El proceso para concesionar la terminal del Muelle (Espigón) 2 del Puerto de Mar del Plata finalizó sin propuestas formales, pese a que operadores locales e internacionales habían adquirido el pliego.

GlobalPorts | Puertos y Logística

Según pudo reconstruir GlobalPorts a partir de fuentes del sector, la licitación quedó desierta principalmente por deficiencias en el diseño del pliego, que incluía condiciones consideradas imposibles de cumplir por los potenciales oferentes.

De acuerdo con la información relevada, el pliego establecía requisitos de volumen y exigencias de tipo estructural que no guardaban relación con la operatoria real del puerto, sin prever mejoras en términos de infraestructura ni condiciones concesionales que acompañaran el desarrollo del negocio para el próximo operador. Esta combinación terminó por desalentar la presentación de ofertas, incluso por parte del operador actual del área.

La licitación, impulsada por el Consorcio Portuario Regional Mar del Plata, había despertado interés inicial de distintos actores del sector. Entre las empresas que adquirieron el pliego figuraban TC2, actual concesionario de la terminal, así como los grupos Murchison y Agunsa (Chile). Sin embargo, ninguna de ellas formalizó una propuesta al cierre del proceso.


Impugnaciones y cuestionamientos al pliego

En ese marco, TC2 había impugnado formalmente los pliegos, planteando observaciones sobre aspectos centrales del contrato. Según trascendió, la empresa cuestionó las condiciones técnicas, operativas y económicas del esquema propuesto, al considerar que los requisitos establecidos resultaban de imposible cumplimiento en función del volumen real de carga y de la infraestructura disponible.

Fuentes del sector señalaron que los errores de diseño del pliego, sumados a la ausencia de un esquema de mejoras o incentivos para el concesionario, fueron determinantes para que ni siquiera el operador actual decidiera presentarse, pese a conocer en profundidad la operatoria del muelle.


Exigencias sin correlato operativo

Uno de los puntos más cuestionados fue la exigencia de alcanzar determinados volúmenes de carga, en un contexto en el que el movimiento contenerizado del puerto se mantiene en niveles reducidos y altamente dependientes de pocos servicios regulares. Según indicaron fuentes consultadas por GlobalPorts, las metas planteadas no contaban con un esquema progresivo ni herramientas concretas para recomponer demanda y servicios, lo que hacía inviable la ecuación económica.

A estas exigencias se sumaban requerimientos contractuales y estructurales considerados inviables, que trasladaban al concesionario obligaciones significativas sin un acompañamiento equivalente en materia de inversiones, infraestructura o condiciones concesionales.

Si bien el diseño del pliego aparece como el factor determinante, el proceso se desarrolló además en un contexto operativo menos favorable que el existente al momento del lanzamiento de la licitación. La pérdida de servicios regulares de línea y cambios en las estrategias logísticas de algunos cargadores relevantes impactaron negativamente en las perspectivas de volumen para la terminal.

Este escenario fue reconocido por el propio Consorcio Portuario, que admitió que las condiciones actuales del mercado resultan más complejas que las previstas inicialmente.


Un debate abierto sobre el modelo concesional

La licitación desierta del Muelle 2 deja planteado un interrogante de fondo para la agenda portuaria: cómo estructurar pliegos concesionales técnica y económicamente viables en puertos de escala media, sin trasladar al operador riesgos que el propio sistema no está en condiciones de absorber.

Más que una falta de interés empresario, el caso de Mar del Plata vuelve a poner en discusión la necesidad de revisar el diseño de los contratos, las metas operativas y el esquema de incentivos, si se busca atraer inversión privada y sostener actividad contenerizada de manera estable en el tiempo.

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