GlobalPorts | Logística y COMEX
La costa oeste de Estados Unidos volvió a convertirse en un termómetro de la economía global. Con un 2025 que alternó mesetas y sobresaltos, los puertos estadounidenses llegan al final del año con una conclusión clara: la demanda del consumidor sigue sosteniendo los volúmenes en el 2025, pero el horizonte 2026 se acerca con nubarrones arancelarios, dudas empresariales e interrogantes logísticos.
El Puerto de Los Ángeles —el mayor del país y uno de los actores estratégicos del comercio transpacífico— cerró octubre con 848.431 TEUs movilizados, una cifra que refleja la cautela del mercado: las importaciones cayeron 7%, mientras que las exportaciones crecieron apenas 1%. Aun así, el balance acumulado enero-octubre ofrece un mensaje distinto: 8,65 millones de TEUs, un 2% por encima del mismo período de 2024.
Para Gene Seroka, su director ejecutivo, ese número es más que una estadística: “Nos pone en una posición sólida para la recta final de 2025”, señaló en la presentación mensual. Con seis semanas por delante, el puerto apuesta a alcanzar la emblemática marca de 10 millones de TEUs por tercera vez en su historia.
El dato no es menor. Mientras varios sectores hablan de “ralentización”, Los Ángeles muestra que la cadena logística estadounidense sigue funcionando —no sin tensiones— incluso en un entorno político y regulatorio que se volvió más impredecible.
Inversiones en pausa y un clima empresarial expectante
Uno de los ejes que atraviesa las conversaciones entre operadores, navieras y grandes cargadores es la política comercial que prepara la administración Trump. Las nuevas tasas aplicadas a buques construidos en China, sumadas a los posibles cambios en los aranceles a productos importados, generaron un fenómeno que se repite en todos los nodos de la cadena: las decisiones de inversión se están postergando.
“Muchos CEOs y líderes logísticos están esperando claridad antes de avanzar en nuevas contrataciones o ampliaciones de capacidad”, advirtió Seroka. No se trata solo de prudencia financiera, sino de gestión del riesgo: un movimiento en falso —por ejemplo, anticipar un nivel de comercio que luego no se materialice— puede costar millones.
Bloomberg coincide en esta lectura. Sus análisis de noviembre destacan que, pese a un 2025 “irregular”, los puertos estadounidenses podrían cerrar con volúmenes similares a 2024. Sin embargo, detrás de ese equilibrio estadístico hay un dato incómodo: el crecimiento no depende de una expansión sostenida, sino de una demanda que se mantiene estable por ahora.
Inventarios, ciclos y un 2026 que puede sorprender
El analista Lars Jensen introdujo un elemento que está redefiniendo los escenarios para 2026: la posible reducción profunda de inventarios en Estados Unidos.
Según su interpretación, el mercado minorista podría haber ingresado en una fase de disminución de stock más intensa de lo previsto. Si la demanda final se sostiene, el país podría enfrentar en 2026 un nuevo ciclo de reposición acelerada, con un rebote súbito en las importaciones.
Ese eventual repunte no sería, necesariamente, una buena noticia para todos. Jensen advierte que si coincide con una reconfiguración de las rutas por el Canal de Suez —ya sea por normalización en el Mar Rojo o por retorno de servicios suspendidos— el sistema global podría verse sometido otra vez a tensiones severas.
Congestión en puertos europeos, demoras en conexiones Transpacífico y presión sobre las terminales estadounidenses forman parte de ese mapa de riesgo.
Es un recordatorio inquietante: incluso cuando las cifras parecen bajo control, el sistema marítimo-portuario global puede entrar en modo disruptivo en cuestión de semanas.
Tarifas a la baja y un mercado que se mueve con cautela
Mientras los operadores ajustan pronósticos, las tarifas continúan retrocediendo luego de los picos de volatilidad registrados durante la pandemia y los episodios del Mar Rojo. Los volúmenes tienden a estabilizarse, pero sin señales contundentes de expansión.
En ese contexto, la planificación estratégica de los puertos estadounidenses para 2026 está centrada en anticipar shocks, gestionar su capacidad y evitar que una recuperación imprevisible —o una nueva crisis geopolítica— los tome desprevenidos.
El caso del Puerto de Los Ángeles sintetiza esta paradoja: caída en importaciones, leve mejora en exportaciones, acumulado anual positivo, expectativas de un cierre robusto… y al mismo tiempo un mensaje de prudencia. Seroka lo resumió con dos palabras: “cautela” y “esperanza”.
2025 dejará, para los puertos de EE.UU., una lección central: la resiliencia no se mide solo en volúmenes, sino en la capacidad de adaptarse a escenarios que cambian antes de consolidarse.
Entre aranceles inciertos, decisiones en pausa, flujos que se desvían y un posible ciclo de reposición a la vuelta de la esquina, la logística estadounidense entra en el próximo año sabiendo que la estabilidad seguirá siendo una construcción diaria.
Los datos de octubre muestran que el movimiento continúa. Los análisis apuntan a que la prudencia será la estrategia dominante. Y la industria empieza a prepararse, una vez más, para navegar un 2026 que podría alternar entre la normalidad aparente y la disrupción repentina.






