prueba que las decisiones políticas relacionadas con el gas necesariamente tienen que estar despegadas de la coyuntura y ser elaboradas e implementadas a largo plazo y de manera totalmente férreas e inamovibles.

Van dos ejemplos a continuación.

Durante nuestro invierno los precios en el norte estuvieron sumamente deprimidos. Esto beneficia la importación de GNL cuando es necesaria. Es así como en julio el precio entregado en China no pasaba de los u$s 3 el millón de BTU (MMBTU), en octubre ya estaban superando los u$s 7 y en estos días, por cuestiones de imprevisibilidad o por extremos fríos, ya hubo una venta reportada a Trafigura para entrega en Lejano Oriente a u$s 39,30 por MMBTU (aunque el precio corriente salvo esta excepción es algo superior a los u$s 20). Puesto en dólares por cada embarque de 150.000m3 de GNL, los valores hubieran sido de orden de respectivamente u$s 9,5/20/131 millones.

De haber contratos de exportación de largo plazo no se afectaría la rentabilidad de los productores y comercializadores por estas fluctuaciones ya que se aplanan los extremos y se da previsibilidad a una inversión de la magnitud que requiere uno de estos proyectos que, seguramente como lo es en el resto del mundo, es viable en tanto que se cumplan condiciones de estabilidad previsibles.

Otro análisis interesante es la contratación y terminación anticipada de la barcaza de licuefacción Tango. Tan mala fue su contratación como su terminación si se ve en perspectiva. La contratación fue hecha como un ejercicio de un proyecto de exportación mayor con ventas spot de las cargas resultantes. Por su capacidad y forma de comercializar el GNL no podía ser un buen negocio, aunque viendo el mercado actual quizás otro hubiese sido el resultado. Tampoco lo fue su rescisión anticipada a un costo de u$s 150 millones. Viendo el análisis anterior y simplificando algo que es realmente más complejo, casi con una sola venta en contra temporada se podría haber extendido su operación hasta la finalización del contrato o mejor oportunidad sin costos. Fácil con el diario del día anterior pero ambas decisiones fueron hechas con criterios cortoplacistas con efecto solamente de publicidad política coyuntural que suelen no ser muy buenas.

Si concluimos que una planificación a larga plazo evita estos picos y valles también hay que considerar que con un programa de exportaciones encapsulado se logran beneficios complementarios que no son menores. Entre otros:

– Mayor volumen de producción con incremento y mantenimiento a largo plazo de puestos de trabajo y estabilidad a contratistas.

– Previsibilidad de retorno sobre la inversión.

– Posibilidad de crear una flota controlada y tripulada por argentinos.

– Monetización de gas venteado al haber una demanda constante, previsible y con su propia logística adecuada a optimizar su uso.

Este enfoque permite claramente interpretar la necesidad de políticas de largo plazo, entendiendo por las mismas que se excedan periodos electorales de solo 4 años cuando las decisiones que deben ser tomadas para la duración de un proyecto de este tipo que nunca es menor de los 30 años. No es tan difícil de entender.

Fuente: Transport & Cargo, El Cronista

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