La integración energética regional CELAC 2040 dio un salto cualitativo en Montevideo. Los días 17 y 18 de junio, ministros y autoridades técnicas de América Latina analizaron un plan de 16 proyectos eléctricos.

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Por primera vez en la región, se discutió la posibilidad de un Tratado Marco de Integración Energética. Argentina, con los excedentes de Vaca Muerta como variable central, emerge como el nodo exportador que puede sostener ese nuevo esquema.

La hoja de ruta: 16 proyectos, 5.000 MW y retorno en menos de seis años

OLACDE y la CELAC presentaron el Plan Indicativo Regional de Interconexión Eléctrica con horizonte al 2040. La iniciativa fue impulsada junto a la Unión Europea a través del programa Euroclima, con implementación de GIZ. El programa contempla 16 proyectos de infraestructura que suman 5.835 MW de capacidad y 4.830 kilómetros de redes.

La inversión estimada asciende a USD 3.500 millones hasta 2040. Los informes técnicos la califican como altamente rentable: el payback oscila entre 2 y 6 años. La relación beneficio-costo es, en promedio, de 10 a 1. El beneficio económico neto proyectado se ubica entre USD 1.000 y USD 5.000 millones anuales. El rango superior corresponde a un escenario de alta electrificación.

La meta para 2040 es alcanzar una interconexión óptima de 5.000 MW. Ese nivel permitiría reducir el uso de combustibles fósiles, bajar emisiones y mejorar el aprovechamiento de las energías renovables en la región.

El instrumento jurídico que América Latina no tiene

El punto más disruptivo no fue el plan eléctrico, sino lo que se propuso a continuación. Andrés Rebolledo, secretario ejecutivo de OLACDE, fue directo: ese instrumento jurídico no existe en la región. Planteó la necesidad de iniciar un proceso de diálogo para negociar un Tratado de Integración Energética para América Latina y el Caribe. La ausencia de un marco vinculante ha limitado históricamente la estabilidad de los proyectos de interconexión y la certeza para los inversores.

La propuesta fue presentada ante la CELAC, organismo que agrupa a 33 países. OLACDE aparece como el principal impulsor, por su trayectoria en materia de integración energética regional. La VIII Reunión Ministerial fue el espacio donde se sentaron las bases políticas para una negociación que apenas comienza.

La ministra uruguaya Fernanda Cardona fue directa sobre el alcance de la propuesta. Para ella, la integración real no es solo infraestructura. Los oleoductos, gasoductos y redes ya construidos no son suficientes. Se necesita un marco que agregue valor y garantice soberanía energética.

El freno real: convergencia regulatoria, no falta de ductos

Los participantes coincidieron en un diagnóstico que desplaza el foco habitual. El principal obstáculo a la integración energética regional ya no es la falta de ductos o líneas de transmisión. La región cuenta con infraestructura construida en las últimas décadas, en gran parte subutilizada. El nudo está en la convergencia regulatoria entre los países, que impide el intercambio fluido y predecible de energía.

Sin un piso normativo común, los proyectos de interconexión quedan expuestos a las asimetrías de cada país. Eso encarece el financiamiento y reduce la escala de los intercambios. El Tratado Marco busca resolver exactamente ese problema.

Vaca Muerta como ancla del nuevo mapa energético regional

Para Argentina, Montevideo no fue solo un evento diplomático. El país enfrenta una transición concreta: pasar de importador a exportador neto de energía. Vaca Muerta es el activo que cambia la ecuación. Durante años, el principal obstáculo no fue la infraestructura. Fue la ausencia de excedentes exportables de gas. Esa restricción comienza a revertirse con la expansión de la producción no convencional.

Estudios de OLACDE y CAF proyectan intercambios regionales de gas de hasta USD 5.000 millones anuales. La cartera de proyectos asociados supera los USD 25.000 millones.

En ese esquema, Argentina incrementaría exportaciones y reduciría importaciones de GNL. Brasil accedería a gas competitivo para su reindustrialización. Chile reemplazaría parte de sus compras de GNL. Uruguay y Paraguay diversificarían su matriz.

La infraestructura portuaria y logística asociada a esos flujos representa una oportunidad que multiplica el impacto del plan eléctrico. Terminales de GNL, puertos fluviales de exportación y gasoductos hacia los corredores del norte y del sur son parte central de esa ecuación.

Perspectiva

La negociación del Tratado Marco está en etapa preliminar. Las señales de Montevideo muestran voluntad política, pero el camino hacia un instrumento vinculante entre 33 países es largo.

El verdadero test será la convergencia regulatoria. Ahí se define si el plan de USD 3.500 millones se convierte en infraestructura real o queda en documento técnico. El futuro de la integración energética regional depende de ese resultado.

Argentina tiene una ventana. Si consolida su perfil exportador antes de que esa negociación concluya, podrá incidir en las reglas del nuevo mercado, no solo adaptarse a ellas.

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