Por GlobalPorts

Un nuevo informe de la Bolsa de Comercio de Rosario encendió luces amarillas en el núcleo productivo del país: el 20% de la soja de primera ya se encuentra en condiciones regulares a malas, en pleno período crítico de definición de rindes. Sin embargo, la llegada de lluvias intermitentes en los últimos días abre una ventana de recuperación que podría resultar decisiva para la campaña 2025/26.

El dato trasciende el plano estrictamente agronómico y adquiere relevancia logística. El estado de los cultivos en la región núcleo es el primer eslabón de la cadena que luego impacta en el volumen de cargas hacia el sistema portuario del Gran Rosario, principal motor del comercio exterior argentino.


Un escenario de contrastes en la zona núcleo

El relevamiento semanal indica que la soja atraviesa un momento determinante: el 75% de los lotes está en fructificación y un 15% iniciando la formación de semilla, por lo que las lluvias de febrero resultan críticas para sostener los rindes. La sequía de enero elevó el estrés termo-hídrico y provocó un deterioro progresivo, con caídas de potencial que en algunas zonas podrían alcanzar entre el 20% y el 40%.

Las precipitaciones recientes, aunque desparejas, permitieron renovar expectativas en áreas puntuales. En sectores donde se registraron acumulados significativos, técnicos estiman que el cultivo podría recuperar parte del tiempo perdido y sostener niveles productivos aceptables.

Pero el panorama sigue siendo heterogéneo. El sudeste santafesino continúa como uno de los focos más comprometidos por la falta de agua, mientras que otras zonas comienzan a mostrar señales de alivio.


Maíz y soja de segunda, bajo presión

El informe también advierte sobre la situación del maíz tardío y de segunda, con unas 200.000 hectáreas en condición delicada por el déficit hídrico. En algunas áreas ya se mencionan recortes de hasta el 50% del potencial productivo, dependiendo de la evolución climática en las próximas semanas.

En el caso del maíz temprano, los resultados son más alentadores: los rindes medios se ubican en torno a los 108 qq/ha y la cosecha se adelantaría hacia mediados de febrero, en un contexto de desarrollo relativamente favorable frente al resto de los cultivos.

La soja de segunda, en tanto, muestra el impacto directo del déficit de agua sufrido en enero, con pérdidas estimadas superiores al 30% del potencial en los sectores más afectados.


El clima, variable decisiva para el volumen exportable

Desde el punto de vista climático, el informe señala un cambio incipiente: las lluvias recientes podrían marcar el inicio de una normalización del patrón pluvial de febrero y permitir recomponer reservas de humedad en los suelos. Sin embargo, para alcanzar condiciones óptimas, el centro y norte de la región núcleo necesitarían acumulados superiores a los 100 mm en los próximos quince días.

Este factor será determinante no solo para los rindes finales, sino también para el volumen exportable que llegará a las terminales portuarias en la segunda mitad del año.


La señal temprana que mira la logística

El estado actual de la campaña comienza a delinear un escenario de producción con fuertes contrastes territoriales. Si las lluvias se consolidan, el sistema agroexportador podría sostener un flujo importante de cargas hacia el Gran Rosario. Si el déficit hídrico persiste, la campaña podría mostrar recortes relevantes en los volúmenes disponibles.

En un contexto marcado por la reciente concentración del negocio exportador y la creciente presión sobre la infraestructura logística, el comportamiento climático de febrero se vuelve un factor estructural. Lo que hoy ocurre en los lotes del núcleo productivo terminará definiendo, meses más tarde, el nivel de actividad en plantas, terminales y puertos del principal corredor exportador del país.

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