Por Lucía Bercholc, GlobalPorts//
Actualmente, las siete especies de tortugas marinas que existen en el mundo se encuentran en peligro de extinción, algunas de ellas en peligro crítico según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Tal es el caso de la tortuga cabezona –caretta caretta-, especie a la cual pertenece el ejemplar macho Jorge, el cual fue devuelto a su hábitat natural tras 40 años de cautiverio.
El procedimiento fue realizado el pasado 11 de abril en un barco de la Prefectura Naval Argentina, con un equipo multidisciplinario a bordo que estaba conformado por investigadores del Laboratorio de Ecología, Conservación y Mamíferos Marinos del Museo Argentino de Ciencias Naturales, especialistas del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras de la Universidad Nacional de Mar del Plata, personal del CONICET y del Aquarium.
Actualmente, el animal pesa casi 100 kilos y tiene una edad estimada de 60 años, 40 de ellos habiendo vivido en cautiverio entre el ex acuario de Mendoza y el Centro de Rehabilitación de Fauna Marina (CRFM) del Aquarium de Mar del Plata. Tras haber completado una recuperación de más de dos años en el CRFM, y luego de varios días de espera debido a las condiciones meteorológicas, el animal fue transportado en una caja especialmente diseñada para él hasta el Guardacostas GC-72 «Buenos Aires» de la Prefectura, que zarpó de Mar del Plata y lo trasladó unas 10 millas náuticas mar adentro (aproximadamente 18 kilómetros respecto a la costa de la ciudad balnearia).

«Apenas tocó el agua salió lo más bien, con la temperatura que estaba como pensábamos» explicó a los medios Alejandro Saubidet, el director de Biología del CRFM y quien encabezó el proyecto para el retorno del animal a aguas abiertas. Este comentario se debe a que para realizar la operación se esperó a que se abriera una “ventana temporal», no sólo por buenas condiciones meteorológicas sino para coincidir con el desplazamiento de corrientes cálidas hacia Uruguay y el sur de Brasil, lo que facilitaría la reinserción de Jorge en el mar, ya que al tratarse de una tortuga cabezona, es un animal de aguas cálidas. Según se ha registrado, el ejemplar nació en la costa de Brasil, confirmando que es una tortuga presente en océanos templados y subtropicales. De esta manera, es esperable que migre hacia las costas del norte en busca de corrientes cálidas.

Una vez que llegaron al sitio indicado por especialistas del CRFM, la caja transportadora con el animal se bajó mediante una pluma -grúa utilizada para izar y arriar cargas- al mar, en donde fue recibida por un nadador de rescate de la Prefectura y uno del Aquarium. La operación se realizó de forma segura según los protocolos exigidos.
La tortuga fue devuelta al mar con un rastreador satelital desarrollado por investigadores del CONICET, quienes aportaron los transmisores, mientras que la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza aporta el servicio de satélite para monitorear al animal. El seguimiento del mismo se hará mediante las señales que registre el rastreador cuando Jorge salga a respirar a la superficie.
“Dependiendo del comportamiento del animal, la antena puede transmitir datos de posicionamiento que pueden brindar información útil para tener un dato más científico sobre la migración de estas tortugas. Habrá que tener paciencia porque, si bien el sistema se chequeó hasta último momento y transmitió y marcó las posiciones a la perfección, depende de que Jorge saque su caparazón a la superficie. Con la marea tan movida eso se dificulta y las primeras señales pueden demorar”, explicaron los implicados.
La historia de la tortuga Jorge
El animal fue encontrado por un grupo de pescadores en una zona pesquera de Bahía Blanca en marzo de 1984, con un estimado de 20 años de edad y 40 kilos de peso. Tras determinar su pertenencia a la especie tortuga cabezona y notar su estado herido y casi congelado, se optó por trasladarlo a una institución donde pudiera recibir tratamiento, la cual fue el ex acuario municipal de Mendoza ya que tenía las instalaciones para contener a una tortuga de gran tamaño. Además, devolver al animal en semejantes condiciones hubiese sido perjudicial, ya que si una tortuga queda varada fuera del mar es porque presenta algún problema de salud. En el caso de reinsertarla en su hábitat, podría haber sufrido un caso de hipotermia.
Jorge vivió durante 38 años en un estanque del acuario de Mendoza -actualmente reconvertido como centro de conservación de biodiversidad- hasta que fue trasladado al CRFM del Aquarium Mar del Plata en 2022 para comenzar su plan de rehabilitación y adaptación, con el objetivo de ser reinsertado en aguas abiertas. A pesar de que se proyectaba su liberación para el año 2026, los avances en su rehabilitación permitieron adelantar el proceso, que culminaría tras el cierre del Aquarium.

