El monitoreo satelital de la Prefectura volvió a poner en foco un tema estructural del Atlántico Sur: la presión constante de flotas extranjeras sobre el límite de la milla 200 y el desafío operativo de proteger los recursos pesqueros argentinos.
Por GlobalPorts
El domingo 1 de febrero, la Prefectura Naval Argentina detectó mediante el Sistema Guardacostas a un buque pesquero extranjero navegando dentro de la Zona Económica Exclusiva Argentina frente al Golfo San Jorge.
La embarcación identificada fue el Playa Da Cativa, de bandera española.
El dato técnico que activó la alerta no fue solo la posición, sino el patrón de navegación: durante aproximadamente 45 minutos el buque se desplazó a menos de 4 nudos, una velocidad que, según los parámetros utilizados por la autoridad marítima, es compatible con maniobras de pesca por arrastre.
En este tipo de situaciones, no se trata de una mera “presencia” en la ZEE, sino de una presunción operativa de actividad pesquera no autorizada, basada en comportamiento náutico verificable por trazas satelitales.
Qué implica jurídicamente estar allí
La Zona Económica Exclusiva no es mar territorial, pero sí es un espacio donde el Estado argentino tiene derechos soberanos sobre los recursos naturales, particularmente los pesqueros, hasta las 200 millas.
La conducta observada podría encuadrarse como presunta infracción al Ley 24.922 (Régimen Federal de Pesca), que regula la explotación y conservación de los recursos en aguas bajo jurisdicción nacional.
Un elemento relevante es que, días antes, el buque ya había sido advertido formalmente por la autoridad marítima cuando operaba muy próximo al límite exterior de la ZEE, solicitándole mantener un margen de seguridad para evitar incursiones.
Un escenario que se repite en el borde de la milla 200
Este episodio no es aislado. Forma parte de una dinámica conocida en el Atlántico Sur: grandes concentraciones de flotas extranjeras operando al límite exacto de la ZEE argentina, donde cualquier deriva mínima, intencional o no, puede significar el ingreso a aguas jurisdiccionales.
La Prefectura ya había detectado en semanas previas situaciones similares con otros buques.
Lo que cambia en los últimos años no es la práctica, sino la capacidad tecnológica argentina para detectarla, registrarla y documentarla con precisión técnica.
La dimensión menos visible: control, evidencia y trazabilidad
El Sistema Guardacostas integra información AIS, imágenes satelitales y análisis de patrones de navegación. Esto permite algo clave en estos casos: no depender de una interceptación física para constatar la presunta infracción, sino construir evidencia a partir del comportamiento del buque.
Para la protección de los recursos pesqueros, esta trazabilidad es central. Permite:
- Identificar incursiones en tiempo real.
- Registrar velocidades y maniobras compatibles con pesca.
- Generar antecedentes formales y advertencias previas.
- Sustentar actuaciones administrativas y judiciales posteriores.
La pesca es uno de los recursos estratégicos del Atlántico Sur. Calamar, merluza y otras especies migratorias no reconocen límites políticos, pero sí están alcanzadas por marcos jurídicos nacionales cuando ingresan a la ZEE.
Por eso, estos eventos no se leen solamente como episodios de control marítimo, sino como parte de un escenario estructural de presión internacional sobre el recurso pesquero argentino.
Una señal clara
La detección del Playa Da Cativa muestra dos realidades simultáneas:
- La persistencia de flotas extranjeras operando al límite de la legalidad en el borde de la milla 200.
- La creciente capacidad argentina para ver, registrar y documentar lo que ocurre en ese espacio marítimo.
En el Atlántico Sur, la soberanía ya no se ejerce solo con presencia física en el mar, sino también con información, tecnología y monitoreo permanente.






