Por GlobalPorts

Un siniestro registrado en la terminal Karachi International Container Terminal, sobre la costa del mar Arábigo, dejó al menos 20 contenedores destruidos. Sin víctimas reportadas, el episodio reabre el debate sobre la gestión portuaria de mercancías peligrosas y cargas mixtas.

Un incendio de grandes proporciones se desató el viernes 16 de enero en el Puerto de Karachi, el principal nodo marítimo de Pakistán y uno de los puntos de entrada y salida más relevantes del comercio exterior del país, ubicado sobre el mar Arábigo, en el extremo sur del territorio paquistaní, dentro de la provincia de Sindh.

El incidente ocurrió en el área de la Karachi International Container Terminal (KICT), situada en West Wharf, cerca del acceso reportado como Gate 20, y movilizó una respuesta de emergencia de gran escala para contener el avance del fuego en el patio de contenedores.

Según los reportes iniciales difundidos por medios locales y fuentes vinculadas a la operatoria portuaria, al menos 20 contenedores fueron completamente destruidos, generando pérdidas económicas significativas para los actores involucrados en la cadena logística. En paralelo, no se registraron víctimas en las primeras informaciones, y algunos relatos locales indicaron que una parte del personal no se encontraba en el sector debido al horario de oración del viernes, un dato que podría haber contribuido a evitar consecuencias humanas.


Propagación rápida y un escenario típico de “carga mixta”

Una de las características más relevantes del episodio fue la velocidad con la que el incendio se habría propagado desde el primer contenedor afectado hacia unidades contiguas. Las descripciones disponibles hasta el momento apuntan a una dinámica habitual en incendios de patio: contendores posicionados en proximidad, dificultad para acceder al núcleo del foco, y riesgo de “encapsulamiento” del calor en una zona donde la densidad de almacenamiento limita la maniobra operativa.

En ese contexto, los testimonios de respuesta y las primeras hipótesis plantearon una condición que suele elevar la complejidad de este tipo de emergencias: la posible presencia de cargas mixtas y mercancías con comportamiento reactivo, con menciones a equipos eléctricos, polvos químicos secos y baterías de litio, materiales que no solo dificultan la extinción, sino que además pueden incrementar el riesgo de re-ignición si no se aplican agentes adecuados y procedimientos de enfriamiento y aislamiento sostenido.


Baterías de litio: el factor que vuelve a encender las alarmas

Aunque todavía no existe una confirmación oficial sobre el contenido exacto de los contenedores siniestrados, la reiteración de menciones a baterías de litio colocó nuevamente en el centro de la escena un problema que ya ocupa a puertos, terminales y armadores en distintos mercados: el riesgo de thermal runaway (fuga térmica), un fenómeno que puede acelerar la combustión, intensificar la propagación y sostener focos activos incluso después de una primera intervención.

En términos operativos, cuando existe sospecha de litio o sustancias químicas, el escenario exige una respuesta con protocolos específicos, tanto en elección de agentes como en control de temperatura, manejo del área y monitoreo posterior. Y, sobre todo, vuelve a exhibir un punto sensible de la gestión portuaria: la necesidad de contar con información precisa y trazable sobre el tipo de carga almacenada en cada unidad.


Causas bajo investigación: sin confirmación oficial

Al cierre de esta información, la causa del incendio no fue confirmada oficialmente. Sin embargo, los primeros relatos difundidos mencionaron tres hipótesis principales:

  • posible autoignición o fuga térmica asociada a baterías de litio,
  • participación de carga química que habría influido en la intensidad y expansión,
  • y un eventual cortocircuito dentro de un contenedor, con una versión preliminar que lo vincula a un contenedor con prendas u otros bienes de consumo.

La combinación de versiones refleja el patrón habitual de estos incidentes: la investigación técnica requiere tiempo, y las primeras narrativas tienden a construirse sobre los elementos visibles en la emergencia, antes de que se determine el origen real.


Seguridad portuaria y continuidad operativa

Más allá del saldo sin víctimas, el evento de Karachi vuelve a poner sobre la mesa una discusión de fondo para el sector: en un esquema global de flujos cada vez más acelerados, con contenedores que integran cadenas multimodales, la gestión del riesgo en terminales no es un “tema ambiental” aislado, sino una condición de continuidad operativa.

Cada incendio de patio reabre interrogantes que son comunes a múltiples regiones:

  • ¿Qué tan robustos son los sistemas de declaración y fiscalización de mercancías peligrosas?
  • ¿Cómo se definen las zonas de segregación, distancias y layout de almacenamiento?
  • ¿Las terminales cuentan con equipamiento y entrenamiento para escenarios con litio u otros DG complejos?
  • ¿Qué tan rápido puede un evento local escalar a interrupciones logísticas de impacto regional?

En Karachi, el incendio ocurrió en un punto neurálgico del comercio marítimo de Pakistán, y su efecto trasciende el daño material inmediato: vuelve a recordar que, en logística, el riesgo no es un evento excepcional, sino una variable que se gestiona —o se paga— en tiempo real.

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