Tras la reunión en Corea entre Trump y Xi Xinping, las potencias acordaron la reducción de aranceles por un año, el retorno de las compras de soja norteamericana y el cese de las tasas portuarias cruzadas y de los controles a las exportaciones de tierras raras.
Por Diego Bercholc*
Luego de meses de tensiones crecientes y cerca del vencimiento de la tregua comercial alcanzada en abril y luego prorrogada, Estados Unidos y China acordaron una nueva tregua comercial por un año, tras la reunión que mantuvieron Donald Trump y Xi Xinping en la ciudad surcoreana de Busan.
El entendimiento, que abarca cuestiones centrales en disputa en los últimos meses como aranceles, comercio agrícola, tierras raras y tasas portuarias, podría generar un escenario de mayor estabilidad en los mercados para lo que queda de 2025 y para 2026, aunque se mantendrá la incertidumbre respecto al reacomodamiento de los flujos comerciales, las cadenas globales de suministro y la producción industrial.
Los puntos centrales del acuerdo
Según comunicaron ambas partes, en el marco del acuerdo Washington reducirá los aranceles aplicados a las importaciones chinas del 57 % al 47 %, un gesto destinado a aliviar las presiones inflacionarias internas y dar oxígeno a los sectores industriales norteamericanos que dependen de insumos asiáticos.
Entre las medidas específicas destaca la rebaja del llamado “arancel del fentanilo”, impuesto durante la gestión anterior sobre productos químicos vinculados a la crisis de opioides en EE. UU., que pasará del 20 % al 10 %. La decisión tiene un alto contenido político y simbólico: asocia el comercio bilateral a la cooperación en materia de salud y seguridad.
China, por su parte, acordó suspender por un año los controles de exportación sobre tierras raras y minerales críticos, una concesión significativa que relaja la presión sobre industrias globales dependientes de estos materiales —desde la electromovilidad hasta la defensa.
En tercer lugar, ambas partes congelaron también por un año las nuevas tasas portuarias excepcionales que se habían impuesto mutuamente desde octubre contra los buques del otro país. Estas tasas afectaban a embarcaciones de bandera, construcción, operación o propiedad del adversario.
En cuarto lugar, el comunicado oficial chino señaló que Beijing trabajará con Washington para “gestionar adecuadamente los asuntos relacionados con TikTok”, en alusión al acuerdo que permitirá que su filial en EEUU quede bajo propiedad mayoritariamente estadounidense. El traspaso podría completarse en los próximos meses.
Además, Beijing retomará las compras agrícolas estadounidenses, con compromisos de aproximadamente 12 millones de toneladas de soja en el corto plazo y una meta de 25 millones anuales durante los próximos tres años, según fuentes de prensa. Recordemos que en los últimos meses, Trump enfrentaba una creciente crítica interna de los farmers norteamericanos, quienes no habían podido colocar una sola tonelada a China desde el inicio de la cosecha, mientras el gigante asiático aumentaba sus compras a Brasil y Argentina.
Trump adelantó que planea viajar a China en abril de 2026 para mantener un nuevo encuentro con Xi. El Gobierno chino, por su parte, señaló que la visita tendrá lugar “a principios del próximo año” y que ambos jefes de Estado “acordaron mantener intercambios regulares”.
Una tregua, no una solución
Los acuerdos alcanzados en Busan y reafirmados en la última ronda técnica en Kuala Lumpur fueron presentados como una “tregua de un año”. Su objetivo inmediato es frenar la espiral de represalias y estabilizar los flujos comerciales, pero no implican una resolución estructural del conflicto.
Quedan fuera de esta pausa algunos de los temas más espinosos:
- Las subvenciones industriales y la participación del Estado chino en sectores estratégicos,
- La protección de la propiedad intelectual y tecnológica, y
- Las restricciones al comercio de semiconductores y equipos de inteligencia artificial, donde las tensiones siguen en aumento.
El texto final del entendimiento, según medios estadounidenses, carece de mecanismos claros de verificación o sanción en caso de incumplimiento, lo que convierte esta tregua en un ejercicio de confianza política más que en un acuerdo de fondo.
Agricultura, energía y minerales: las claves del reequilibrio
El comercio agrícola vuelve a ocupar el centro del tablero. La reanudación de compras chinas de soja y otros granos estadounidenses modifica las dinámicas de competencia global. Durante los años de enfrentamiento arancelario, Argentina y Brasil habían ganado protagonismo como proveedores alternativos. Ahora, con la reapertura del canal comercial entre Beijing y Washington, el mapa puede volver a desplazarse.
