El petrolero San Matías I amarró este domingo 26 de julio en Puerto Rosales, luego de completar el tramo Golfo San Jorge–Puerto Rosales bajo un contrato de time charter con YPF. La operación se inscribe en el esquema que la petrolera utiliza para asegurar el abastecimiento del consumo interno de combustibles.

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Un servicio de cabotaje al margen del corredor exportador

Puerto Rosales concentra hoy buena parte de la atención del mapa energético argentino por la terminal Rosa Negra, operada por OTAMERICA, que canaliza las exportaciones de crudo de Vaca Muerta hacia mercados como Estados Unidos a través de un muelle offshore diseñado para operar buques Panamax, Aframax y Suezmax de hasta 160.000 toneladas. Sin embargo, la operación del San Matías I responde a una lógica distinta: no se trata de una carga con destino de exportación, sino de un transporte de cabotaje entre el Golfo San Jorge y Rosales, orientado a sostener el abastecimiento del mercado doméstico.

Esta distinción resulta relevante para entender la doble función que empieza a consolidar la zona: por un lado, el corredor exportador ligado al crecimiento de la producción no convencional neuquina; por otro, el movimiento de crudo convencional patagónico hacia puntos de procesamiento o almacenamiento locales, un flujo históricamente menos visible pero igual de necesario para la cadena de suministro nacional.

El buque y su historial reciente en la terminal

El San Matías I es un petrolero de bandera argentina que en los últimos meses tuvo una participación activa en las operaciones de Puerto Rosales. Se trata de un buque tipo Panamax de 228 metros de eslora, que en septiembre de 2025 protagonizó, junto a otras dos embarcaciones, la primera operación simultánea de tres buques petroleros en la historia de la terminal Rosa Negra. En aquella oportunidad había descargado crudo proveniente de la Cuenca Neuquina; esta vez, en cambio, su recorrido conectó el Golfo San Jorge con el nodo bonaerense, en una función más cercana al abastecimiento interno que a la exportación.

Time charter: el mecanismo detrás de la operación

La modalidad de time charter implica que YPF contrata la disponibilidad del buque por un período determinado, y no por viaje único, lo que le permite programar con flexibilidad los traslados de crudo según las necesidades de sus refinerías y puntos de distribución.

Este esquema es habitual entre las petroleras que no cuentan con flota propia suficiente para cubrir la totalidad de sus movimientos logísticos, y resulta especialmente útil para rutas de cabotaje que no dependen de un sistema de oleoductos, como sí ocurre con el crudo de Vaca Muerta que llega a Rosales a través del sistema operado por Oleoductos del Valle (Oldelval).

En el caso del Golfo San Jorge, la ausencia de una conexión troncal directa hacia Rosales convierte al transporte marítimo en la vía natural para movilizar los volúmenes destinados al consumo interno, y explica por qué YPF recurre a contratos de este tipo para garantizar la continuidad del servicio.

Puerto Rosales, nodo dual entre exportación y abastecimiento interno

La combinación de ambas dinámicas —exportación de crudo no convencional por un lado, cabotaje de crudo convencional por el otro— refuerza el perfil de Puerto Rosales como un nodo logístico de doble función dentro del sistema energético argentino. Mientras la terminal Rosa Negra concentra la atención por su rol en la salida de los volúmenes de Vaca Muerta hacia el exterior, operaciones como la del San Matías I muestran que el puerto también cumple un papel activo en la logística que sostiene el mercado doméstico.

En un contexto de producción creciente en ambas cuencas —la convencional patagónica y la no convencional neuquina—, la coexistencia de estos dos flujos en un mismo enclave portuario anticipa una presión adicional sobre la infraestructura y la coordinación operativa de Rosales en los próximos meses.

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