Redacción GlobalPorts

En el corazón del Río Paraná, allí donde el agua marrón arrastra sedimentos y el comercio exterior argentino se juega su competitividad, trabaja un gigante que pocos conocen de cerca. No tiene chimeneas ni grúas visibles, pero en su interior late la fuerza de una fábrica flotante diseñada para mantener abierto el camino de las exportaciones: la draga Afonso de Albuquerque.

El ciclo de un trabajo invisible

Mientras el resto del mundo apenas advierte su silueta, esta embarcación de 90 metros repite, día y noche, un ciclo preciso. Con su cabezal de cuatro metros de ancho, provisto de colmillos de acero, succiona arena, barro y arcilla a un ritmo de 3.000 litros por segundo

Cada tres horas completa una operación: extrae, transporta y descarga sedimentos en zonas previamente designadas. Así, asegura un canal de casi 12 metros de profundidad que permite el tránsito de más de 4.500 buques al año.

Una ingeniería pensada para la eficiencia

Con una cántara de 3.500 m³, capaz de trasladar 2.400 m³ netos de sedimento por ciclo, la Afonso de Albuquerque realiza entre 10 y 12 viajes diarios. 

Sus motores y sistemas de bombeo están preparados para maniobrar con exactitud, incluso a velocidades mínimas de 0,6 nudos. El puente de mando, equipado con radares y software de monitoreo en tiempo real, convierte cada jornada en un ejercicio de precisión.

Pero esta draga no es solo potencia: es innovación. Fue la primera en el mundo en incorporar sistemas catalíticos (SCR) y filtros de partículas que reducen en un 99 % las emisiones de combustión. Con bandera argentina y tripulación íntegramente local, se adelanta a las regulaciones internacionales más exigentes y reafirma el compromiso de Jan De Nul con la sustentabilidad y la profesionalización del sector.

Trayectoria en puertos estratégicos

Su nombre ya se asocia a hitos en la infraestructura portuaria argentina:

  • En Puerto Quequén, formó parte de la obra de profundización a 50 pies, que convirtió a esa terminal en una de las más profundas de Sudamérica.
  • En el Puerto de Comodoro Rivadavia, a mediados de 2024, participó en un operativo intensivo que permitió remover grandes volúmenes de sedimento y devolver al puerto el calado operativo en un tiempo récord.
  • Poco después, en el Puerto La Plata, intervino en un operativo récord que removió 255.000 m³ de sedimentos en solo 30 días, la mitad del plazo previsto.
  • En los canales Huergo y Brown, en el acceso al puerto de Buenos Aires, trabajó en dragados y monitoreos que mejoraron la seguridad de la navegación.

Una tripulación argentina, un compromiso global

Detrás de cada ciclo de dragado hay 17 tripulantes argentinos que viven a bordo en turnos de 21 días. Camarotes, comedor y espacios de descanso les permiten sostener un ritmo incesante. Ellos son parte de una flota de 18 embarcaciones de Jan De Nul en Argentina y de un equipo de más de 500 profesionales que hacen posible que la vía navegable siga siendo el corazón del comercio exterior.

En silencio, sin detenerse, la Afonso de Albuquerque mantiene viva la ruta fluvial que conecta la producción argentina con el mundo. Su tecnología, su eficiencia y su trayectoria hacen de esta draga no solo una herramienta de ingeniería avanzada, sino un símbolo del compromiso con la competitividad logística de la región.

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