Cuando el animal llegó al CRFM en Mar del Plata, ocupó un estanque mucho más espacioso que el que habitaba en Mendoza, lo que le permitió recuperar su fuerza muscular al fomentar el nado. Para garantizar su bienestar, comenzó viviendo en un estanque de un metro y medio de profundidad para observar si salía a respirar normalmente, y progresivamente se fue subiendo el nivel del agua. Según las autoridades encargadas durante el proceso, Jorge se adaptó con muy buen ritmo a estos procedimientos, como también al aumento de la salinidad del agua.
A partir de su respuesta positiva, la readaptación implicó el incentivo para que el animal se alimentara por cuenta propia. Para eso, se incorporaron cangrejos en el recinto para que Jorge entrenara la búsqueda de presas, lo que luego permitió añadir pequeñas rayas en el estanque para fomentar la convivencia de la tortuga con otros animales y la competencia por alimento, en su mayoría bivalvos. A la vez, otra acción de enriquecimiento ambiental fue el aumento de la capacidad del agua en el recinto, alcanzando 3 metros de profundidad. Tras confirmar que el instinto de Jorge estaba intacto y podía alimentarse por sí mismo, los biólogos responsables consideraron que se daban las condiciones para que el animal fuese devuelto al mar.
«La planificación de este regreso al mar incluyó evaluaciones clínicas, genéticas y de comportamiento, para asegurar que Jorge pueda adaptarse exitosamente a la vida silvestre”, expresaron las autoridades. Por ejemplo, la tortuga debía reencontrarse con un porcentaje de salinidad del agua que no experimentó en cautiverio, lo que requirió de un proceso monitoreado con ionogramas y un chequeo del funcionamiento de su aparato excretor.
La fase final de la rehabilitación se llevó a cabo en una laguna marina artificial ubicada junto al mar, donde se evaluaron las habilidades del animal en grandes áreas. Es importante recordar que una liberación inmediata hubiese sido imposible, ya que para mantener las condiciones de bienestar del animal es necesario adaptarlo paulatinamente, teniendo en cuenta que vivió décadas en cautiverio, siendo alimentado por cuidadores y nadando a una profundidad de un metro y medio. Para ser devuelto al estado de silvestría, donde actualmente abundan amenazas para las tortugas marinas, como pueden ser la interacción con redes de pesca o la ingesta de residuos plásticos, resulta clave una buena rehabilitación que respete los tiempos de adaptación del ejemplar. Entonces, es un proceso complejo que lleva tiempo y debe realizarse correctamente a través del trabajo de especialistas.
Tras el cierre del Aquarium Mar del Plata
Luego de 32 años, en marzo del corriente año cerró de forma definitiva el Aquarium de la ciudad costera, hecho que fue anunciado mediante un comunicado en el mes de febrero a través de sus redes sociales. El cierre se dio a partir de no haber logrado un acuerdo para renovar el contrato de alquiler con los propietarios del terreno.

Las autoridades aseguraron que “todos los animales del parque, nacidos bajo cuidado humano, serán reubicados en acuarios y zoológicos tanto nacionales como internacionales”. En este sentido, es interesante tener en cuenta el cambio de paradigma que se está dando en la última década con respecto a la transición de instituciones con animales en cautiverio con fines de entretenimiento a centros de rehabilitación de fauna y educación ambiental, como es el caso del Ecoparque (ex Jardín Zoológico) en la Ciudad de Buenos Aires, entre otros ejemplos nacionales.
Resulta necesario también comprender que estos procesos de reconversión son complejos y la reubicación de animales que han vivido décadas en cautiverio requiere de trabajos paulatinos y progresivos con los mismos, para fomentar su adaptación y evaluar su posible reinserción en hábitats naturales o, en caso de no poder ser liberados, el traslado a otros centros de rehabilitación de fauna.
Teniendo en cuenta que Jorge es un animal de costumbres solitarias y gracias a que ha vivido sus primeros veinte años de vida en libertad, se espera que la liberación sea exitosa, lo que se está midiendo desde hace 3 días a través del rastreador satelital. El caso de Jorge resulta paradigmático y constituye un hito para la conservación de tortugas marinas en Argentina, considerando que las siete especies representantes están en peligro de extinción ante las amenazas de la interacción con redes de pesca y la ingesta de residuos plásticos semejantes a su alimento natural.
Mediante el ejemplo de esta liberación, es importante destacar que la fauna silvestre debe seguir como tal, y su conservación representa una problemática que compete tanto a instituciones y organismos privados como estatales, siendo una cuestión de importancia social y nacional.






