«Cuando el mundo se cerraba, los prácticos mantuvieron abiertas las puertas del país» coincidieron en afirmar los representantes de la Cámara de Practicaje.

Redacción GlobalPorts,

En el ciclo de GlobalPorts Canal sobre Seguridad Portuaria y en la Navegación, la Cámara de Practicaje revivió su labor durante la pandemia: vocación, riesgo y compromiso con el interés público, cuando detenerse no era una opción.

En la segunda parte del programa “La voz de los puertos seguros”, transmitido por GlobalPorts Canal, Irene Ascoli de GlobalPosts, en la sede de la Cámara de Actividades de Practicaje y Pilotaje conversó con el Capitán Pablo Pineda (secretario), el Capitán Carlos Redivo (prosecretario) y el Capitán Gustavo Di Cola (tesorero), en una entrevista que combinó reflexión, homenaje y testimonio vivo sobre el rol estratégico de los prácticos durante la pandemia.

El encuentro “Cinco años después: prácticos y seguridad en la pandemia COVID-19”,  ofreció un valioso registro de cómo este cuerpo profesional esencial aseguró la continuidad del comercio exterior argentino en uno de los momentos más críticos del siglo XXI.

“El práctico es un protector del interés público”

La entrevista comenzó con una pregunta clave: ¿Qué hace un práctico? Para el Capitán Pablo Pineda, la respuesta no es técnica sino conceptual: “La función principal del práctico es proteger el interés público. Eso significa asegurar que las tomas de agua no se contaminen, que las vías navegables estén operativas, que no haya derrames ni accidentes. Esa es la definición que da la International Maritime Pilot Association”.

Pero también explicó que su trabajo tiene una dimensión económica fundamental: “El práctico es un eslabón vital para la economía. Asegura que los buques entren y salgan con la menor demora posible. No estamos hablando de transitar por una autopista vacía, es como meter un buque en la General Paz a las cinco de la tarde”. Y remató con una reflexión que resume su visión del oficio: “El cliente directo del práctico no es el armador. Es el Estado. Es la sociedad”.

Capitán Gustavo Di Cola, Capitán Pablo Pineda  y Capitán Carlos Redivo

El Capitán Carlos Redivo puso el foco en la debilidad estructural de las vías navegables argentinas y el esfuerzo extra que ello demanda: “En otros países hay canales de doble vía. Nosotros navegamos por canales donde tenemos que cruzarnos con otros barcos, y eso nos exige al máximo”.

Recordó que al comenzar la pandemia los protocolos eran inexistentes y las reglas cambiaban constantemente: “Sanidad de Fronteras tenía pocos recursos. Prefectura nos ayudó: subían antes que nosotros, tomaban temperatura a la tripulación y así sabíamos que el barco era seguro”.

También compartió cómo la falta de conocimiento sobre el rol del práctico generaba fricciones con organismos del Estado: “Migraciones nos mandaba inspectores porque veían que íbamos a Uruguay. Pero el protocolo aclaraba que no teníamos que hacer cuarentena. Si no, se paraba el comercio”.

Incluso compartió una situación crítica: “Nos decían: ‘Si salís del país tenés que hacer cuarentena o te cae una causa penal’. Y tuvimos que explicar, gestionar, negociar, todo mientras el servicio seguía activo”.

“Nadie estaba preparado, pero cumplimos igual”

El Capitán Gustavo Di Cola recordó los primeros días de la pandemia como caóticos: “Los barcos no podían detenerse, el país no podía detenerse. Tuvimos que trabajar con miedo a enfermarnos, pero también con la presión de no retrasar un solo servicio”.

Relató cómo los prácticos desarrollaron sus propios protocolos: desde el tipo de transporte que debían utilizar hasta el uso de indumentaria especial, muchas veces inapropiada: “Teníamos que usar trajes blancos tipo quirúrgico. Pero eso nos tapaba las bandas reflectivas. Si alguien se caía al agua, no lo encontraban. Por suerte no pasó”.

También compartió una escena conmovedora: “Tuvimos compañeros que, aun sabiendo que eran población de riesgo, siguieron navegando. Uno de ellos fue Carlos Troncoso, un práctico excepcional, que dijo ‘si me contagio, no salgo’. Y no salió. Lo seguimos extrañando”.

Pineda añadió una dimensión interesante: con el paso de los meses, los buques comenzaron a aplicar protocolos más estrictos que los vigentes a nivel nacional. “Los tripulantes eran como marcianos encerrados en sus naves. Cuando llegaban a puerto, el único que subía era el práctico. Algunos capitanes nos recibían bien, otros nos aislaban” .En el puente se delimitaban zonas: un radar para el práctico, otro para la tripulación. Todo era nuevo, todo era incertidumbre”.

Aprendizajes para el futuro

Los tres capitanes coincidieron en que la pandemia dejó enseñanzas que hoy siguen aplicando. Redivo recordó un episodio reciente: “Con la alerta del virus del mono, ante la sospecha en un buque, supimos qué hacer. Pusimos en cuarentena a los prácticos, hicimos una videoconferencia con las autoridades y se resolvió en pocas horas. Esa agilidad fue fruto de la experiencia previa”. Y cerró con una reflexión elocuente: “El mundo no estaba preparado para una pandemia. Nosotros tampoco. Pero cuando entendimos que si parábamos nosotros, se paraba el país, no hubo dudas”.

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