En el complejo sistema de navegación de la Argentina —donde conviven ríos de calado variable, zonas angostas, maniobras ajustadas y una intensa actividad portuaria— la figura del práctico cumple un rol insustituible. No se trata solo de un requisito técnico: su participación representa una garantía concreta de seguridad operativa, eficiencia logística y prevención de riesgos ambientales.

Redacción GlobalPorts

Su labor no solo protege la infraestructura portuaria, tanto estatal como privada, sino también resguarda las largas vías navegables del país, que son bienes estratégicos del Estado Nacional y, por lo tanto, patrimonio de toda la Nación.

El práctico aporta algo que no se enseña únicamente en la teoría: conocimiento situado. Conoce el comportamiento del río en cada estación, la reacción de cada tipo de buque según su condición de carga, las maniobras específicas de ingreso y egreso en cada terminal, la influencia de las mareas y las corrientes, las reglamentaciones locales y los márgenes de error que no deben cruzarse. Su criterio no se improvisa: se construye con años de experiencia, formación rigurosa y adaptación continua.

En tiempos donde se discuten reformas, costos y eficiencia, es importante no perder de vista que la seguridad también tiene su lógica económica. Prevenir un accidente, evitar una varadura o garantizar una maniobra precisa no solo protege vidas y equipos, sino que también evita pérdidas millonarias a lo largo de toda la cadena logística.

Desde esta perspectiva, el servicio de practicaje no debe ser considerado un costo logístico, sino entendido como una inversión estratégica en seguridad operativa y previsibilidad.

Este principio no es exclusivo de la Argentina. A nivel internacional, el servicio de practicaje es reconocido como una actividad esencial, regulada en casi todos los países. En Estados Unidos, por ejemplo, la ley federal exige el uso de prácticos en la mayoría de los casos, y cada estado cuenta con su propio ente regulador. En Canadá, el servicio depende de autoridades federales y es obligatorio, salvo exención específica. En el Canal de Panamá, el uso de prácticos es obligatorio para todos los buques. Lo mismo ocurre en puertos de China, Singapur, Brasil, Chile, Uruguay, Australia y la Unión Europea, donde existen marcos legales nacionales o portuarios que regulan estrictamente su labor.

Incluso en economías fuertemente orientadas al libre mercado, el practicaje se mantiene como un servicio bajo regulación estatal o con habilitación profesional obligatoria, por razones de seguridad, soberanía y protección ambiental.

Los prácticos, además, actúan como un nexo fundamental entre el capitán del buque y las particularidades del puerto o canal, aportando un conocimiento que complementa, no reemplaza. Su labor es reconocida internacionalmente y forma parte de los estándares más exigentes de navegación moderna.

Discutir el sistema de navegación sin contemplar este aporte sería subestimar una de las piezas clave del funcionamiento diario de nuestros puertos y vías fluviales. El desafío es mejorar sin desproteger, optimizar sin descuidar la seguridad, y avanzar con criterio. Y ese criterio, muchas veces, navega a bordo con los prácticos.

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