El Covid-19 que afectó al mundo durante el 2020 despertó la importancia en la sociedad de un sistema de salud adecuado para atender a la población. Las consecuencias de una pandemia inédita en nuestra era, demanda ir más allá de la visión economicista sobre la que se estructuran en la actualidad los sistemas sanitarios de los países. Esta visión trajo como contrapartida que el sistema se vea sin capacidad de respuesta para atender las consecuencias de una pandemia global, en la que los centros hospitalarios están saturados y desbordados.

Así como Argentina y otros países de Sudamérica han avanzado en el desarrollo de la vacuna contra el Covid-19, también es necesario reforzar el sistema sanitario y prepararnos para un rebrote de coronavirus o una nueva pandemia: es el momento de planificar un Centro Logístico Regional de Asistencia Humanitaria.

Más allá de las circunstancias particulares que las naciones están atravesando producto de la pandemia, nuestra región, por sus condiciones naturales, también se ve afectada por las graves consecuencias que con asiduidad provocan las catástrofes y desastres naturales.

La costa occidental de América Latina es una de las que presenta más accidentes sísmicos en el mundo. Ecuador, Chile y Perú han soportado los terremotos más fuertes de la región. Las inundaciones son el desastre más habitual, siendo Brasil el país de la región con mayor población expuesta, aunque también suelen verse afectados Perú, Bolivia, Uruguay y Argentina.

Hoy, en el mundo, hubs humanitarios como el de Panamá se convierten en faros, son un modelo a replicar para Centroamérica y el Caribe; o el que UNOPS está desarrollando en Gran Canaria para Africa. Otro caso, la Ciudad Humanitaria Internacional (IHC) de Dubai, es el centro humanitario más grande del mundo y desempeña un papel fundamental para facilitar las primeras respuestas a las crisis de manera eficiente a nivel mundial.

Los hubs humanitarios son iniciativas de cooperación sanitaria y técnica de carácter internacional, concebidas para brindar asistencia y apoyo a regiones amplias.
Operan como centros logísticos estratégicos. Están pensados y abocados a facilitar la coordinación de recursos humanos y materiales: recibir, organizar, almacenar y despachar suministros hacia aquellas locaciones en situación de catástrofe, para dar las primeras respuestas ante una situación de crisis de manera rápida y eficiente.
A este rol trascendental, también anexan otras áreas afines que permiten gestionar asistencia humanitaria.
Los hubs de Dubai (EAU), Panamá y Gran Canaria se han organizado sobre Zonas Francas porque la salud de la población en situaciones de extrema gravedad y urgencia, no puede tener una visión meramente de negocios.

Actualmente, hay una necesidad concreta: Sudamérica debe planificar un centro logístico de asistencia humanitaria.

Días pasados, Lisandro Ganuza nos comentaba que en el Ente ZFBBCR están trabajando junto con Alejandra Larosa en un proyecto para convertir a nuestra zona franca en una plataforma logística de ayuda humanitaria, capaz de dar respuesta en Latinoamérica o el Cono Sur ante emergencias sanitarias.

Larosa, por su parte, explicaba que aspiran a convocar a representantes de Organizaciones de la ONU, Organizaciones no gubernamentales, Organizaciones intergubernamentales y empresas para conformar una red de colaboración y asistencia.

Además, la legislación permite al Estado Nacional mejorar los beneficios del régimen de zona franca para ocasiones especiales como son las emergentes por situaciones críticas de índole sanitario, previendo además un esquema de profesionales con preparación y tecnología suficiente para atender situaciones de emergencia en todo el Cono Sur.

La Zona Franca Bahía Blanca Coronel Rosales puede poner al servicio de toda la región los beneficios de ser un nodo logístico accesible vía marítima, área y terrestre, capaz de brindar servicios de valor agregado y contar con la presencia de distintos sectores del gobierno e importantes actores del sector privado, como empresas, compañías de seguros, bancos; siendo un eje transversal para el trabajo conjunto con instituciones especializadas, el sector académico y organizaciones sociales en general.

La proximidad a la Base Naval Puerto Belgrano, con la presencia de efectivos de la Marina, el Ejército y las Fuerzas Aéreas en la región, permite el desarrollo de una visión estratégica, pudiendo contar, además, con el despliegue de los experimentados Cascos Blancos, quienes han sido reconocidos multilateralmente como pioneros en asistencia humanitaria a nivel mundial por las Asambleas Generales de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Fuente: La Nueva-

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A buen Puerto
Nov. 2020
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