Transportadora de Gas del Sur avanza con su obra clave en Bahía Blanca. La firma busca que TGS exportar liquidos Vaca Muerta sea una realidad en el mediano plazo. El complejo de fraccionamiento demandará una inversión de US$ 3.000 millones. Conectará el gas no convencional neuquino con los puertos de exportación.
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El proyecto sumó un hito clave con la incorporación de YPF como proveedora de materia prima mediante un contrato de suministro a 15 años. El acuerdo que se añade a los compromisos suscritos previamente con Pluspetrol y Chevron. En conjunto, estas tres compañías garantizan el 70% de la capacidad inicial de procesamiento de la planta. Este respaldo comercial era la condición indispensable que requería TGS para ingresar la iniciativa al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Que le permite concretar el esquema de financiamiento.
Un trazado estratégico en dos tramos
El desarrollo de la obra se estructura en dos segmentos operativos:
- Tramo Neuquén: Comprende un nuevo gasoducto y la planta de separación primaria. Mediante procesos térmicos y de presión, se extraen los componentes licuables (propano, butano y gasolina natural), dejando que el metano y el etano continúen su flujo habitual por la red de gasoductos existentes.
- Tramo Poliducto y Terminal: Consiste en un ducto de 573 kilómetros que transporta los líquidos procesados hasta Bahía Blanca, donde TGS erige la infraestructura de fraccionamiento, almacenaje y exportación.
Con un plazo de ejecución de 45 meses desplegado a lo largo de Neuquén, Río Negro, La Pampa y Buenos Aires, la operadora proyecta una producción anual de 2,7 millones de toneladas de líquidos de gas natural (LGN) y una generación de divisas por exportaciones estimada entre US$ 1.200 millones y US$ 1.300 millones al año.
Presión logística sobre el nodo portuario
La llegada del complejo TGS posiciona a Bahía Blanca con un tercer frente de exportación de hidrocarburos. Esto se complementa con los envíos de crudo del proyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) en Punta Colorada. Así como con las proyecciones de gas natural licuado de Argentina LNG. No obstante, el despliegue de infraestructura y despacho directo desde tierra a buques cisterna añade exigencias operativas y de dragado sobre una plaza marítima que ya registra un alto tráfico entre terminales graneleras, de contenedores y energéticas.
El impulso a la «Quinta Ola» petroquímica
El inicio de estas obras otorga viabilidad técnica al reclamo de la Cámara de la Industria Química y Petroquímica (CIQyP). Según Jorge de Zavaleta, director ejecutivo de la entidad, el gas no convencional de Vaca Muerta duplica la concentración de líquidos frente al gas convencional, factor clave para viabilizar una «Quinta Ola» de inversiones en el sector, la más relevante desde las ampliaciones del Polo de Bahía Blanca y Profertil a fines de los noventa.
Esta nueva etapa sucede a los grandes ciclos industriales de la actividad: Campana (1950), la promoción industrial (1960), Ensenada y Bahía Blanca (1970/80) y la consolidación de polos en los noventa.
De acuerdo con datos sectoriales de la CIQyP, la industria petroquímica representa el 4,2% del PBI nacional, explica cerca del 19% de las exportaciones manufactureras y genera más de 70.000 empleos directos y 280.000 indirectos.
El horizonte de 45 meses establecido por TGS fija la cuenta regresiva para el inicio de los embarques internacionales. El debate pendiente para la cadena de valor radica en definir si la infraestructura servirá únicamente para la exportación de materias primas o si actuará como plataforma para escalar hacia productos de mayor valor agregado, como plásticos y fertilizantes.






