Un análisis estructural para América Latina y el Caribe. Primera revisión del documento original publicado en abril 7, 2025

Por Ricardo Sánchez *
En Revista A Buen Puerto

1. Introducción 

La implementación de una nueva política comercial externa para los Estados Unidos fue puesta en marcha por la administración del presidente Trump en abril de 2025.

Se trata de una decisión de gran trascendencia que se origina en la potestad política de un gobierno para tomar decisiones en función de sus objetivos nacionales pero que, al mismo tiempo, implica cambios profundos en la estructura comercial a nivel mundial. Estos cambios son significativos dada la gran importancia económica y política del país, generando importantes repercusiones en la economía global, alterando cadenas de suministro, afectando mercados financieros y redefiniendo relaciones comerciales internacionales.

Este informe analiza los efectos macroeconómicos, comerciales y geopolíticos de estas medidas, con énfasis en las distintas regiones afectadas y sus implicaciones a mediano y largo plazo. El estudio se nutre y expande de los numerosos análisis conocidos desde el anuncio de las medidas, y se incorporan datos operativos de navieras importantes, proyecciones del Fondo Monetario Internacional, y evaluaciones cualitativas de expertos económicos y del negocio logístico internacional. La metodología integra modelos analíticos con estudios de caso sectoriales, ofreciendo una visión multidimensional de los efectos, con especial énfasis en América Latina y el Caribe (ALC).

El presente informe refiere a un proceso que está en marcha, que diariamente presenta importantes novedades y contranovedades. Por tal motivo, sus contenidos están teñidos de temporalidad.

El contexto general actual es caracterizado como una «lluvia de meteoritos» (Sánchez & Sabonge, 2025) que, en términos socioeconómicos podría conceptualizarse como una policrisis: la confluencia de fenómenos interconectados o no que amplifican los riesgos sistémicos y los convierten en verdaderos sacudones al tablero mundial. Mientras que los «meteoritos» individuales como el COVID-19 perturban las economías de forma aislada, una policrisis implica potencialmente factores de estrés de orden geopolítico, económico, sanitario, climático, medioambiental y tecnológico, que son simultáneos y que desbordan las estrategias de mitigación convencionales. En consecuencia, la policrisis implica un «efecto dominó», de perturbaciones concurrentes, haciendo hincapié en el carácter simultáneo de tales apariciones.

El comercio internacional y la logística marítima enfrentan hoy un complejo panorama de riesgos que desafían los paradigmas operativos tradicionales, y de fenómenos efectivos (asociados a esos riesgos) que impactan en los mercados paradigmáticos, reconfigurando todos los escenarios posibles. A medida que la contenedorización dio paso a la globalización, que a su vez transformó la logística marítima, las normativas sectoriales convencionales y las salvaguardas de la competencia se han ido quedando cada vez más obsoletas, dejando a estas industrias vitales vulnerables a riesgos diversos, multidimensionales y simultáneos. Es en este contexto que se inscribe la profunda reforma a la política comercial externa de los Estados Unidos, anunciada pocos días atrás por la administración del presidente Trump. Es un nuevo meteorito de la lluvia, que tiende a reconfigurar las relaciones comerciales globales, en un mundo que se enfrenta a varios dilemas, como la dicotomía entre globalización y regionalización, y entre liberalismo y proteccionismo…

Una de las principales medidas efectivizadas durante el mes de abril de 2025 es la aplicación de aranceles generalizados —con tasas base del 10% y máximos que en un primer momento se ubicaron en el 34% para sectores estratégicos como electrónica, acero, aluminio y productos agrícolas— marcando un punto de inflexión en la arquitectura comercial global (Departamento de Comercio de Estados Unidos, 2025).

La escalada arancelaria siguió un ritmo acelerado desde enero de 2025. El punto culminante llegó el 2 de abril, denominado «Día de la Liberación», cuando el presidente declaró una emergencia nacional e implementó un sistema arancelario multinivel basado en el principio de «reciprocidad». El fundamento oficial de estas medidas radica en corregir lo que consideran «prácticas comerciales desleales» de terceros países. El presidente Trump argumentó repetidamente que «Estados Unidos ha sido estafado durante décadas» y que estos aranceles buscan equilibrar el campo de juego comercial. Durante el anuncio, el presidente Trump afirmó: «Así que lo que nos cobren, se los cobraremos a ellos».

Inicialmente se impuso un arancel del 25% sobre casi todas las importaciones de Canadá y México, junto con un arancel del 10% sobre bienes chinos, justificándose en preocupaciones sobre el tráfico de fentanilo y la inmigración ilegal. Para abril, las medidas se intensificaron con un arancel básico del 10% sobre todos los bienes importados, con tasas más elevadas para socios comerciales específicos: 20% para la Unión Europea y 34% adicional para China (que se suma al 20% previamente impuesto).

Si bien las tasas específicas por país deberían haberse implementado el 9 de abril, el presidente Trump anunció una pausa de 90 días en los aranceles para la mayoría de los países (excluyendo a China), mientras simultáneamente incrementaba los aranceles a las importaciones chinas a más del 125%.

De todos modos, las reacciones internacionales no se hicieron esperar. Mientras varios países, como Canadá y México, anunciaron planes de posibles retaliaciones a través de sus aranceles, China anunció aranceles de represalia del 34% sobre productos estadounidenses el 4 de abril, incrementándolos al 84% el día 10, y después al 125% el 11. La Unión Europea votó el 9 de abril para imponer un arancel del 25% sobre bienes estadounidenses seleccionados, aunque posteriormente suspendió estos planes tras el anuncio de la pausa arancelaria. El 13 de abril, en una medida de mayor impacto, China suspendió las exportaciones de minerales críticos y magnetos, afectando gravemente las cadenas de suministro globales para fabricantes de automóviles, empresas aeroespaciales, compañías de semiconductores y contratistas militares.

Es importante contextualizar estas medidas dentro del marco político-económico actual. Como señala Roach (2025a), «las guerras comerciales son guerras políticas«. El propósito del arancel del 145% sobre China no es primordialmente económico, sino político, y refleja la colisión entre dos visiones geopolíticas divergentes: el «Make America Great Again» de Trump frente al «Sueño Chino» de Xi Jinping que, por su parte, enmascaran una puja geoestratégica, situándose en un contexto más amplio de confrontación política. Esta forma de “guerra” comercial, por lo tanto, se relaciona con la definición clausewitziana de la guerra como continuación de la política por otros medios, evidenciando que los aranceles actuales funcionan como instrumentos de política exterior más que como herramientas puramente económicas.

El contexto geoeconómico actual se caracteriza por la convergencia de tres factores críticos: 

  • Fragmentación geopolítica: la rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China redefine los patrones de inversión (Elsig, 2024).
  • Reconfiguración logística: la crisis del Canal de Panamá (2023-2024) y el aumento de costos de fletes (+320% desde 2020) exigen ajustes operativos (Jensen, 2025).
  • Presiones inflacionarias y recesivas: los aranceles funcionan como *impuestos regresivos* que elevan los precios al consumidor en un 2.3% globalmente (The New York Times, 2025). Un estudio de Gopinath y Cavallo en «Tariff Passthrough at the Border and at the Store: Evidence from US Trade Policy»indica que la incidencia de los aranceles en precio de importación es casi 1:1. Y sobre precios al consumidor es ~40/50% del anterior, por efectos de la competencia interior (sustitución de proveedores, reducción de márgenes de ganancias, etc.)

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