El acuerdo entre Estados Unidos e Irán abre la puerta a la reapertura del Estrecho de Ormuz, pero el sector naviero enfrenta semanas de transición compleja antes de normalizar el flujo energético global.

GlobalPorts | Logística, Transporte Marítimo y Comercio Internacional


55 buques, 110 millones de barriles y una orden de zarpe que no llega

Frontline, uno de los mayores propietarios de superpetroleros del mundo, estima que 55 grandes petroleros vacíos aguardan cerca del Golfo Pérsico. Eso equivale a una capacidad de 110 millones de barriles. Las compañías prefirieron resignar ingresos de hasta 100.000 dólares diarios por buque antes que perder posición cuando el estrecho reabriera. El represamiento es elocuente: mide, en tonelaje, el tamaño real del bloqueo.

La firma del memorando de entendimiento está prevista para el 19 de junio en Ginebra.

El pacto contempla el cese de hostilidades, la reapertura del Estrecho de Ormuz y el levantamiento del bloqueo naval estadounidense sobre los puertos iraníes. Ambas partes tienen 60 días para negociar un acuerdo definitivo sobre el programa nuclear iraní.

La reacción de los mercados fue inmediata. El petróleo cayó cerca de un 4% y los principales mercados asiáticos abrieron con alzas en torno al 6%. Pero el optimismo financiero y la realidad operativa del estrecho no corren al mismo ritmo.

El seguro marítimo: el cuello de botella que bloquea el zarpe

Sin cobertura aseguradora, ningún armador mueve un buque. Tras los ataques de fines de febrero, las primas se dispararon en horas y la cobertura fue directamente retirada en muchos casos. El mercado no canceló formalmente el riesgo de guerra, pero lo reprecó a niveles comercialmente inviables. Los tránsitos por el estrecho cayeron más del 80% en pocos días.

Antes de la guerra, las tarifas de riesgo bélico oscilaban entre el 0,15% y el 0,25% del valor del casco por semana. En el pico de la crisis, esas primas llegaron al 3% del valor del buque. Para un petrolero de 250 millones de dólares, el costo por trayecto pasó de 625.000 a varios millones de dólares. Los analistas advierten que la prima de riesgo en el mercado de fletes tardará meses en normalizarse

Ras Laffan y el GNL: un daño que no se repara con un acuerdo

El impacto sobre el gas natural licuado agrega otra capa de complejidad. Ras Laffan, la planta de licuefacción qatarí que suministra normalmente el 17% del GNL mundial, fue alcanzada al inicio de la guerra. Dos de sus 14 unidades quedaron inutilizadas, afectando aproximadamente el 3% del suministro global. Su reactivación llevará más tiempo que la de los pozos petroleros.

Para Qatar, no existe una alternativa viable al Estrecho de Ormuz sin construir gasoductos costosos e instalaciones de licuefacción fuera de su alcance actual. La dependencia es estructural, y el daño acumulado en la infraestructura no desaparece con la firma del memorando.

El antecedente de abril que pesa sobre el sector

El sector naviero tiene razones concretas para moverse con cautela. En abril, apenas tres días después de una reapertura previamente anunciada, fuerzas estadounidenses atacaron y capturaron un buque de carga iraní en el Golfo de Omán. Teherán calificó la acción de piratería y violación de la tregua. El episodio dejó una enseñanza clara: la distancia entre un anuncio diplomático y una ruta segura puede medirse en misiles. 

A eso se suma el estado físico del estrecho. Durante el conflicto, la Guardia Revolucionaria Islámica empleó cuatro métodos de restricción: ataques con lanchas rápidas, misiles y drones; siembra de minas marinas; falsificación de señales satelitales; y bloqueo de señales AIS. La Alta Representante de la UE, Kaja Kallas, propuso que la misión naval Aspides lidere el desminado en el estrecho. Pero la unanimidad requerida entre los 27 Estados miembros hace que ese proceso sea lento.


Un acuerdo de 60 días bajo la lupa

El antecedente del acuerdo nuclear de 2015 —que Trump rompió unilateralmente en 2018— recuerda que estos pactos son frágiles y dependen de voluntades políticas cambiantes.

Para el sector naviero, el escenario más probable es una reapertura gradual. Los armadores volverán al estrecho a medida que bajen las primas, se confirme el desminado y la tregua se sostenga sobre el terreno. Cuando eso ocurra, la escena será inédita: caravanas de superpetroleros, miles de pozos que reanudan operaciones, instalaciones de almacenamiento que comienzan a vaciarse y oleoductos que vuelven a funcionar. El acuerdo político es el primer paso. La reapertura real del Estrecho de Ormuz para el sector naviero, el siguiente —y más exigente.

Fuentes: Reuter/ Axios/CNN/Moncloa/

[rev_slider alias="web-product-light-hero-3d1"][/rev_slider]