Después de 140 días de parálisis, silencio en los muelles y barcos amarrados en puerto, la flota tangonera congeladora finalmente vuelve a hacerse a la mar.
Por Redacción Globalports
El acuerdo firmado entre el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU) y las cámaras empresarias marca el fin de uno de los conflictos gremiales más largos y complejos de los últimos años en la pesca argentina.
Sin embargo, el regreso no está exento de costos: los tripulantes volverán al trabajo con una rebaja promedio del 9 % en sus salarios por producción. Traducido en cifras, implica alrededor de $200.000 menos por cada trabajador.
Una temporada a medio andar
Desde marzo, más de un centenar de barcos permanecieron inactivos en Mar del Plata, Puerto Madryn, Rawson, Puerto Deseado y otros puertos clave para la zafra del langostino en aguas nacionales. El conflicto no solo paralizó la actividad productiva, sino que puso en pausa un engranaje esencial de la economía pesquera argentina, afectando también a plantas de procesamiento, transportistas, y cientos de empleos indirectos.
La raíz de la disputa estuvo en la presión de las empresas armadoras para reducir los costos laborales. Alegaban una caída sostenida en los precios internacionales del langostino y un esquema de rentabilidad amenazado por la falta de previsibilidad cambiaria, el incremento de costos logísticos y la baja en los mercados de destino.
El punto más álgido fue la exigencia de reducir hasta un 30 % el componente salarial vinculado a la producción. El SOMU rechazó inicialmente cualquier tipo de recorte, pero con el paso de las semanas —y frente al temor de una zafra completamente perdida— las partes reanudaron el diálogo.
El acuerdo y sus implicancias
El entendimiento finalmente alcanzado implica una baja promedio del 9 % en los ingresos por producción, compensada parcialmente por la decisión del gremio de no aplicar la cuota sindical del 4 % durante esta temporada. En términos reales, los tripulantes percibirán cerca de $200.000 menos por marea.
Aunque doloroso para los trabajadores, el acuerdo fue interpretado como un mal menor frente a la posibilidad de que la temporada quedara completamente cancelada. “Este esfuerzo busca evitar un daño mayor al conjunto del sector”, señalaron desde el SOMU, remarcando que la reactivación permitirá preservar empleos, reactivar la cadena pesquera y sostener exportaciones clave.
El acuerdo fue firmado el 1 de agosto, y el día siguiente comenzaron las zarpadas desde Mar del Plata, Puerto Rosales y otros puertos. En las redes sociales, familiares de tripulantes celebraban con emoción el sonido de las sirenas y las imágenes de los barcos soltando amarras tras meses de incertidumbre.
Lo que viene
Aunque la zafra de langostino 2025 perdió buena parte de su calendario en aguas nacionales, las próximas semanas permitirán recuperar parte de la actividad. Se espera que la reactivación alcance también a plantas de procesamiento, cámaras frigoríficas y centros logísticos en toda la región.
Pero más allá del alivio, el conflicto deja lecciones. Una de ellas es la fragilidad de la cadena productiva pesquera frente a desequilibrios estructurales —como la falta de reglas claras de largo plazo, la dependencia de mercados externos y la volatilidad económica nacional— que repercuten directamente sobre trabajadores y empresas.
En altamar, los barcos volverán a buscar el langostino. En tierra, el sector sigue buscando una brújula que permita navegar tiempos inciertos sin volver a quedar varado.







