Toda la producción adicional que Compañía Mega genera desde mayo en su planta fraccionadora tendrá destino externo. En consecuencia, la exportación de GLP desde Bahía Blanca deja de ser un excedente coyuntural y se consolida como política estructural del negocio.
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Además, la compañía suma un argumento nuevo para colocar ese volumen: la ubicación de la Argentina como proveedor confiable. Así lo planteó su CEO, Tomás Córdoba, entrevistado por la periodista Sofía Diamante en el summit de Energía de LA NACION.
El argumento geopolítico detrás de cada embarque
El ejecutivo fue explícito al describir el atractivo argentino en el contexto actual. Señaló que este año se puso en valor como nunca la posición geográfica del país. Asimismo, destacó la capacidad argentina de posicionarse con solidez como proveedor energético mundial.
Sobre los 25 años de operación ininterrumpida de Mega, agregó que la empresa demostró ser un abastecedor confiable. Por eso subrayó que «estamos alejados de zonas de conflicto que pueden generar interrupciones».
La frase tiene una traducción portuaria directa. En un mercado marcado por tensiones en rutas sensibles, la previsibilidad operativa se vuelve un diferencial comercial concreto. De hecho, ya no se trata solo de tonelaje disponible. También importa la certeza de que el buque carga y zarpa en la ventana pactada.
Por qué crecen las ventas al exterior
Uno de los conceptos más precisos de la entrevista corrige una lectura habitual del sector. Córdoba aclaró que las exportaciones de Mega no crecen por una decisión de prioridad comercial. En cambio, crecen porque la demanda se encuentra fuera del país.
El mercado local de GLP, que abastece garrafas y redes, ya está completamente cubierto. Por lo tanto, cada tonelada adicional solo tiene salida por el muelle.
La lógica replica la del crudo, donde cada barril incremental de Vaca Muerta se orienta a los mercados internacionales. Sin embargo, en los líquidos del gas el fenómeno se acentúa. La gasolina natural prácticamente no se consume en la Argentina y se coloca en plantas industriales de mercados como Estados Unidos.
Los números que sostienen la exportación de GLP desde Bahía Blanca
La compañía cerró 2025 con una facturación de US$650 millones. Aproximadamente la mitad de ese total correspondió a ventas externas. No obstante, con las ampliaciones en régimen esa proporción cambia de forma estructural.
En cuanto a destinos, Córdoba ratificó que el GLP encuentra su cliente natural en la región. Brasil encabeza el ranking por eficiencia logística. Además, la compañía ya concretó embarques hacia mercados lejanos como India y no percibe complejidades logísticas para atenderlos. La lectura para el sector resulta clara: la terminal bahiense está preparada para operar más allá del corredor regional.
La cadena física que habilita cada carga
El sistema arranca en Loma La Lata, donde Mega realiza la separación primaria del gas neuquino. Allí captura los líquidos asociados. Luego, un poliducto propio e integrado de unos 600 kilómetros los traslada hasta Bahía Blanca.
En la planta bahiense esos líquidos se fraccionan en etano, propano, butano y gasolina natural. El etano abastece a Dow para producir polietileno. Mientras tanto, propano y butano se reparten entre mercado interno y exportación.
La salida se resuelve en el sector de Cangrejales, entre Ingeniero White y Galván. Allí la compañía opera un muelle propio de 270 metros. Esa infraestructura permite cargar buques de más de 40.000 toneladas sin depender de sitios multipropósito. En consecuencia, la terminal despacha más de 40 buques por año. Sus exportaciones crecieron 33% interanual entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025, hasta 648.113 toneladas.
Inversiones para anticiparse al cuello de botella
Consultado sobre infraestructura, Córdoba enmarcó la estrategia en anticiparse al incremento de producción. El objetivo consiste en evitar que la capacidad instalada se convierta en un freno.
La compañía atraviesa un ciclo de inversiones de unos US$600 millones. La primera etapa ya está completa. Se trata de la ampliación de Bahía Blanca, puesta en marcha en mayo, que eleva hasta un 50% la producción de líquidos del gas natural.
La segunda etapa cuenta con aprobación bajo el RIGI por US$360 millones. Esta fase apunta a ampliar la capacidad de separación, transporte y producción. Además, el componente logístico resulta central. Se incorporarán dos estaciones de bombeo sobre el poliducto, en La Pampa y en Río Negro. De ese modo llegará más producto a Bahía Blanca y la ampliación podrá aprovecharse en plenitud.
Con Vaca Muerta proyectada hacia el millón de barriles diarios, el eslabón bahiense define cuánto de ese potencial se convierte en divisas. Por eso, la exportación de GLP desde Bahía Blanca seguirá marcando el pulso del estuario. El muelle, otra vez, es donde se cierra la ecuación.
Fuentes consultadas: La Nación