Las mejores perspectivas de colocación para la soja norteamericana empujaron el precio internacional en Chicago hacia arriba, cerrando la semana por encima de los US$400 la tonelada.
Hasta ahora Brasil y Argentina venían siendo el único proveedor de soja a China en ausencia de EE.UU., cuya reaparición podría descomprimir el mercado y beneficiar en precios al productor estadounidense, en desmedro de una menor colocación de la soja sudamericana.
En este sentido, según un reciente informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, la industria aceitera atravesaba uno de sus mejores momentos del año y la molienda de soja alcanzó en septiembre un récord histórico para el mes, con 4,13 millones de toneladas procesadas. El acumulado de la campaña ya supera las 23 millones de toneladas, un 4% por encima del promedio de la última década para esta altura del ciclo productivo.
Este desempeño se explica por la combinación de una fuerte demanda industrial interna y el flujo sostenido de compras de porotos por parte de China, que impulsa tanto el nivel de exportaciones como el ritmo de comercialización local. Al 15 de octubre, el mercado argentino había comprometido 38 millones de toneladas de soja, equivalentes al 77% de la producción estimada para esta campaña, el mayor avance proporcional de los últimos catorce años, excluyendo los períodos de sequía.
En paralelo, la suspensión de controles sobre las exportaciones chinas de tierras raras beneficia a los grandes consumidores tecnológicos —Estados Unidos, la Unión Europea, Corea del Sur y Japón—, pero también introduce una variable de incertidumbre: ¿qué ocurrirá cuando la “pausa” de un año termine?. Por su parte, EE.UU. tendría la obligación recíproca de evitar los controles de exportaciones de chips y, en ese sentido, se iniciarían conversaciones con NVIDIA.
Para América Latina, estas discusiones son relevantes. El mercado de minerales críticos (litio, cobre, tierras raras) se ha convertido en un punto de atracción estratégica tanto para China como para Occidente, y el comportamiento de Beijing en este terreno será observado con atención por países como Chile, Argentina o Bolivia.
Un pulso global con impacto regional
La tregua llega en un contexto de incertidumbre y fragilidad económica internacional, con presiones inflacionarias persistentes, desaceleración del comercio marítimo y una reconfiguración de las rutas logísticas tras la crisis del Mar Rojo.
Para el sector portuario y logístico, el respiro entre las dos mayores potencias comerciales del planeta puede significar una ventana de estabilidad, aunque efímera. Las terminales portuarias vinculadas al tráfico Asia–Pacífico y las cadenas de valor agrícolas podrían experimentar un repunte de movimientos, mientras se recalibran las rutas y contratos suspendidos por la incertidumbre arancelaria.
Sin embargo, los grandes desequilibrios permanecen intactos. Ni el déficit comercial estadounidense ni la dependencia estructural de China del mercado externo se resuelven con un año de tregua. En términos políticos, ambos gobiernos parecen buscar tiempo: Trump para sostener la narrativa de que puede “controlar” a China sin sacrificar empleo ni industria, y Xi para preservar la estabilidad interna en medio de la desaceleración y la presión sobre el yuan.
Lo que no se dice
Más allá de los anuncios, el acuerdo deja zonas grises. No se conoce aún el listado completo de bienes incluidos en la rebaja arancelaria, ni cómo se aplicarán los cupos agrícolas. Tampoco se ha precisado si las restricciones sobre la exportación de tecnología estadounidense a empresas chinas —en especial las vinculadas a la inteligencia artificial y a la ciberseguridad— serán objeto de revisión durante la tregua. El carácter provisorio de los compromisos hace que la confianza se convierta en la variable central del proceso.
En definitiva, el entendimiento de Busan marca un alto en el fuego, no el final de la guerra comercial. Ambos países parecen haber comprendido que una escalada sin límites no solo erosiona su propio poder económico, sino que arrastra consigo la estabilidad del comercio mundial.
Para América Latina, y en particular para las economías exportadoras de alimentos y minerales, este nuevo escenario abre un espacio de observación privilegiado: cómo reaccionen los mercados agrícolas, energéticos y logísticos ante la distensión entre Washington y Beijing puede redefinir estrategias comerciales y portuarias en los próximos meses.
Por ahora, la tregua permite respirar. Pero las causas de fondo —tecnología, hegemonía y control de recursos estratégicos— permanecen donde estaban: bajo la superficie del conflicto, a la espera del próximo movimiento.
*Diego Bercholc es Abogado Administrativista, Máster en derecho y economía;
Gerente de GlobalPorts






