En el primer programa del ciclo “Seguridad Portuaria & Navegación”, emitido desde la Sala de Situación de la Prefectura Naval Argentina, autoridades y especialistas debatieron sobre los avances, desafíos y buenas prácticas que consolidan a la Argentina como referente regional en protección de buques e instalaciones portuarias.
GlobalPorts inauguró un nuevo ciclo de programas bajo el título “Seguridad Portuaria & Navegación”, que propone recorrer los principales puertos del país para relevar cómo se está trabajando en materia de protección marítima.
El primer episodio, “La voz de los puertos seguros”, contó con la participación del Prefecto Mayor Gerardo Alarcón Torres, jefe del Departamento de Protección Marítima y Puertos, el consultor Héctor Burges (PROSEPORT – Terminal 4 de Buenos Aires), y José Heraldo Spadaro (J&M Consultores Marítimos – Puerto La Plata), con la conducción de Ariel Armero, director de GlobalPorts.

“A casi 20 años del PBIP, la evaluación es positiva”
El Prefecto Mayor Gerardo Alarcón Torres abrió el programa repasando el origen del sistema de protección portuaria en la Argentina, con la incorporación del Código Internacional PBIP en 2006, a partir de la Ley 26.166. “Fue una respuesta global tras el atentado a las Torres Gemelas. Desde entonces, la Prefectura fue ratificada como autoridad de aplicación y el país ha demostrado un compromiso sostenido”, señaló.
El Departamento que lidera lleva adelante:
- Registros y habilitaciones de instalaciones portuarias.
- Auditorías iniciales, anuales y extraordinarias.
- Supervisión de cumplimiento de los planes de protección aprobados.
“Tenemos auditores desplegados en todo el país. Cada habilitación implica un procedimiento riguroso, desde la certificación inicial hasta prácticas regulares, con verificación presencial y remota”, explicó. El Prefecto Mayor Gerardo Alarcón destacó también el rol de la tecnología en las terminales: “Hemos avanzado mucho. Por ejemplo, en terminales de pasajeros auditamos escáneres, detectores y protocolos de embarque. La demanda de control crece, pero el sector privado ha respondido con inversión y compromiso”.

Frente a riesgos crecientes como narcotráfico y terrorismo, remarcó: “La protección no se negocia. Si no cumplís, los buques no llegan” afirmó el Prefecto Mayor Alarcón.
También valoró el reconocimiento internacional reciente: “Recibimos la visita del Servicio de Guardacostas de Estados Unidos, en el marco del International Port Security Program. Evaluaron positivamente nuestros controles y destacaron el compromiso argentino con los estándares internacionales”.
Finalmente, mencionó proyectos en marcha como la digitalización de los planes de protección a través de la extranet de Prefectura y la implementación de trámites a distancia para vigiladores, como parte de una estrategia de mejora continua.
“Una ciudad flotante desembarca en otra ciudad”

Héctor Burges, responsable de la seguridad en Terminal 4 del Puerto de Buenos Aires, describió con precisión la magnitud de los desafíos operativos que supone el turismo de cruceros.
“En temporada alta, pueden circular más de 12.000 personas en la terminal de cruceros del puerto Buenos Aires. Tenemos zonas diferenciadas: embarque, desembarque y tránsito. Cada una tiene su propio circuito de seguridad”, detalló. A esto se suman tripulantes, visitas técnicas, y un flujo constante de pasajeros que varía con cada crucero.
La terminal Benito Quinquela Martín, operada por DP World, es una de las más modernas de Sudamérica. “Contamos con escáneres, detectores de metales, vigilancia privada y coordinación con los oficiales de protección de los buques. Escaneamos el 100% del personal y visitantes, en conjunto con Prefectura”, afirmó.
Pero más allá de los dispositivos, puso el foco en el factor humano: “Tenemos un plan anual de capacitación, con ejercicios mensuales y una práctica general con intervención de Prefectura. También enviamos boletines mensuales para reforzar la formación de todo el personal”.
Según Burges, la clave está en construir una cultura de protección: “El puerto no es un supermercado. Es una instalación crítica regulada por convenios internacionales. Cada persona que trabaja o entra debe entender qué es el PBIP, qué significan los niveles de protección y quiénes son las autoridades responsables”.
Además, explicó cómo los ejercicios permiten detectar debilidades: “Sirven para corregir errores, ajustar comunicaciones y mejorar tiempos de respuesta. La mejora continua no es un eslogan, es una práctica necesaria”.
“La protección es un sistema. Y ese sistema tiene que pensar y adaptarse”

El especialista José Heraldo Spadaro, representante de una Organización de Protección Reconocida (OPR), aportó una mirada estratégica y técnica sobre la seguridad portuaria desde su experiencia en el Puerto de La Plata.
“La seguridad es una percepción, una condición psicológica. La protección es lo que aplicamos para lograrla. Y eso requiere evaluación, planificación, tecnología y entrenamiento”, introdujo.
Spadaro explicó que su función se basa en realizar evaluaciones de riesgo en las terminales, que luego son validadas por la Prefectura: “Las OPR tenemos la misión de identificar vulnerabilidades y proponer mejoras. La seguridad electrónica está avanzando mucho, pero siempre debe complementarse con personal capacitado”.
Advirtió sobre la necesidad de discernir qué tecnología realmente agrega valor: “Hay mucho marketing en torno a seguridad electrónica. Algunas soluciones no son aptas. Nuestra función es ayudar a que se invierta en lo que funciona y en lo que permite respuesta rápida”.
Puso ejemplos concretos de mejoras recientes: “Hoy podés seguir en tiempo real a una persona desde que entra a la terminal hasta que sube al buque. Podés generar evidencia para una causa judicial, y eso refuerza el trabajo de la Prefectura”.
También subrayó la importancia del trabajo con las gerencias de las terminales: “La mejora debe surgir desde arriba. Hablamos con los presidentes de los consorcios, proponemos cambios, ajustamos procedimientos. El diálogo técnico es clave para mantener actualizados los sistemas de protección”.
Finalmente, remarcó: “La declaración de cumplimiento que emite la Prefectura cada cinco años no es un papel más. Es el broche de que hiciste bien las cosas, que tu terminal es confiable y segura”.
“La seguridad portuaria es un compromiso colectivo”
En el cierre del programa, los tres especialistas coincidieron en que el sistema argentino ha logrado construir una red sólida de protección portuaria, pero que el desafío es sostenerla y mejorarla constantemente.
Alarcón Torres: “La Prefectura acompaña. Pero la responsabilidad primaria de garantizar la protección es de cada instalación. Y eso genera reputación internacional”.
Burges: “Hay que trabajar en conjunto: prefectura, navieras, operadores. Solo así se minimizan los riesgos y se garantiza la continuidad operativa”.
Spadaro: “Cada terminal tiene riesgos distintos: combustibles, contenedores, pasajeros. La clave está en adaptar el plan de protección a esa realidad y capacitar al personal”.






