Brasil se ha convertido en un punto neurálgico para las inversiones portuarias de China.

Redacción GlobalPorts

En los últimos años, y con mayor intensidad en 2025, empresas chinas han multiplicado su participación en terminales estratégicas del país sudamericano, consolidando un entramado logístico que conecta las exportaciones brasileñas de granos, minerales y energía directamente con los mercados de Asia.

Una ola de capital chino en infraestructura portuaria

Según cifras divulgadas por medios económicos brasileños, las inversiones directas de China en Brasil alcanzaron los 2.200 millones de dólares en el primer semestre de 2025, con un crecimiento de más del 5 % respecto al año anterior. Buena parte de esos recursos se concentraron en el sector de infraestructura portuaria, donde compañías como COFCO, China Merchants Ports y CCCC protagonizan una verdadera transformación.

En el Puerto de Santos, la principal terminal de contenedores y graneles de América Latina, COFCO avanza con la ampliación de su terminal de exportación, con una inversión de más de 300 millones de dólares. El objetivo: elevar la capacidad de embarque de granos de 4,5 a 14 millones de toneladas anuales hacia 2026.

Mientras tanto, China Merchants Port Holdings adquirió una participación mayoritaria en Vast Infraestrutura, operadora de una terminal de crudo en Río de Janeiro, por más de 1.000 millones de dólares, consolidando su control sobre otro enclave estratégico. En paralelo, la constructora estatal CCCC participa en la ejecución del nuevo puerto de São Luís, con una inversión cercana a los 700 millones de dólares.

Un tablero geopolítico en el Atlántico Sur

Para analistas brasileños, este despliegue no se trata solo de negocios portuarios, sino de una estrategia geoeconómica más amplia. China busca garantizarse el acceso directo a los flujos de exportación de granos y minerales brasileños, al mismo tiempo que refuerza su presencia en el Atlántico Sur, un espacio cada vez más relevante en la competencia global por el control de rutas y recursos.

En este contexto, las tensiones con Estados Unidos juegan un papel clave. Mientras Washington impone aranceles y limita acuerdos, Pekín fortalece su influencia a través de adquisiciones y proyectos de infraestructura en el mayor socio económico de Sudamérica.

Proyecciones hacia una integración bioceánica

Más allá de los puertos, la relación entre Brasil y China también avanza hacia la conectividad ferroviaria. Ambos países firmaron un acuerdo para estudiar la viabilidad de un ferrocarril bioceánico que uniría el litoral brasileño con el puerto de Chancay en Perú. La obra permitiría reducir en hasta 10.000 km las rutas marítimas hacia China, integrando regiones del interior brasileño y potenciando la salida de commodities hacia Asia.

Una apuesta de largo plazo

La magnitud de estas inversiones refleja que la apuesta china en Brasil es de largo plazo. Para el comercio exterior brasileño, esto significa más capacidad de exportación y mayor diversificación de mercados. Sin embargo, también abre debates internos sobre la dependencia de capital extranjero en infraestructura crítica y el impacto geopolítico de este avance en la región.

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