Por Lucía Bercholc

Tras un operativo interdisciplinario, la Prefectura Naval Argentina (PNA) reinsertó en su hábitat natural a Ramona, un ejemplar de tortuga marina de la especie Chelonia mydas -tortuga verde-, de 4.5 kilogramos. Luego de haber sido encontrado varado en el Río de la Plata el pasado 4 de diciembre, derivado por Zoonosis Quilmes a la Fundación Temaikén y rehabilitado durante un mes en su Centro de Recuperación de Especies, el animal fue liberado cerca de la costa de Mar del Plata.

El varamiento de una tortuga marina es indicador de que el animal puede tener un problema de salud, por eso, encontrar un ejemplar fuera del agua requiere de una notificación a las autoridades correspondientes. Es importante NO reingresar al animal en el agua.

En las instalaciones de Temaikén, Ramona fue sometida a una evaluación sanitaria y residió en un ambiente especialmente acondicionado para sus necesidades, orientado a reducir el estrés del animal, estabilizar su condición corporal y favorecer su recuperación. A su vez, recibió una dieta específica elaborada y supervisada por un equipo de nutrición. Ante la respuesta clínica positiva, alcanzó el estado de alta y comenzó el proceso de su liberación.

Tras su rehabilitación, el martes 6 de enero por la mañana Ramona fue trasladada 2,5 millas náuticas mar adentro, a bordo del guardacostas GC-72 “Buenos Aires”, para ser liberada por efectivos de la Autoridad Marítima Nacional junto con especialistas de Temaikén y nadadores de rescate. Frente a la costa marplatense, el punto de liberación fue definido por el equipo técnico, considerado como área adecuada en función de una correcta restitución del animal y la seguridad operativa.

El ejemplar fue transportado en una bandeja plástica de contención para minimizar su estrés y mantenerlo estable, para luego ser bajado al agua, en donde aguardaban tres nadadores de rescate de la PNA para custodiar la liberación y asegurar que el ingreso del animal a su hábitat ocurriese sin riesgos ni posibles impactos mecánicos sobre Ramona. Al estar en contacto con el agua, la misma inició su nado de forma esperable, lo cual funciona como primer indicador de una buena recuperación del animal y un operativo exitoso por parte del equipo profesional.


La tortuga fue liberada con un sistema internacional de identificación mediante marcaje, que consiste en una práctica estandarizada para fortalecer la trazabilidad individual. Esto permite monitorear la evolución del animal y sus rutas de desplazamiento, además de aportar datos sobre su supervivencia tras la rehabilitación, lo que permite desarrollar futuros análisis poblacionales de la especie y diseñar mejores estrategias de conservación.

A partir de este proceso exitoso, la PNA reafirma estar involucrada como Autoridad Marítima Nacional en la conservación de la biodiversidad marina, trabajando de forma articulada e interdisciplinaria en pos del rescate, rehabilitación y reinserción de fauna silvestre en el medio marino.


El caso de Jorge y el estado de conservación de las tortugas marinas

El procedimiento llevado a cabo con Ramona no es un caso aislado, sino que forma parte de una cadena de acciones y estrategias de conservación dentro del territorio del Mar Argentino. Es pertinente recordar el caso de Jorge, un ejemplar de tortuga cabezona –Caretta caretta– de 60 años de edad y un peso de casi 100 kilogramos. El animal había vivido sus primeros 20 años de vida en silvestría, luego vivió en cautiverio durante 40 años, para finalmente ser rehabilitado y reinsertado en aguas argentinas como resultado de un proceso de trabajo largo y articulado entre distintas instituciones y profesionales.

El 11 de abril de 2025, Jorge fue transportado desde el ex Aquarium Mar del Plata en el mismo guardacostas de la PNA en que fue trasladada recientemente Ramona, para ser liberado 10 millas náuticas mar adentro, en un procedimiento de reinserción exitoso. El ejemplar fue devuelto al mar con un transmisor que permitió monitorear su ruta de desplazamiento y registrar datos comportamentales de la especie que nunca se habían podido tomar en un individuo macho, ya que es un estudio que suele hacerse en hembras. Así, se siguió la ruta de Jorge durante más de 3.000 kilómetros, desde Mar del Plata hasta Bahía de Guanabara, en Río de Janeiro, Brasil, de donde originalmente proviene el animal.

