Roberto Lavagna, en conversación con Héctor Sauret, analizó las décadas perdidas de la economía argentina y las claves para crecer, en el ciclo Diálogos desde el Litoral de la Cátedra UCU-GlobalPorts.

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El Dr. Héctor Sauret, Rector de la Universidad de Concepción del Uruguay, abrió el diálogo con una reflexión que marcó el tono de toda la conversación. Recordando a Sarmiento en Conflictos y armonías, señaló que hacia 1880 el prócer reconocía los avances del país pero advertía que, mirando al resto del mundo, «muchos nos falta hacer«. Con esa misma tensión entre lo alcanzado y lo posible, Sauret invitó a su entrevistado a «ver el problema y no solo calificarlo», proponiendo repasar la historia argentina no desde la nostalgia sino desde «aquello que nos falta hacer«.

Así arrancó el más reciente episodio de Diálogos desde el Litoral, el ciclo de streaming de GlobalPorts Canal producido en el marco de la Cátedra Interinstitucional UCU-GlobalPorts, protagonizado por Roberto Lavagna, economista y ex ministro de Economía y Producción de la Argentina, quien ostenta el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Concepción del Uruguay.

Dr. Héctor Sauret, Rector de la Universidad de Concepción del Uruguay

El «des-desarrollo»: un neologismo para una realidad concreta

Lavagna utilizó el término «des-desarrollo» para describir un proceso que, a su juicio, comenzó a mediados de la década de 1950 y no ha concluido. «Mientras nosotros enfrentamos ese período, la economía argentina quedó rezagada mientras el mundo siguió caminando«, señaló. Como ejemplo paradigmático citó que en 1950 Argentina tenía un producto bruto similar al de Brasil, y que hoy Brasil triplica a la Argentina en términos de ingreso.

El economista no exoneró a ningún sector de la dirigencia: «Cuando digo dirigencia me refiero a dirigencia política, empresaria, sindical, periodística, intelectual, de medios de comunicación. Es decir, toda esa franja de la sociedad que toma el grueso de las decisiones«.

El diálogo recorrió una secuencia de hechos que Lavagna describió como «inexplicables en una sociedad desarrollada«: el bombardeo de la Plaza de Mayo en 1955, los fusilamientos del ’56, la destitución de Frondizi e Illia, la violencia política de los años 70 y las circunstancias de Malvinas. Con una mirada que abarcó distintos sectores del espectro político, el economista señaló que cada cinco años aproximadamente se produjo alguno de esos episodios. «Y eso fue haciendo que Argentina perdiera el tren de la historia en términos de desarrollo«, sostuvo.

Para Lavagna, no reconocer ese pasado es la principal trampa hacia el futuro: «Si no se empieza por reconocer eso, lo que se diga sobre el futuro puede estar lleno de buenas intenciones o simplemente de charlatanería«.

Industria del conocimiento: una política de Estado que nadie llamó así

En contraste con ese diagnóstico, Lavagna destacó la ley de promoción de la industria del conocimiento aprobada en 2004 durante su gestión al frente del Ministerio de Economía, como ejemplo de política de largo plazo que sobrevivió a varios gobiernos de distinta orientación.

«Se transformó en una política de Estado sin que nadie dijera que era una política de Estado, porque si hubiéramos dicho que eso iba a ser una política de Estado, probablemente no hubiera sido«, afirmó. Hoy Argentina exporta 10.000 millones de dólares en ese sector.

Roberto Lavagna, economista y ex ministro de Economía y Producción de la Argentina


Superávit fiscal y crecimiento: dos condiciones que no funcionan por separado

Sobre el escenario macroeconómico actual, Lavagna fue categórico: el superávit fiscal es una condición necesaria pero no suficiente para la economía argentina. «El superávit fiscal sin crecimiento no dura; termina muriéndose indefectiblemente. Son dos cosas que vienen absolutamente juntas«.

El economista insistió en que el crecimiento requiere políticas activas que combinen agro, industria y economía del conocimiento, sin antinomias: «Antes nos peleamos con el campo, ahora que no se nos ocurra pelearnos con Vaca Muerta o con el litio«.

Lavagna analizó también el nuevo mapa geopolítico: la transición de la bipolaridad de posguerra a la unipolaridad norteamericana y, desde allí, a la multipolaridad actual —con China, India, Rusia y Brasil como actores de peso creciente. En ese marco, advirtió contra las alianzas rígidas: «Hay que jugar con cierta flexibilidad, sin alterar los valores fundamentales respecto de la democracia y los derechos humanos. Que el principal cliente de Argentina sea hoy China es un dato que no se puede ignorar».

El mensaje a las nuevas generaciones: movilidad y «hacer lío»

Para cerrar, Lavagna tomó prestada una frase del Papa Francisco —recordado en el diálogo a un año de su fallecimiento— y la dirigió a los jóvenes: «Hagan lío, en un sentido constructivo. Es muy importante desatar procesos, animarse a discutir, quebrar cierto inmovilismo. Eso genera un desorden, un cierto lío, pero creativo». Y añadió su propia recomendación: no instalarse de manera permanente ni en el sector público ni en el privado, sino transitar ambos mundos.

En el tramo final del programa, Sauret sintetizó el espíritu del diálogo advirtiendo contra las «utopías retrospectivas» —la idea de que todo tiempo pasado fue mejor— y contra el «pesimismo autodestructivo«. El rector de la UCU cerró con un saludo que ancló el ciclo en sus coordenadas institucionales: «Un saludo a nuestros colegas de GlobalPorts, por nuestra gran preocupación por la importancia de obtener una definición del Gobierno nacional sobre la hidrovía, vías navegables, puertos y todo el desafío del comercio exterior, en el corazón de la consultoría que nuestra universidad recibe de GlobalPorts»

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