Alertan sobre la falta de infraestructura naval y los riesgos para la competitividad global de la industria

Redacción GlobalPorts//

Las principales compañías energéticas de Estados Unidos han solicitado al gobierno una exención a la nueva normativa impulsada por la administración de Donald Trump, que obliga a que una parte creciente de las exportaciones de gas natural licuado (GNL) se realice en buques construidos en astilleros estadounidenses.

La medida, anunciada por la Oficina del Representante Comercial de EE.UU. (USTR) el pasado 17 de abril, establece que a partir de abril de 2028, al menos el 1% de las exportaciones de GNL deberán transportarse en buques de construcción nacional.

Este porcentaje aumentará gradualmente hasta alcanzar el 15% en 2047. El objetivo declarado del gobierno es revitalizar la industria naval estadounidense y reducir la dependencia de la flota global, en particular de astilleros asiáticos, en el contexto de crecientes tensiones con China.

Sin embargo, desde el sector energético advierten que la medida es impracticable. “Actualmente solo existen cinco buques metaneros construidos en EE.UU., todos ellos inactivos y con más de 40 años de antigüedad”, advirtió el Instituto Americano del Petróleo (API), la principal organización que representa a las compañías productoras y exportadoras del país.

La construcción de nuevos buques de este tipo puede tardar entre cuatro y cinco años y requiere de astilleros especializados, una infraestructura que en EE.UU. ha sido progresivamente desmantelada en las últimas décadas. Además, las empresas exportadoras no controlan directamente las flotas que transportan el GNL, ya que la mayoría de los contratos de compraventa se realizan bajo términos donde los compradores eligen el flete. En consecuencia, se corre el riesgo de que se penalice a las empresas estadounidenses por factores fuera de su control.

“Esta regulación puede tener efectos contraproducentes: limitar nuestra capacidad exportadora y poner en riesgo acuerdos internacionales vigentes”, expresó un representante del sector bajo anonimato, en declaraciones recogidas por Reuters.

Las cámaras empresarias han solicitado una exención amplia o la revisión completa de la norma, en conversaciones activas con la USTR y el Departamento de Energía.

El debate reabre la tensión entre el nacionalismo económico y la competitividad en mercados globales. Mientras la administración Trump busca reindustrializar sectores estratégicos como el naval, las compañías exportadoras de energía temen perder presencia en un mercado mundial altamente dinámico y competitivo, en el que Estados Unidos había logrado posicionarse como uno de los principales proveedores de GNL, especialmente hacia Europa y Asia tras la invasión rusa a Ucrania.

Para analistas del sector, la medida responde a una visión política que prioriza la producción nacional sin resolver los cuellos de botella estructurales de la industria marítima del país. “Sin una inversión pública masiva para recuperar la industria de construcción naval, esta exigencia es simbólica y perjudicial. No hay una flota que la respalde”, señalaron desde la consultora IHS Markit.

Mientras tanto, el mundo observa con atención cómo esta iniciativa podría afectar el equilibrio en el mercado global de GNL, justo en un momento en que la seguridad energética se ha vuelto un eje central de la geopolítica internacional.

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