El histórico puerto rionegrino atraviesa una fuerte retracción, con caídas de hasta el 40 % en los primeros meses del año. Los exportadores explican la tendencia por la caída de la producción, la falta de servicios regulares y el avance de opciones logísticas más competitivas.
Redacción GlobalPorts
El Puerto de San Antonio Este (SAE), ubicado en la costa atlántica de Río Negro, ha sido durante décadas un punto neurálgico para la exportación de frutas del Alto Valle, en particular peras y manzanas. Sin embargo, en los primeros meses de 2025, la terminal portuaria experimenta una retracción pronunciada que genera preocupación en el sector frutícola y pone en evidencia los desafíos logísticos que enfrenta la actividad exportadora.
De acuerdo con datos oficiales y cámaras empresarias, el volumen total exportado desde SAE cayó entre un 37 % y un 40 % en el primer bimestre del año, en comparación con el mismo período de 2024. En cifras concretas, se despacharon 16.618 pallets, lo que equivale a unas 19.200 toneladas de fruta, frente a las 30.000 toneladas habituales en años anteriores.
La caída se sostiene también en los datos acumulados: entre enero y mayo de 2025, se exportaron 104.076 toneladas desde el puerto, una baja del 25 % respecto al mismo período de 2024. Las exportaciones de peras, principal producto de la región, se redujeron un 30 %, mientras que las de manzanas subieron un 15 % y las de ciruelas bajaron un 18 %. Lo llamativo es que toda esta actividad se realizó con solo tres buques que amarraron en el puerto en lo que va de la temporada.
En medio de esta situación crítica, el único dato positivo vino desde el mercado ruso. Rusia, históricamente uno de los principales compradores de peras argentinas, mantuvo su demanda en alza, recibiendo 47.451 toneladas en esta campaña, un leve crecimiento interanual. No obstante, este repunte no alcanzó para revertir la tendencia general, y gran parte de esa fruta fue canalizada a través de otros puertos.
¿Por qué cae la actividad exportadora en SAE?
Los motivos son múltiples y no responden a una única causa. Por un lado, se constata una caída estructural en la producción frutícola patagónica, en especial de peras, que afecta el volumen total disponible para exportar. La producción ha disminuido de manera sostenida en las últimas dos décadas, con una pérdida acumulada de más de 600.000 toneladas.
A esto se suma un problema logístico persistente: la falta de servicios marítimos regulares con frecuencia semanal y condiciones competitivas. La intermitencia en la llegada de buques refrigerados obliga a los exportadores a buscar alternativas en otros puertos del país o incluso en terminales chilenas, que ofrecen mayor previsibilidad, conectividad y costos más accesibles.
Desde la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados (CAFI), su presidente Nicolás Sánchez explicó que la logística desde SAE es cara e ineficiente, y que “no hay certezas de que los barcos lleguen en tiempo y forma”, lo que representa un serio obstáculo para una actividad que depende del cumplimiento de ventanas comerciales muy precisas.
También influye el contexto económico general. Los altos costos operativos, los vaivenes del tipo de cambio y las restricciones para acceder a insumos y financiamiento afectan la capacidad exportadora de muchas empresas. La combinación de factores internos y externos genera un escenario adverso para uno de los sectores más tradicionales de la economía rionegrina.
Un puerto que supo ser grande
Durante años, el Puerto de San Antonio Este fue sinónimo de exportación frutícola argentina. Su especialización en productos perecederos, su cercanía con el Alto Valle y su condición de terminal exclusiva para contenedores refrigerados lo convirtieron en una pieza clave para las economías regionales.
Hoy, sin embargo, atraviesa un momento delicado. La caída en el número de buques, el desplazamiento de operaciones hacia otros destinos y la reducción sostenida del volumen exportado son señales de alerta que reflejan no solo una coyuntura difícil, sino también una transformación más profunda en la matriz logística nacional.
La pregunta que queda abierta es si este retroceso es coyuntural o el síntoma de un cambio estructural en la forma en que Argentina exporta sus frutas al mundo.







