Con el reciente acuerdo firmado entre Argentina y el FMI, la economía argentina ingresa en una nueva etapa caracterizada por el regreso de la inflación y la recesión. El enfoque centrado en la desinflación que había guiado la estrategia oficial en los últimos meses queda en pausa, desplazado por la urgencia de estabilizar las reservas y reducir tensiones externas.
Este giro responde al agotamiento del programa económico y a la necesidad de contar con financiamiento externo en un contexto electoral complejo. En el corazón del nuevo acuerdo, el FMI otorga un préstamo adicional de 20.000 millones de dólares. A cambio, Argentina se compromete a realizar un ajuste externo, con foco en la acumulación de reservas, la flexibilización cambiaria, recibiendo a cambio la apertura parcial del cepo cambiario a las personas humanas.
El nuevo régimen cambiario
El cambio más visible del acuerdo es el abandono del esquema de “crawling peg” —devaluación diaria controlada— y la adopción de un sistema de bandas cambiarias. El dólar oficial dio un salto inicial del 10% y podría devaluarse hasta un 30%, con un techo de banda en $1.400.
Aunque esta nueva flexibilidad busca mejorar la competitividad y favorecer el ingreso de divisas, también implica mayor volatilidad cambiaria, algo poco compatible con un entorno de alta inflación. La falta de una referencia clara para la formación de precios podría acelerar el “pass-through” —el traslado de la devaluación a los precios— y agravar el problema inflacionario.
El desenvolvimiento del esquema se verá en las próximas semanas. Existe una tensión clara, expresada en las declaraciones de los funcionarios, entre la necesidad de acumulación de reservas contenida en el Acuerdo y las intenciones del gobierno de establecer el nivel del dólar en los valores más bajos de la banda y bajar la volatilidad para morigerar el impacto sobre la inflación y reactivar el carry-trade. La flexibilización a la entrada de los capitales internacionales va en este sentido.
Reunificación del dólar comercial y liberalización gradual
El nuevo esquema también elimina el “dólar blend” para exportaciones (80% al oficial y 20% al financiero), y flexibiliza plazos para el pago de importaciones. Esto permitirá recuperar para el mercado oficial unos 1.550 millones de dólares mensuales, fortaleciendo la posición del Banco Central (BCRA) en su objetivo de acumular reservas.
Por su parte, las empresas podrán repatriar utilidades generadas a partir de 2025, y aquellas con utilidades acumuladas de años anteriores podrán acceder a bonos específicos (Bopreales) emitidos por el BCRA para dolarizar esos saldos. La magnitud de estas demandas y su impacto en los mercados paralelos aún es incierta.
Además, se eliminan las restricciones para que personas físicas compren dólares para ahorro (FAE), una medida simbólica que apunta a mostrar normalización económica. Es una prenda de cambio que tiene el gobierno del daño en la credibilidad que produce el abandono del anterior esquema cambiario y la promesa de “no devaluar”. Sin embargo, se trata de una demanda de divisas adicional que es particularmente importante en años electorales.
Un plan con foco en reservas
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