Respecto al caso, Mariela Dassis, investigadora del CONICET a cargo del seguimiento satelital del ejemplar, explicó que “Jorge nos da el regalo de informarnos y de permitirnos estudiar una especie que está con problemas de conservación”. Luego de haber llegado a las costas de Río de Janeiro, el transmisor de Jorge se quedó sin batería y dejó de rastrear sus desplazamientos. “Fueron un total de 109 días, cercano a los cuatro meses, y nos permitió extraer conclusiones muy importantes sobre su desempeño y sobre el éxito total que ha significado la reinserción de Jorge, después de 40 años, en su medio natural. Queríamos comunicar que la finalización del monitoreo es completamente esperable. Cuando uno coloca este tipo de instrumentos, sabe que tienen una vida útil”, explicó Dassis en cuanto se dejó de obtener señal del transmisor.

En la actualización más reciente de la Lista Roja de Especies en Peligro que realiza la Unión Internacional por la Conservación de la Naturaleza (UICN), la tortuga verde fue recategorizada: pasó de clasificarse “En Peligro” a ser de “Preocupación Menor”, resultado de más de cinco décadas de trabajo articulado a nivel global en pos de la conservación de esta especie.

La tortuga verde, junto con otras especies de tortugas marinas, fue explotada y cazada durante siglos para consumir su carne y utilizar sus huevos y caparazón, lo que diezmó su población ampliamente al punto de llevar a la especie al borde de la extinción hacia la década de 1980. Como respuesta a esta problemática, se realizaron múltiples esfuerzos de conservación desde ese entonces hasta la actualidad, consistiendo en la limpieza de playas y océanos, patrullajes en playas de anidación, rehabilitación y reinserción de ejemplares juveniles y adultos en centros de rescate, prevención de capturas accidentales durante la pesca y campañas de educación ambiental.

Roderic Mast, copresidente del Grupo de Especialistas en Tortugas Marinas de la Comisión de Supervivencia de Especies de la UICN, comentó que “la actual recuperación global de la tortuga verde es un poderoso ejemplo de lo que la conservación global coordinada durante décadas puede lograr para estabilizar e incluso restaurar las poblaciones de especies marinas longevas”, haciendo referencia a la antigüedad de las tortugas marinas.

Sin embargo, esta recategorización no representa una conquista ya que estos animales enfrentan cada vez más la contaminación de los océanos, el consumo de plástico, enredos en redes de pesca y la pérdida de hábitat, además del aumento de temperaturas y la erosión costera, todos factores que contribuyen a disminuir las poblaciones de tortugas y su éxito reproductivo a nivel global. Por estas cuestiones, no puede considerarse que las tortugas están protegidas y las acciones de conservación siguen siendo indispensables. La UICN advierte también que las poblaciones de tortuga verde aún son menores respecto a las que existían antes de la colonización europea.

Teniendo en cuenta todo lo mencionado, los casos de Jorge y Ramona resultan paradigmáticos y constituyen hitos para la conservación de tortugas marinas en el Mar Argentino, problemática que compete a organismos e instituciones tanto privados como estatales.


Oportunidades de conservación y responsabilidad ciudadana

La articulación de organizaciones e instituciones nacionales, como la PNA y ONG como Temaikén, demuestra el compromiso de conservación de la biodiversidad y el avance científico en nuestro país. El esfuerzo interdisciplinario resulta clave en estos casos para garantizar operativos de rehabilitación y liberación exitosos, con el mínimo impacto posible en los animales. Es importante tener en cuenta que estos esfuerzos involucran a muchos profesionales trabajando con un solo ejemplar, grandes inversiones económicas, mantenimiento de ambientes adaptados, un significativo tiempo de recuperación, planificación de alimentación, colocación de transmisores, traslado en embarcaciones y el posterior seguimiento durante meses.

Por todo esto, los varamientos de tortugas marinas y la conservación de la especie representan tanto un desafío como una oportunidad para que se involucre la ciudadanía en la protección de la biodiversidad. Resulta necesario no solo continuar con las estrategias de conservación, sino educar constantemente a la población respecto a cómo proceder ante encuentros con fauna marina, cómo detectar si se trata de un problema con el animal y a quiénes notificar al respecto. Es imprescindible, a su vez, reiterar la necesidad de mantener las zonas costeras limpias, promoviendo un turismo responsable y el compromiso con el ambiente. Sumado a todas estas acciones, es importante continuar regulando la pesca industrial, que afecta directamente a las tortugas marinas debido a los enredos con redes pesqueras.

La costa atlántica y la ciudad de Mar del Plata resultan puntos estratégicos de conservación de fauna marina, siendo motores para fomentar el compromiso ambiental, la responsabilidad ciudadana y la educación respecto a la biodiversidad en el Mar Argentino.

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