Buquebus difundió el recorrido completo del China Zorrilla, la compañía destacó el paso por un tramo puntual: el ingreso al Estrecho de Magallanes. Lo definió como uno de los corredores marítimos más desafiantes del planeta.

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El nuevo ferry de Buquebus es 100% eléctrico que unirá Buenos Aires con Colonia del Sacramento. El China Zorrila viaja montado sobre un semisumergible, desde el astillero australiano INCAT en Hobart hasta el puerto de Nueva Palmira. Son más de 15.000 kilómetros entre Tasmania y el Río de la Plata.

Para cualquier buque que deba pasar del Pacífico al Atlántico en el extremo sur de Sudamérica, el estrecho sigue siendo la opción más corta. Y sigue siendo, casi 500 años después de que Hernando de Magallanes lo cruzara por primera vez, la ruta más transitada. Repasamos cómo es hoy la navegación por el Estrecho de Magallanes.

Por qué el estrecho y no el Cabo de Hornos

La alternativa es rodear la Isla de los Estados por el Paso Drake, frente al Cabo de Hornos. Ahí la cuenta es sencilla: el mismo trayecto que por el estrecho insume unas 390 millas se estira a cerca de 765 por el Drake. Es casi el doble de distancia.

El Drake está fuera de la zona de pilotaje obligatorio, porque casi ningún buque comercial lo usa. Es una de las zonas más azotadas del planeta, con vientos que superan habitualmente los 60 nudos. Las olas ahí van de 10 a 12 metros. El estrecho, en cambio, ofrece aguas protegidas por tierra a ambos lados casi en toda su extensión, aunque eso no lo vuelve un trayecto sencillo.

Un corredor que exige conocimiento local

El estrecho tiene entre 570 y 600 kilómetros de longitud. Su ancho varía entre apenas 3 y 37 kilómetros, según el tramo. Combina pasos angostos —el Largo, el Tortuoso y el Inglés— que son los que más respeto imponen entre los prácticos. Sus corrientes pueden alcanzar los ocho nudos. Y en la boca atlántica las mareas llegan a los 12 metros, entre las más amplias del mundo. A eso se suma una meteorología que cambia sin aviso. Chubascos de agua o nieve pueden tapar faros y costa de un momento a otro, sobre todo de noche. Es un cóctel que explica por qué, a diferencia de otros pasos internacionales, aquí el pilotaje es obligatorio en buena parte del recorrido.

La zona de practicaje obligatorio corre desde la estación de prácticos, en la entrada atlántica, hasta la altura de Punta Arenas. El tramo restante, hacia la boca del Pacífico, se navega sin práctico a bordo.

El cruce completo demora aproximadamente un día, del cual unas diez horas transcurren con práctico. La reserva no es improvisada. Quien pide el práctico solo para el tramo obligatorio debe avisar con dos días de anticipación. Quien lo solicita para todo el trayecto necesita avisar con tres o cuatro días de antelación. Del lado del Pacífico no hay estación fija, y el práctico tiene que llegar en lancha desde Punta Arenas. Ese viaje en lancha toma unas doce horas.

Un tráfico que no para de crecer

Lejos de ser una curiosidad histórica, el estrecho mueve un volumen de tráfico considerable. Más de 2.800 naves mayores lo cruzaron en 2022, entre mercantes de carga general, pesqueros y transportes de peces vivos. A eso se suma una temporada de cruceros que convirtió a Punta Arenas en el puerto que más recaladas turísticas recibe en Chile.

Ese número viene en alza en los últimos años. Una de las causas son las restricciones de calado y las demoras que enfrentó el Canal de Panamá en temporadas de sequía. Eso llevó a algunos operadores a evaluar rutas alternativas, en tramos donde la diferencia de tiempo compensa el desvío. Sigue siendo, de todos modos, una fracción del tráfico panameño. Nada indica que vaya a desplazar al canal centroamericano como arteria principal del comercio interoceánico. Pero sí es un corredor que gana peso año a año, con inversión portuaria creciente en la región de Magallanes.

Ese régimen de navegación está amparado por tratados bilaterales entre Argentina y Chile. Esos tratados garantizan a los buques de cualquier bandera el derecho de paso en toda circunstancia. Es un marco que sostiene el tránsito libre por el estrecho desde el siglo XIX.

Para el China Zorrilla, el paso por el estrecho será apenas unas horas dentro de un viaje de varias semanas. Pero esas horas resumen bastante bien de qué se trata navegar en el extremo sur del continente. Prácticos que suben a bordo en minutos, corrientes que no perdonan un error de cálculo. Y un corredor que, pese a toda la tecnología naval del siglo XXI, sigue exigiendo lo mismo que hace cinco siglos: conocer el canal.

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