La reactivación PIAP Arroyito con gas de Vaca Muerta y agua pesada de exportación vuelve a la agenda. Esta vez, de la mano del sector privado. Las empresas Saesa y Spark formalizaron el 19 de mayo una iniciativa privada ante la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). La inversión proyectada supera los US$ 120 millones y el plazo de ejecución se estima en 36 meses.
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Saesa y Spark presentaron una iniciativa privada por más de US$ 120 millones para poner en marcha la Planta Industrial de Agua Pesada de Arroyito, paralizada desde 2017. El proyecto, basado en el gas de Vaca Muerta, apunta a exportar D2O a los mercados nuclear, médico y tecnológico.
Un activo único en el mundo, parado hace casi una década
La Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) fue inaugurada en 1993 en Arroyito, sobre la margen del río Limay, en Neuquén. Con una capacidad de diseño de 200 toneladas anuales, la CNEA la describe como la más grande del mundo en su tipo. Es propiedad del Estado nacional y opera bajo la figura de la Empresa Neuquina de Servicios de Ingeniería (ENSI), sociedad que integran la CNEA y la provincia de Neuquén.
Desde 2017 no registra producción comercial continua. La paralización, dispuesta durante la gestión de Mauricio Macri, obligó a importar agua pesada desde Rumania. Ese insumo —imprescindible para los reactores nucleares de uranio natural como Atucha I, Atucha II y Embalse— sale actualmente de arcas del Estado a un costo superior a los 12 millones de dólares anuales, sin contrapartida productiva.
El modelo: concesión privada sin transferencia de propiedad
Juan Bosch, presidente de Saesa, presentó los detalles del proyecto en el ciclo de streaming Dínamo de EconoJournal. El esquema legal no implica privatización. «La planta va a seguir siendo propiedad del Estado nacional; solamente va a ceder la operación y la comercialización del producido«, aclaró el directivo. La propuesta busca obtener, mediante licitación pública, una concesión para operar la planta y exportar el agua pesada producida.
El proyecto contempla habilitar dos líneas de producción. La primera podría activarse de forma anticipada al plazo total de 36 meses. La estrategia comercial ya tiene respaldo concreto: se firmaron memorandos de entendimiento con compradores del exterior que solicitaron acelerar los tiempos de provisión.
Vaca Muerta como materia prima estratégica
El núcleo del argumento económico está en la proximidad con la formación no convencional. La planta separa deuterio a partir de hidrógeno derivado del gas natural. Con Vaca Muerta como fuente de insumo, la PIAP podría procesar hasta 600.000 metros cúbicos de gas por día. Ese volumen se convierte en un producto de alto valor agregado para cadenas globales de energía nuclear, salud, biotecnología y farmacéutica.
Para una comercializadora de gas como Saesa, la lógica es precisa: transformar un commodity abundante y barato en un exportable de primer nivel. Bosch lo resume con claridad: «Con su reactivación, Argentina entra al Top 5 de productores mundiales de agua pesada». El contraste con el escenario actual es elocuente: hoy la planta cuesta dinero sin producir nada.
El historial pesa: antecedentes que condicionan el optimismo
La propuesta llega con viento a favor, pero no sin historia. Durante sus dos décadas de funcionamiento, la PIAP produjo apenas 1.500 toneladas de D2O en total —un promedio de 75 toneladas anuales, por debajo del umbral de rentabilidad—. Las exportaciones reales no superaron el 10% de ese total. Distintos planes de reactivación impulsados desde el Estado en los últimos años tampoco llegaron a concretarse.
El propio Bosch reconoció el obstáculo central. No es financiero ni técnico: «Lo que me preocupa es vencer la inercia, la tarea de evangelización y convencer de que esto es posible y que es bueno para todos». La demanda global, sin embargo, juega a favor. Estudios de mercado proyectan que la demanda mundial de agua pesada podría superar las 300 o 400 toneladas anuales en los próximos años. Un volumen que la PIAP, reactivada, podría abastecer en parte.
El paso institucional: ahora decide la CNEA
En enero de 2026, el presidente de la CNEA, Martín Porro, y el secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, ya habían recorrido la planta y definido acciones preliminares de mantenimiento. La propuesta de Saesa y Spark quedó ahora bajo análisis técnico de esa misma institución.
Si la CNEA aprueba la viabilidad del proyecto, el Gobierno nacional deberá convocar a una licitación pública nacional e internacional. El resultado de ese proceso determinará si la reactivación PIAP Arroyito con Vaca Muerta como insumo es, esta vez, algo más que una promesa pendiente.






