Cecilia Virasoro, vicepresidenta de la Cámara de Armadores de Bandera Argentina explicó por qué la mujer tiene que demostrar que sirve, que es inteligente, que tiene carácter, y eso sin perder su esencia femenina en un ámbito puramente masculino.

Por AGUSTIN BARLETTI

La sociedad está cambiando y las mujeres hoy tienen más presencia, incluso en actividades con preponderancia histórica de hombres como el transporte fluvio marítimo y los puertos. Cecilia Virasoro, accionista de National Shipping S.A. y vicepresidenta de la Cámara de Armadores de Bandera Argentina (CARBA), testigo de estos cambios, compartió sus experiencias con Transport & Cargo.

¿Cómo decidió entrar en esta industria que está mayormente manejada por hombres?

Empecé en esta actividad hace casi 25 años. Estudiaba abogacía, mi vocación desde chica fue ser abogada. Me motivaba la defensa de los más débiles y desde niña fui reactiva ante las injusticias. Si no hubiera comenzado a trabajar en esta actividad seguramente hubiese orientado mi carrera a defender pobres y ausentes. En 1997, durante el último año de universidad, mi padre me invitó a sumarme en la empresa. Seguí el mandato familiar, lo cual agradezco porque trabajar en esta industria me dio muchas satisfacciones.

¿Fueron difíciles los comienzos? ¿Qué barreras tuvo que derribar?

Empecé en el área legales y en esos tiempos la compañía tenía casi 90% de hombres mientras que las mujeres ocupábamos puestos administrativos o en mi caso como abogada recién recibida, y debía reportar a dos personas. Hace 25 años la mujer no tenía espacio ni posibilidades. No existían mujeres abordo, a nadie se le ocurría que una mujer pudiera subirse a un barco. Solo lo hacían como pasajeras y en situaciones excepcionales.

Fui viendo como de a poco la mujer iba teniendo presencia. Sin embargo, aún somos minoría. Por ejemplo, en CARBA somos dos mujeres a cargo. Hasta el fallecimiento de Juan Carlos Fernández Bazán, siempre hubo presidentes, nunca mujeres. Luego asumió Paloma Loewenthal y yo me hice cargo de la vicepresidencia.

En la Federación de Empresas Navieras Argentinas (FENA) sucedió lo mismo. Al principio era yo sola y los demás eran hombres, después ingresó Stella Morosoly como Revisora de Cuentas, mientras que los hombres detentan los otros doce puestos de la comisión directiva En general son hombres, hombres y hombres en todos los ámbitos de nuestra actividad.

Los comienzos fueron duros, hoy creo que se nos respeta un poco más. La sociedad está cambiando y las mujeres tenemos más presencia. La mujer tiene que demostrar que sirve, que es inteligente, que tiene carácter, y eso sin perder su esencia femenina en un ámbito puramente masculino. Ese es el desafío de mujeres que nos desarrollamos en ámbitos tan masculinos.

Por suerte hoy en Argentina se observa cada vez más presencia femenina en esta industria

Así es. Hace 25 años era impensado que una mujer fuera capitana de un barco. Hoy hay marineras, jefas de máquinas, oficiales de cubierta. Nuestra compañía es de las que más mujeres tiene a bordo. Yo todavía escucho discriminación y aún está quien dice que el barco no es un ámbito para las mujeres, que las mujeres traen más problemas que los hombres, o que se embarazan y hay que darles la licencia. Como sociedad evolucionamos, pero aun hoy seguimos escuchando estas cosas, no solo en el shipping sino en todos los ámbitos.

El 8 de marzo del año pasado en el desayuno que organicé con las mujeres de la empresa traté de transmitir lo que siento, que el gran desafío es que los hombres entiendan que no somos una amenaza. No queremos ocupar sus lugares o robarles nada, sino alcanzar los mismos derechos y obligaciones que ellos y que se nos permita desarrollar nuestras capacidades. Obviamente somos diferentes a los hombres, pero no por eso menos capaces.

Tenemos que formar equipos de trabajo sin que nos miren como débiles o problemáticas. Que se pueda ser presidenta de una compañía, por ejemplo.

Tuve grandes maestros, mi padre Eduardo Virasoro; mi tío, Alberto Virasoro; Juan Carlos Fernández Bazán, y Enrique Arceo entre otros. Ellos me han ayudado, formado, y estoy muy agradecida por eso. A mí me respetan, pero las mujeres tenemos que trabajar el doble o el triple para que se nos invite a debatir o a ocupar espacios. Si no sos dueña de una compañía o estas en un puesto alto es muy difícil llegar. Los hombres llegan más rápido y más fácil.

Fuente: Transport & Cargo, El Cronista

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